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Perth |
Londres-Escocia 1960-65
CAPITULO III.continuación
Continuamos viaje y nos divirtieron mucho las diversas gentes que nos encontramos haciendo autostop. Nos reímos especialmente con un soldado que iba a reunirse con su batallón en Perth donde le esperaba su compañía. Tenía el defecto de cecear y la lengua inglesa resulta cómica en esos casos porque se puede confundir el significado de las palabras. A pesar de ello era un charlatán. Nos preguntó por nuestras procedencias, nuestros trabajos, lo que pensábamos de su país. El viaje se nos hizo corto y el recibimiento que le hizo la tropa al ver que, además de él, aparecían dos chicas jóvenes, fue un griterío de silbidos y enhorabuenas.
Después de esto, otro tipo, un conquistador empedernido, nos recogió en Perth y nos dejó en Edimburgo después de invitarnos a comer en un magnífico hotel en el camino.
En Edimburgo acabó nuestro periplo, nuestra aventura compartida. Partimos de la misma estación ferroviaria aunque con distintos destinos y a distintas horas. Minutos antes de que mi tren arrancara, mi amiga se dio cuenta de que no teníamos nada para comer durante el viaje. Salió corriendo para comprarme un par de sandwiches en la cafetería del andén. Cuando, jadeante, llegó con ellos, mi tren empezó a arrancar lentamente. Yo bajé las escalerillas, sin descender del vagón, para recoger el paquete que me ofrecía. Las dos estábamos conmovidas pero lo disimulábamos con risas y bromas. Su figura se perdió en la distancia y yo volví a mi asiento.
Mientras veía deslizarse por la ventanilla los campos escoceses y las praderas inglesas tuve el presagio de que había vivido algo que nunca volvería a repetirse. Habíamos intercambiado nuestras señas pero yo tenía el presentimiento de que era un deseo baldío. Efectivamente nos escribimos durante algún tiempo pero inesperadamente un día dejé de recibir contestación a mis cartas. Y desde entonces nuestra amistad se perdió en el silencio.
Ahora ya no puedo recordar su nombre. He repasado con todo cuidado las viejas agendas recopiladas durante estos años, en las que aparecen las personas que he ido conociendo a lo largo de mi vida. Tengo la intuición de que uno de los nombres es el suyo pero no lo puedo asegurar. Ocasionalmente se me viene a la cabeza y divago sobre su posible derrotero: ¿habrá reencontrado a su familia? ¿Se habrá casado? ¿Tendrá hijos? ¿Se acordará de mí? ¿La volveré a encontrar algún día?
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Edimburgo |
Estoy intrigada Begoña, me gusta un "montón", aunque no puedo entrar mucho (estamos en verano y vienen los amigos afortunadamente) de vez en cuando como ahora un momento y leo comento y mañana seguiré mientras están en la siesta.
ResponderEliminarBesos querida amiga
Te agradezco el esfuerzo y me alegra que te guste. Tu siempre tan acogedora y rodeada de buenos amigos. Sigo tus pasos en FB y tengo que meterme más.
EliminarUn abrazo fuerte. Soy consciente de que te debo una carta.