LA RÍA DE BILBAO.ACUARELA DE PALOMA ROJAS

jueves, 22 de diciembre de 2011

UNA NAVIDAD DIFERENTE Y SIEMPRE LA MISMA




Me parece un vídeo muy simpático y nos arranca una sonrisa.



sábado, 17 de diciembre de 2011



OS DESEO A TODOS UNA MUY FELIZ NAVIDAD 2011-12, CON LOS MEJORES DESEOS PARA UN NUEVO AÑO LLENO DE PAZ DE CORAZÓN


Si alguno sois aficionados a la papiroflexia, en esta dirección encontréis  cosas que os pueden interesar.

sábado, 26 de noviembre de 2011

VARIACIONES

RETORNO



Mansión Isabelina

No sabe   que es lo que le  hizo  recordar    un  pasado ya casi olvidado. Ha transcurrido tanto tiempo que casi parece  parte de  un sueño irreal. No entiende bien porque regresa buscando los girones de  un recuerdo envuelto en la niebla fluctuante  de su memoria.
Ha vuelto a  bajar del mismo tren en la misma estación. Oscurece. Las tardes en Inglaterra son muy cortas. Un coche le recoge y silenciosamente atraviesa el pueblo. Tampoco esta vez puede  hacerse una idea precisa de cómo es. Las ventanas iluminadas   dejan ver el interior de los hogares de  chimeneas encendidas. Con prudente velocidad el  vehículo deja  el casco urbano para adentrarse en campo abierto.
Reclina   la cabeza en el asiento y se  relaja mientras cruza a través de pintorescos y pequeños  pueblos. Absorta,    contempla en la lejanía las casas de campo diseminadas en el paisaje. Verdes  praderas las rodean y  lindes  de arbustos  separan las propiedades.

La solitaria y silenciosa  carretera, que recordaba tan bien,  serpentea  bajo altísimos árboles centenarios que  unen sus ramas, a muchos metros de altura, emulando   la nave central de una iglesia gótica.

Otra vez es sorprendida por el inesperado giro a la derecha que le conduce por un estrecho camino asfaltado, que desemboca en  una explanada ovalada rodeada de rododendros. Ya ha anochecido y  la entrada principal  al Manor de planta isabelina, apenas se ve.  Varias ventanas emplomadas lanzan una débil luz sobre la explanada. A su luz mortecina puede ver el llamador  de la puerta principal: una alargada barra de hierro terminada en una circunferencia. Tira de ella con timidez  como lo hizo aquella primera vez.
Al poco tiempo la puerta le abren y  vuelve a contemplar el largo corredor empanelado al que dan acceso las puertas del salón principal -con el piano de cola situado junto a la gran ventanal que se abre  al jardín -  la biblioteca, el antecomedor que, a su  vez,  da paso al amplio comedor  de ventanas emplomadas. En  una inmensa chimenea arde un reconfortante fuego que deja entrever  entre sus llamas el escudo, forjado en hierro, de la familia.
En el extremo izquierdo    del corredor arranca  una amplia escalera con balaustrada de madera  que se bifurca  en otras dos que conducen  al primer piso. En este se encuentran las habitaciones principales, amplias y amuebladas con buen gusto.
Con sigilo abre la puerta de la habitación  tan conocida, que le trae el recuerdos del pasado. 
Abre una de las ventanas y contempla el jardín que se despliega a sus pies. A   la luz de la luna puede distinguir el parterre, lleno de plantas del tiempo. Los  árboles centenarios con sus ramas desnudas, trenzan un precioso encaje a través del cual contempla la luna llena. La verde pradera  se desliza con suavidad hasta desaparecer de la vista,  talud abajo. Al fondo, en la lejanía, brillan las pequeñas luces parpadeantes  de una aldea lejana.
El silencio se hace oír en esta soledad oscura. Un quieto  silencio lleno  de tensión, de promesas imprecisas, se apodera de la noche.
En el extremo derecho del jardín hace su aparición la figura blanca que parece  deslizarse sobre  el césped.  Sus movimientos son armoniosos y llenos de encanto. El vaporoso vestido flota a su alrededor dejando una estela de luz a su paso.   Avanza hacia la casa sin rozar el suelo.
No siente  inquietud, solo expectación. La frágil figura sigue avanzando, pasa debajo  de su ventana. Ahora puede oír el tenue sonido de la tela al rozar las florecillas ocultas en la hierba. Se  dirige hacia el extremo izquierdo de la casa. Desaparece en el recodo. 
Oye como la puerta principal se abre y  los suaves pasos se encaminan hacia el salón.
Segundos más tardes empieza el concierto. La música  invade la casa, en un estallido de armonía,  fuerza y pasión. Se mete por los resquicios del techo, trepa por las paredes,  sube hasta su habitación.
Vencida  por su amor a la música  corre  escaleras abajo. Sigilosamente gira la manilla de la puerta del salón y se desliza dentro. La etérea  interprete  se recorta contra  la blanca  luz de la luna; inmersa en un mundo de belleza, se inclina sobre el teclado olvidada de la realidad que le rodea.
No sabe cuánto tiempo ha pasado. El tiempo no existe cuando el placer y la   belleza se apoderan de nosotros. Simplemente se vive.
El silencio vuelve a oírse. No osa moverse, permanece rígida en un rincón del salón. La figura blanca se acerca a ella. Le sonríe: “Has vuelto. Estaba segura de que algún día lo harías. Mañana recomenzaremos las clases”.
Y la gran Andropova se aleja con su andar evanescente. La sonrisa aún permanece en su rostro.
Por fin  sabe por qué ha vuelto.

domingo, 6 de noviembre de 2011

ESCRIBIR A VOLEO




PESCANDO CHIPIRONES. ACUARELA DE PALOMA ROJAS


Uno de los trabajos que tuve que realizar en el curso de Escritura Creativa, ha sido el siguiente. La profesora dictaba a voleo cualquier palabra que cruzara por su mente y los alumnos teníamos que  elaborar un relato al hilo  de este dictado. 

Las palabras subrayadas son las dictadas. Las frases son mías. 

La escarola estaba sin hacer. Yo trepaba por las paredes con el enfado pero tenía que llegar a una amnistía con mi marido para no darle una patada en el tobillo. Siempre se portaba como un mamarracho de brillantes ideas pero habitante de   la estratosfera y actuaba en silencio como un murciélago. El bebé prefería los garbanzos pero él  no comprendía   que los estaba pidiendo, hasta que con un escalofrío se dio cuenta de que estaba azul  y casi ahogándose.

El ejercicio a realizar a continuación era  elaborar una historia partiendo de alguna y de todas las frases trenzadas durante el dictado. 

ESTO ES TODO LO QUE CONSEGUÍ REALIZAR.

Tienes   que desarrollar una idea basada en frases hilvanadas sin sentido. Pero     ¿cómo puedes estructurar una historia que encierre cierta consistencia  cuando el presunto guión  de la misma es absolutamente incoherente?

No es que te falten ideas pero todas son bastante desatinadas  y además unas se solapan con las otras de tal forma que la anterior queda borrada por la posterior. Lo peor es que  las posibles historias  pueden brotar  con la misma velocidad  como la conversación de la vieja amiga de tu madre que habla sin puntos ni comas,  para luego caer en el más absoluto olvido  de lo que ha dicho, y rebatir con gran convicción que ella no ha podido decir esas cosas, cuando nunca las ha pensado. 

Añade  a esto  un temperamento secundario que requiere tiempo para reaccionar  y poner en pie una escrito que contenga cierta entidad y  sentido.  Y si sumas a lo anterior  que  por falta de entrenamiento y preparación, la elaboración de cualquier relato te lleva muchas horas,  el resultado es absolutamente desolador.

Porque, vamos a ver, analizando cada una de las frases escritas,  la escarola no se hace, sino que se prepara o se aliña pero no se cuece.
     
Parece ser que trepaba por la pared porque  el  marido era culpable del desaguisado  y a la mujer  le  hacia falta recobrar la paz para no hacérselo notar de una manera violenta. 

La idea más interesante, es la frase  es la que define al hombre: un ser hueco, un soñador inútil, que no pisa la tierra, que te la juega sin que sepas por donde va a venir el siguiente golpe o sorpresa. Incapaz de darse cuenta de lo que ocurre alrededor y de saber que su hijo prefiere  los garbanzos a la escarola. La  rabieta del niño  le pasaba desapercibida y si no llega a ser porque acaba por darse cuenta de que   está a punto de axfisiarse, le hubiera dejado morir sin advertir  de que lo estaba haciendo.

Y lo peor de todo es que  cuando los asistentes a la clase comiencen a leer sus escritos, todos tendrán unas historias bien trazada, enfocadas de mil formas distintas y con finales originales e inesperados que te dejan   ponderando  como  demonios las han podido crear.


miércoles, 12 de octubre de 2011

HE VUELTO.... AUNQUE CON MUCHO RETRASO

Este año he tenido la suerte de poder entrar en las clases de ESCRITURA CREATIVA que se imparten en la Biblioteca Municipal de Villamonte.
Uno de los trabajos que tuvimos que hacer (voluntariamente, nada es obligatorio) fue el desarrollo del siguiente tema que nos fue entregado como sugerencia de una historia.
Me sorprendió poderosamente la cantidad de versiones distintas que se pueden hacer sobre una misma cuestión . Y me he quedado maravillada de creatividad de mis compañer@s de clase.
He decidido subir mi versión, después de introducir algunos cambios que me fueron sugeridos. Tengo que decir que no he quedado nada satisfecha del resultado, pero tengo en mi defensa que acabo de empezar las clases. Y también tengo que declarar que me pareció una situación difícil y algo escabrosa la que se nos proponía.
Este era el guión introductorio:
"Un hombre se traslada a vivir a una casa que está al lado de la casa de su hija una jovencita que no sabe que su nuevo vecino es su padre. El hombre, llamémosle Frank - no le dice a la muchacha, que podría llamarse Wanda - que es hija suya. Se hacen amigos y, a pesar de la diferencia de edad, ella comienza a sentirse atraída sexualmente or él."


ACUARELA DE PALOMA ROJAS
Gorliz-Altamira
ORIGEN DESCONOCIDO

Le agradaba que el cottage lindando con el suyo se hubiera alquilado por fin. Y sobretodo le gustaba el nuevo inquilino: un hombre atractivo sin ser guapo, en sus mediados cuarenta llenos de fuerza y virilidad. Una posibilidad para que la vida rutinaria y aburrida de Wanda Werner y su trabajo de ayudante en la Biblioteca Municipal del pueblo tuviera la oportunidad de ser menos monótona. Recientemente se había trasladado a Inglaterra, tierra de origen de su padre, ya que ofrecía mejores oportunidades profesionales.

Siempre le habían gustado los hombres maduros, desde que su madre le explicó cuando pudo entenderlo, quién había sido su padre: un compañero de curso, un irresponsable de 18 años que nunca se hizo cargo de ella, sino que la rechazó desde el primer momento del embarazo y acabó abandonando a la madre y a la hija a su propia suerte. Incluso había llegado a maltratarla y amenazarla con arrebatarle la criatura. Habían sobrevivido gracias a que en su tierra de origen las madres solteras tenían toda suerte de ayudas y respaldos para estas circunstancias. Desaparecieron sin dejar rastro y nunca volvió a saber nada de él.

Wanda creció con un rechazo visceral hacía quien le había engendrado Nunca en su vida, y ya tenía 25 años, había considerado la posibilidad de averiguar quién pudiera ser su padre biológico. Y cuando su madre murió llevándose el secreto, ella se alegró de no saberlo. Desde lo más profundo de sí misma despreciaba a aquel ser que había hecho sufrir a su madre y no había querido conocerla a ella.
Wanda no perdió tiempo en encontrar razones plausibles para visitar al vecino, darle la bienvenida y ofrecerse para todo aquello que pudiera necesitar, ya que el centro comercial de Upton on Hill estaba situado a cierta distancia de su vivienda.

Cada mañana él recorría en coche la distancia de su casa a la estación de ferrocarril para coger el tren de las 8.30 de la mañana a Londres. Acercarla a la Biblioteca Municipal se convirtió en una rutina establecida.

Además de esto, Frank Huntington, así se llamaba el vecino, requería con cierta frecuencia orientación sobre las flores a plantar en el jardín de la parte de atrás, y buscaba consejo sobre como decorar la casa, qué productos de alimentación eran los más ventajosos, en cual de las carnicerías del pueblo adquirir la carne, y miles de pequeños detalles de organización doméstica

Wanda, vivaracha e imaginativa, descubría motivos para visitar a su vecino con cierta frecuencia, invitarle a cenar en su propia casa, u ofrecerse a cocinar la cena en casa de Frank ya que él era poco ducho en esto.

Él parecía disfrutar con estos encuentros y gradualmente se fue creando un ambiente en el que la amistad se consolidaba y la conversación fluía con espontaneidad. Compartían muchos intereses comunes y sus puntos de vista sobre aspectos, valores y prioridades en la vida parecían confluir. Esta concordancia en su visión de la existencia en general hizo que Wanda se sintiera impelida a contarle su vida que él escuchó con profundo interés, respeto y delicadeza. Sus ojos brillaron con una luz especial y ella creyó percibir que desde ese momento el trato de él hacia ella había adquirido un cierto tono sutil que no podía descifrar pero que se le antojó ver reflejado en una mayor cercanía y cariño en el trato.

Según iban transcurriendo los meses, los encuentros fueron cada vez más frecuentes y las conversaciones se alargaban durante horas. Wanda se sentía cada vez más atraída por este hombre serio, considerado y delicado. Sin embargo observaba en él una casi imperceptible reticencia a reflejar ningún sentimiento afectivo personal y una indescriptible disposición de reserva.

Pero llegó un día en el que Wanda despertó a la realidad de que Frank no solo era un buen amigo, sino que había provocado en ella la necesidad de depositar su cariño y su amor en quien le ofrecía todo el atractivo físico y humano de un hombre maduro. Era la personificación de lo que había sido su concepto de un hombre integro que merecía ser amado sin reservas. Le desconcertaba, sin embargo, que Frank nunca diera signos de tener ningún interés especial por ella como mujer, aunque era evidente que disfrutaba mucho en su compañía.

Decidió tomar la iniciativa y aclarar aquella relación que le estaba resultando tan desasosegante. Ya habían pasado varios meses desde que se conocieron; le pareció que la situación estaba estancada y que había que romper la situación con una declaración abierta y clara de sus sentimientos. Esa noche habían proyectado ir a cenar a un restaurante pequeño y recoleto en el corazón de Soho y decidió que esa sería la ocasión perfecta para hablar con franqueza. Se disponía a abordar el tema, cuando inesperadamente él asió sus manos con fuerza mirándola a los ojos con una expresión indescifrable. Se armó de valor y titubeante pero decidida comenzó a expresar sus sentimientos, de manera clara y directa. Descubrió con dolor que Frank retiraba sus manos con un movimiento brusco y reaccionaba de manera insospechada, como quien ha recibido un golpe inesperado. Sus palabras fueron desconcertantes, le pidió perdón por la impresión equivoca que podía haber proyectado. Lamentaba mucho que su comportamiento le hubiera llevado a la conclusión errónea de que él sentía algo similar por ella. Terminó la cena de modo precipitado y se despidieron de forma incómoda y embarazosa.

Al día siguiente Wanda descubrió que la casa estaba cerrada y que Frank no había pasado a buscarla para ir al l trabajo.

Dos días más tarde recibió una carta. Reconoció la letra de Frank.

Querida hija:
Yo soy el padre que tu odias, el que crees que te abandonó y vejó a tu madre. Pero creo que tienes derecho a escuchar mi versión de los hechos. Tu madre y yo éramos unos irreflexivos jóvenes, que cifrábamos el amor en el sexo. Cuando tú llegaste, yo quise responsabilizarme de ti, pero a tu madre no le interesaba, De hecho tengo la sospecha, por su comportamiento posterior, que quiso tenerte para asegurarse todas las ventajas que su país de origen ofrecen a las madres solteras, como un seguro de vida. Yo te busqué y puse todos los medios para poder verte con regularidad, compartir con tu madre las responsabilidades respecto a ti, pero no me dejó. Puso todas las dificultades que burocráticamente encontró para dificultarlo.
Al cabo de unos años, me casé con una mujer adorable. Tuvimos cuatro hijos, dos chicos y dos niñas, pero toda la felicidad que rodeaba mi vida desapareció el día en que la furgoneta con los cinco chocó frontalmente contra un camión que venía en la dirección contraria. Murieron instantáneamente.
Mi vida quedó truncada. Al principio estaba tan anonadado que parecía no sentir nada, la vida perdió su sentido, me refugié en el trabajo hasta la extenuación, viajé, visité a mi familia en Escocia, realicé largos viajes de trabajo. Acabé decidiendo que debía cambiar de casa, de ambiente, de ciudad, buscar la tranquilidad de un pueblo.
Evelyn, mi mujer, supo de tu existencia desde el principio de nuestra relación. Juntos realizamos una profunda investigación sobre tu paradero. Fue después de que toda mi familia desapareció cuando me llegaron noticias fidedignas sobre ti. De hecho, fui a vivir a Upton on Hill porque había averiguado donde vivías. Pude alquilar la casa adyacente a la tuya.
Quería acercarme a ti para ver el mejor modo de abordarte y abordar el tema de mi paternidad, porque sospechaba lo que pensabas de mí.
Nunca cruzó por mi mente que pudieras ver en mi un hombre del que pudieras enamorarte. Pero algo debí de hacer mal. A mí me guiaba el amor paternal y no llegué a captar que el tuyo no era un amor filial, sino el afecto de una chiquilla espontánea y necesitada de amor.
En nuestra última cena juntos, estaba a punto de afrontar el tema de tu origen y nacimiento, cuando me sobrecogiste con tus palabras. Solté tus manos inmediatamente y no supe como actuar. De ahí mi reacción tajante y brusca. No encontraba palabras para aclararte la verdadera situación.
Para mi tu serás siempre la hija que perdí y que quería recuperar. Espero que ahora que conoces la realidad, puedas ver en mi a tu padre, que te ha querido siempre, aún sin conocerte. Y te quiere aún más desde que te ha conocido y ha visto la maravillosa criatura en que te has convertido.
Dejo en tus manos cuando volver a vernos. Comprendo que la situación puede ser difícil para ti. Tu puedes contar con todo mi cariño de padre
John Hutton
Ese es tu verdadero apellido. Frank Huntington nunca existió.

sábado, 13 de agosto de 2011

CONTINÚO CON LOS RE-.ESTRENOS

Por causas diversas sigo sin tiempo para escribir una nueva entrada. Pensé en un principio que este verano iba a ser más tranquilo, pero siempre ocurre lo inesperado: desde el ordenador que parece ha perdido el juicio, hasta sucesos inesperados que me impiden tener la suficiente serenidad para centrarme en lo que quiero narrar.

Estando las cosas así, vuelvo a subir una entrada de hace algún tiempo. Disfruté escribiéndola porque durante años había sido una idea me parecía el colmo de lo inquietante. A ver que os parece a vosotros. Aquí va.

viernes, 5 de agosto de 2011

PRESENTANDO A PALOMA ROJAS

Todavía no estoy de vuelta, pero he recibido la grata sorpresa de conocer el nuevo blog de PALOMA ROJAS, cuyos trabajos suelen embellecer mis entradas. No he podido resistir la tentación de incluir su dirección para que podáis ver las obras tan estupendas que realiza.
Estoy segura de que os van a gustar tanto como a mi.
http://acuarelaspalomarojas.blogspot.com/

sábado, 9 de julio de 2011

RE-ESTRENOS

No tengo tiempo, de momento, para pararme a reflexionar y escribir algo nuevo. Se me ha ocurrido inaugurar un nuevo apartado de Re-estrenos, como se hacía antiguamente con las películas. Voy a subir algunas entradas que a mi me resultaron especialmente entrañables cuando las escribí. Muchos no las conocereís,porque habeís llegado a mi blog más tarde. Espero que os guste.

Aquí está la primera.

sábado, 2 de julio de 2011

NO ES ADIOS, SINO HASTA LUEGO

OLABEAGA, BILBAO. ACUARELA DE PALOMA ROJAS



Voy a pasar unos cuantos días fuera. Voy a descansar y pararme para poder pensar, aprender y reponer fuerzas

Voy a visitar Aragón, donde están parte de mis raíces No creo que tenga mucho tiempo para hacer ninguna entrada durante este próximo mes.

Pero tened por seguro que pasaré por vuestros blogs, para haceros una corta visita y ver como os va.

Hasta muy pronto

lunes, 20 de junio de 2011

CONFERENCIA EN LA BIBLIOTECA DE BIDEBARRIETA DE BILBAO


Esta vez cambio de tercio. No va a ser ningún relato corto, sino una consideración sobre mis INTENTOS DE ESCRITORA.

La Biblioteca de Bidebarrieta de Bilbao ha organizado un ciclo sobre "Diálogos con la Literatura" durante el curso 2010-2011. Una amiga mía me mandó un mensaje sobre la que iba a tener lugar el martes 14 de junio sobre el tema de "La construcción de los personajes literarios". Tomaban parte María Dueñas, autora de "El tiempo entre costuras", el gran existo de este año con cuatro millones de ejemplares vendidos y Lorenzo Silva, precursor de la novela negra española y prolífico autor de muchos otros libros de temáticas distintas, incluida la poesía.



Sociedad "El Sitio" en la calle Bidebarrieta



Esta Biblioteca está ubicada en un edificio emblemático de la Historia de Bilbao. En su origen fue la Sociedad Sitio, en conmemoración al Sitio de Bilbao por parte del ejército carlista, en el que mis dos abuelos tomaron parte activa como defensores de la Villa.

Tenía mucho interés en asistir, así que tres de las contertulias de las TERTULIAS LITERARIAS, cogimos el metro, después de la CLASE DE HISTORIA habitual y nos desplazamos a Bilbao. Llegamos con tanta antelación que tuvimos que esperar un buen rato, pero luego nos compensó pues pudimos sentarnos en las primeras filas y disfrutar de unas exposiciones muy ricas, amenas e ilustrativas.





Foto tomada mientras esperábamos que abrieran el salón de conferencias



Hay algunas amigas y algunos parientes que me animan a que escriba una novela, me invitan a que me lance a la aventura literaria. A mi me encantaría hacerlo, pero siempre me retrae lo que yo considero una dificultad: primero, el diseño de la historia: como crear un tema que tenga contenido; segundo, como desarrollarlo de manera que los personajes y la historia sean creíbles, y los primeros no sean marionetas de su creador, sino criaturas con entidad propia, que obedecen a impulsos, reacciones , pasiones, intereses, defectos y virtudes , coherentes con la idiosincrasia del personaje que se ha creado: seres humanos sólidamente forjados y psicológicamente reales.

Ambos escritores expusieron sus puntos de vista de manera muy clara y asequible, con una sencillez y ausencia de pedantería digna de encomio. Me gustó y me aclaró las ideas la exposición que cada uno hizo sobre la creación de sus personajes.

Me resulta difícil hacer una síntesis de lo que se comentó durante la hora larga que duró la conferencia entre exposición y preguntas, así que me voy a limitar a reflejar algunas de las conclusiones que extraje de todo lo que allá se dijo.


Hay muchas formas de construir una novela. En el caso de María Dueñas, según le creí entender, lo primero fue la historia que quería contar, en la que intervienen personajes reales con sus nombres y apellidos. Para este fin, se hizo con pruebas fehacientes de los hechos históricos que quería narrar y después creó el personaje que hiciera de hilo conductor de esos hechos y que pudiera encajar en aquella época y circunstancias. Sin embargo su descripción de Tetuan me parecía realista y colorista. Aclaró que su madre había nacido en Tetuan y ella conocía bien el ambiente de la ciudad. . Esto me ayudó a entender por qué, en mi caso, había encontrado a la protagonista y su trayectoria poco verosímil.





También Lorenzo Silva expuso como en casos de hechos reales, se documenta de forma similar para tener constancia de que no está inventándose nada que no sea verídico.




Lo que voy a decir a continuación no es un testimonio exacto de las palabras de los ponentes, sino conclusiones subjetivas a las que llegué y que pueden ser erróneas en sí mismas o interpretaciones erróneas de lo que allá se dijo.
El moderador trajo a colación el tópico tan conocido sobre cómo algunos personajes se imponen al autor y parece que tienen existencia autónoma. Saqué la conclusión de que esa afirmación no era exactamente cierta aunque sin embargo ocurría en ocasiones que al ir desarrollando la historia, se podían encontrar con la necesidad de dar más cuerpo a un personaje determinado, hecho que contribuye a que vaya cobrando más fuerza y relieve dentro de la historia.
En otras ocasiones se ve la necesidad de crear un nuevo personaje porque la acción o la historia lo requieren para que sirva de enlace o dé verosimilitud y pie a algún otro episodio del desarrollo de la acción.
Los personajes pueden ser creados por la imaginación del autor o pueden ser tomados de la realidad, en cuanto a la idiosincrasia y personalidad, aunque la trayectoria del personaje real que ha servido de inspiración no se corresponda con la acción narrada. La descripción de un personaje real puede contribuir a vertebrar y estructurar mejor al personaje ficticio.
Se dan también otras circunstancias en que personajes que en principio eran secundarios adquieren una dimensión que los destaca del resto y se pueden convertir en piezas fundamentales de la historia, con fuerza propia.



Después de escuchar todo lo que escuché, me pregunto si no es estrá más de acuerdo con la realidad, el conformarme con INTENTAR SER ESCRITORA, que aspirar a serlo.

lunes, 6 de junio de 2011

TERCERA GENERACIÓN

ACUARELA DE PALOMA ROJAS


Era la víspera del día de Reyes. Los pequeños de la familia, se asomaban al balcón, para ver pasar la Cabalgata. Su hija pequeña, apenas podía alzar los ojos por encima de la barandilla e intentaba meter la cabeza entre los barrotes para poder ver algo. Su madre la cogió en sus brazos de forma que pudiera dominar todo el cortejo que desfilaba debajo de su casa. Sintió con sorpresa y ternura que el cuerpo de su pequeña temblaba convulsivamente, como quien tirita. Era como un pajarito acurrucado entre sus brazos. No podía ser que sintiera frío porque estaba bien pertrechada para la fría noche.
Sentía los latinos acelerados de su pequeño corazón y la emoción incontenida, mezcla de alegría y de cierto respetuoso temor; pura emoción y expectación ante el espectáculo - a sus ojos inocentes llenos de riqueza y atractivo - de los muchos pajes, de la majestuosidad de los Reyes Magos, de la bondad que desprendían sus barbas blancas, de sus caras sonrientes, los turbantes y coronas enriquecidos con piedras y el resplandecer de los relucientes dorados y luces que les acompañaban.
La apretó fuerte contra su corazón, y le fue hablando con voz suave y dulce. La pequeña se fue tranquilizando y empezó a disfrutar de la noche mágica. De vez en cuando volvía la cara hacia su madre y sonreía llena de gozo y maravillada. Inmediatamente fijaba su mirada en la cabalgata y sus ojos se llenaban de asombro y contento.
Treinta años más tarde, los acontecimientos le trajeron a la memoria este suceso. Ahora, ya abuela, estaba ocupándose de su pequeño nieto, hijo de su sensible y emotiva hija, que por razones profesionales de su marido, pasaba unos días fuera del hogar.
Lo contemplaba llena de asombro. Ni rastro de la delicada sensibilidad de su madre. Su mirada era directa e interrogadora. Bien proporcionado, fuerte, sólido.
Le maravillaba su flexibilidad: las piernas fuertes y ágiles se movían en todas direcciones: las puntas de los pies alcanzaban la altura de su cabeza o se disparaban imprevisiblemente hacía derecha e izquierda hasta alcanzar los costados de su cuna. Todas esas sacudidas hacían que sus calcetines salieran disparados, por encima de los barrotes de la cuna. Y una vez librado de ellos, alzaba los pies en el aire, hasta que se encontraban frente a frente y los dedos se entrelazaban entre sí, como si estuvieran en adoración o fuera un viejo barrigudo con sus manos cruzadas delante de su obesa panza. Todo transcurría en pocos segundos.
Imprevisiblemente, comenzaba a improvisar cambiantes expresiones faciales que pasaban de la curiosidad expectante ante sus propias manos, llenas de hoyuelos, a la sonrisa abierta y desdentada, con un intervalo de vacilantes intentos de lloro que se resolvían en el asombroso descubrimiento de que sus rechonchas piernecitas podían estirarse hacia delante y alcanzar el borde de la cuna. Ante este nuevo alterntiva pegaba insistentes golpes contra ella, como quien quiere conseguir alargarla o intenta crecer anticipadamente.
Una vez agotados todos los entretenimientos de propia creación, recurría a su abuela, con una sonrisa engañadora y conquistadora que derretía el corazón. Agitaba los bracitos sin ritmo pero con insistencia para pasar a la fase de los pucheros y desembocar en la culminación del llanto desconsolado de quien no puede alcanzar su objetivo.
La abuela, había declarado de antemano que su papel no era educar, así que le cogía en brazos y jugaba con él, manteniendo un continuo monólogo, que hubiera querido fuera dialogo. La cabeza del chiquitín se mantenía firme y tiesa; contemplaba el mundo por encima del hombro de su abuela, o bruscamente se giraba para investigar que estaba pasando en proa. En otro movimiento rápido miraba de frente inquisitivamente. Entonces se tropezaba con la voz cálida y bien modulada, que le hechizaba durante cortos segundos, en los que giraba la cabeza a derecha e izquierda como quien busca algo que no encuentra, hasta volver a fijarse en la sonrisa conocida de su abuela.
En un arrebato de cariño esta le envolvía en un abrazo suave y pequeño mientras le hablaba al oído y le llamaba chiquitín, gordito, mi sol. Sentía su pequeño y ágil cuerpo, revolverse entre sus brazos, y buscar la libertad. Su corazón no latía como el de su madre, ni temblaba de emoción. Este era un pajarillo que anhelaba su libertad e independencia. Quería descubrir el mundo por sí mismo.

domingo, 22 de mayo de 2011

AMIGA PERDIDA PERO NO OLVIDADA



AMAPOLAS. ACUARELA DE PALOMA ROJAS




No puedo recordar su nombre. He repasado cuidadosamente las viejas agendas recopiladas durante muchos años, en las que aparecen las personas que he ido conociendo a lo largo de mi vida. Tengo una muy leve intuición de que uno de esos nombres es el suyo pero tan solo aparecen sus señas en Inglaterra. Vagamente recuerdo a una chica alta, morena, con ojos claros y mirada sonriente, que sabia encarar la vida de frente.
Ocasionalmente la recuerdo y divago sobre su posible derrotero: ¿habrá reencontrado a su familia?,¿ Se habrá casado?, ¿Tendrá hijos?,
¿Se acordará de mí, de nuestra pequeña aventura de juventud?.
¿La volveré a encontrar algún día?

Nos conocimos por casualidad. Era el año 1960
En las vacaciones de semana Santa, yo había quedado con una amiga mía en recorrer Escocia, utilizando la línea de autobuses "Green Line". Un par de días antes de la partida, me encontré sola para realizar este viaje; a mi compañera de viaje le surgió algún impedimento insuperable. Dudé qué hacer pero en un arranque de espíritu pionero, decidí aventurarme en solitario. Dejé Londres a primera hora de la mañana. Al cabo de varias horas aparecí en Gasglow, y me dirigí a un Youth Hostal.
Pasé al comedor y me senté en una mesa frente a una chica que también se encontraba sola. Establecimos un diálogo y descubrimos que ambas nos encontrábamos en circunstancias similares. Acordamos seguir la aventura juntas. Trazamos un plan para el día siguiente; recorrimos la ciudad de cabo a rabo, admiramos el Cristo de Dalí y disfrutamos con la vista de jardines floridos y alegres.


De común acuerdo decidimos hacer autostop y tuvimos éxito: un camión que transportaba clavos nos recogió y nos montamos en la parte de atrás junto a la carga, que dejó su recuerdo en nuestros cuerpos molidos pero no en nuestro espíritu lleno de juventud. Todo nos hacia reír y nuestra risa era contagiosa. Acabamos sentadas en la cabina del camión, compartiendo carcajadas con los tres empleados de la compañía, sorprendidos de nuestra alegría de vivir.


Oban es un rincón maravilloso, del que recuerdo su puesta de sol en el atardecer y la conversación monótona y aburrida de un alemán sorprendentemente moreno, del que era imposible deshacerse.
Subrepticiamente, al siguiente día cogimos otro autobús que, atravesando paisajes maravillosos, pequeños pueblos encantadores y orillando un Loch Ness calmo y nada amenazador, nos llevó a Aberdeen.


Poco a poco las dos fuimos conociendo nuestras mutuas circunstancias y nuestros afanes. Mi vida no tenía nada de extraordinaria pero la vida de mi compañera de viaje, me causó una impresión imperecedera.
Utilizando el metro como camino más seguro de huida y con solamente lo puesto, para no levantar sospechas, había escapado de Alemania Oriental. La familia sabia de sus planes y consciente del riesgo a lo que se podían exponer tanto ella como el resto de ellos, le alentó a que lo hiciera.
La escapada se había coronado con éxito y ahora estaba en Inglaterra, trabajando para una familia. Le pregunté si sus padres y hermanos habían sufrido alguna represalia por parte del Gobierno de la República Democrática. "Nada vital" me respondió pero su hermano no había podido encontrar trabajo.


Era una mujer alegre y divertida, llena de vitalidad y de esperanza. No hicimos muy amigas, disfrutamos mucho con las diversas aventuras que emprendimos juntas y con los diversos tipos que nos encontramos en nuestros periodos de autostop: el soldado zipizape, - la lengua inglesa resulta cómica cuando es utilizada por alguien con este defecto- que al volante de su mini se dirigía a unirse a su batallón en un punto determinado de nuestro recorrido. Nuestra llegada a la estación de tren donde se encontraba estacionada su compañía, fue acogida con hurras y silbidos de admiración; el hombre de negocios lleno de sí mismo y con aspecto de conquistador que quiso deslumbrarnos invitándonos a comer a un buen hotel en nuestra ruta hacia Edimburgo.


Visitamos la ciudad maravilladas ante sus colores y su aspecto de cuento de hadas; Princess Street abarrotada de flores, el castillo de cuento colgado de la colina que se eleva frente al monumento levantado a Walter Scott, El Castillo de Holyrood, en un extremo de la ciudad, el buen tiempo que nos acompañaba. Y la sencillez de los habitantes, lejos de la seriedad, formalismos y sofisticación del muy educado sur de Inglaterra.

Aquí terminaba nuestra empresa compartida; partíamos de la misma estación ferroviaria aunque a diferentes horas. Nuestros destinos también eran distintos. Mi tren para Londres era el primero en tomar la salida. De repente recordé que no había comprado nada para comer durante el viaje y mi amiga salió disparada en busca de unos sandwiches. Volvió justo cuando el tren estaba iniciando lentamente su salida. Bajé hasta el último escalón para recoger el paquete de comida sin poder despedirme ni darle un abrazo. Al subir precipitadamente los dos escalones que me dejaban en la plataforma del tren, me di un tremendo y doloroso golpe contra uno de los escalones. Me quedé paralizada de dolor. Creí que me había roto la pierna, el dolor era tan fuerte. Todavía se puede palpar en mi pierna izquierda una hendiura recuerdo de aquel golpe y de aquel viaje.


Mientras veía deslizarse por la ventanilla los campos Escoceses y las praderas Inglesas tuve la intuición de que había vivido algo, que nunca volvería a repetirse.
Habíamos intercambiado nuestras señas tanto en Inglaterra como en nuestros países de origen pero yo tenía el presentimiento de era algo baldío. Nos escribimos durante algún tiempo, pero poco a poco y gradualmente los acontecimientos nos fue llevando por derroteros que hicieron que nuestras vidas fueran divergiendo, hasta perderse en la distancia.

Las cosas no ocurren por casualidad, sino que tienen algún fin o intención en nuestra vida. Aún me sigo preguntando que repercusión tendrá o habrá tenido este encuentro casual con la trayectoria de mi propia vida.

lunes, 16 de mayo de 2011

EL VÉRTIGO DE LA NADA

SAN JUAN DE GAZTELUGACHE. ACUARELA DE PALOMA ROJAS




Le sobrevenía de vez en cuando y sin previo aviso. Había ocurrido desde temprana edad, cuando apenas tenía uso de razón.
Un precipicio se abría a sus pies; se perdían los puntos de referencia que daban sentido a la vida y hacían la existencia lógica, segura y comprensible. Era como estar colgada sobre el abismo, pendiente de un hilo sujeto por dedos invisibles.
Se asemejaba al vértigo que se siente en las alturas. Pero esta vez la atracción del abismo, de la nada se hacia presente; una sensación de angustia instantánea, que sacudía con energía, recurriendo a la esperanza.
Era un fugaz chispazo de vacío que llenaba su alma y se adueñaba de ella: el significado de la existencia. Un relámpago que cruzaba su alma y su cerebro. El ansía de algo más, de algo impreciso que hacía sentir la necesidad de lo infinito.
Cuando pasaba, y era un segundo, todo recobraba su razón de ser y auténtico valor y la vida seguía pareciendo brillante y prometedora, llena de aventuras inexploradas, de objetivos que llevar a cabo, de metas que alcanzar, de trabajos que realizar.

No sabía discernir si era un segundo de lucidez o un momento de locura.
Pero no alteró su modo de pensar, ni sus valores, ni la dirección de su existencia.

domingo, 24 de abril de 2011

FELICES PASCUAS




CON MIS MEJORES DESEOS PARA UNA MUY FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN.

lunes, 18 de abril de 2011

APRENDER A AMAR


Butrón en otoño. Acuarela de Paloma Rojas


Le conoció de niña y creció con la idea de que acabarían casándose. Sin embargo la perspectiva no le tentaba. Quiso libertad y descubrir mundo, experimentar cosas distintas, conocer otras personas, gentes, países. Atarse a él suponía abandonar sus propios planes, comprometerse a algo que, aunque no le repugnaba, porque le quería, le resultaba costoso, esforzado, dejar de ser independiente.

Llegó un momento en el que tuvo que tomar una decisión definitiva. La propuesta de él era nítida y clara. No forzaba nada. Proponía. Pero la invitación era tan amable, generosa y noble que puso en evidencia lo que ella barruntaba desde mucho tiempo atrás: sólo iba a ser feliz si se casaba con él. Y era lo suficientemente perspicaz como para darse cuenta de que fuera de este matrimonio no lo iba a ser : nada ni nadie había llenado en todos aquellos años sus expectativas.

Decidió dar el paso adelante; suponía sacrificar muchas otras posibilidades y perspectivas , negarse otros caminos que le entusiasmaban pero adivinaba que su auténtica felicidad se encontraba junto a él.

Se casaron. Nunca lo lamentó. Aun más: si en el horizonte aparecía alguna dificultad o tentación de añoranza por una decisión diversa, recurría a su sentido de la lealtad y ante ella se erigía clara y firme la certeza de que nunca hubiera sido feliz con otro hombre. De hecho no concebía la vida sin él: hubiera carecido de sentido. Buscaba hacerle feliz, se sacrificaba para que lo fuera. Habían tenido varios hijos y eso les había unido más aún de una manera firme y clara.

El día que de forma inesperada, suave pero claramente, él le reprochó que no sabia querer, se quedó sin palabras, Muda. En silencio protestó en su corazón: tantas cosas sacrificadas por él: carrera, profesión, país, abandono de sus propios gustos y adaptación sin protesta a los gustos y demandas de él, a un sistema de vida tan distintivo de lo soñado. Se rebeló contra su afirmación y se indignó; enumeró sus sacrificios ocultos, proyectos abandonados por él, comodidades dejadas a un lado, carencias llevadas con alegría y sin reproches, sueños olvidados.

Con claridad meridiana él expuso que no quería sus sacrificios, ni el cumplimiento a rajatabla del deber ni sus autonegaciones estériles, sino su amor. Necesitaba ser querido por sí mismo, no por ser garantía de segura felicidad. Simplemente, quería su corazón, su vida, su auténtico ser, ella misma. Quería ser amado no solo con la cabeza sino con el corazón.


La indignación que ella sintiera al principio, dio paso al desconcierto y a este siguió el lento descubrimiento de su equivocado enfoque sobre el amor: descubría algo de sí misma que siempre había considerado como positivo, y ahora resultaba que era mezquino calculo, medida asumida para no quedarse indefensa. Y no sabía como remediarlo.


En un arranque de sinceridad, comprendió que no le hubiera gustado ser querida en la misma forma en que ella había querido.


Buscó en su interior un modelo, una norma a seguir, algo en que apoyarse.


Y descubrió con asombro que tan solo tenía que fijarse en como amaba su marido para caer en la cuenta de lo que era querer de verdad: saber amar sin condiciones.


Seguir amando aunque se supiera amado como un medio para asegurar la propia felicidad y no considerado en su verdadero valor.

jueves, 31 de marzo de 2011

UNA VIDA TRUNCADA


Carraspio. Lekeitio. Vizcaya. Acuarela de Paloma Rojas


Nada, no quedaba nada. Muebles, alfombras, cortinas, cortinajes, lamparas, adornos, libros, vajillas, mantelerías, sabanas, cubertería; todo había desaparecido El pasado no existía, estaba borrado. Cincuenta años de vida habían perdido su identidad. Era difícil de imaginar que hubieran existido. Miró a su alrededor; un silencio denso, expectante le rodeaba. Tan solo una pluma de almohada flotaba en el espacio, llevada de aquí para allá, mecida por la brisa que entraba por las ventanas entreabiertas.

Se deslizó por el pasillo hacia la habitación del fondo. La caja fuerte incrustada en la pared era lo último que quedaba por vaciar. Lo había dejado para el último instante deliberadamente.

Se arrodillo ante ella y comenzó a revisarla. Las únicas evocaciones tangibles que quedaban de los que se habían ido: las cartas de amor de sus padres, los diarios del abuelo, los árboles genealógicos de ambas ramas familiares, viejos testamentos de los antepasados. La historia de la familia, fragmentada a través de los diversos recuerdos. Los pequeños tesoros inocentes guardados con ternura por sus padres: los cromos, regalo de su hermana mayor a su padre, muerta en su niñez, conservados en una vieja y usada cartera, el primer diente de su hermano.

Con mano insegura asió la colección de cartas de sus padres. Comenzó a leer: sabía que se habían querido mucho pero no había imaginado que su amor hubiera sido tan apasionado y profundo. No osó seguir leyendo; estaba profanando algo sagrado que creía no tener derecho a descubrir. Abrió el diario del abuelo y conoció algo de su alma sensible, de su profunda tristeza ante la muerte de su mujer y varios hijos pequeños.

Le desconcertó un sobre con la letra de su madre, dirigido al director de su antiguo trabajo en una empresa suiza. Contenía el borrador de una carta. Leyó con extrañeza y creciente asombro: " ..... grave estado salud de mi marido..... requiere presencia indefinida de mi hija aquí...... no debe saber mi súplica porque no la aceptaría.......Ruego traslado de mi hija a España...." No pudo seguir leyendo. El cambio impuesto por su empresa había causado una fractura irreparable en su existencia. El descubrimiento del motivo le provocó un dolor demasiado agudo, que le impedía llorar.

Lo recogió todo precipitadamente en una gran bolsa. Recorrió las habitaciones bajando las persianas y cerró las ventanas. Todo quedó sumido en la oscuridad. Cerró la puerta con un golpe suave. Llamó al ascensor y entregó las llaves al portero.

Abrió la puerta del coche, tiró la bolsa en el asiento de atrás y puso el motor en marcha. Enfiló el coche hacia el caserío familiar, al borde del acantilado: necesitaba palpar la tierra, sus raíces. Y rompió a llorar amargamente su vida truncada, vacía, la perdida de su único amor que quedó en Suiza con la promesa de regresar en cuanto pudiera solucionar el retorno. Pero él no esperó y a ella ya no le importó quedarse junto a sus ancianos padres, cuidándolos. No había razón para volver.

Recordaba aquella única, cautelosa, e inquieta pregunta de su madre: "Preferías Suiza, aquí no eres feliz ¿verdad?" Y su propia ambigua contestación impersonal: "¿Por qué piensas esos?".

Ahora ya lo sabía. Pero ya era inútil.

martes, 29 de marzo de 2011

UNA VISIÓN PERSONAL DE "ENCONTRARÁS DRAGONES"




Me parece que es un film intenso, con un ritmo que no decae ni se pierde en meandros, sino que se ciñe a los elementos constitutivos de la trama. No hay escenas gratuitas: cada una de ellas tiene un significado y un sentido dentro del total de la historia, que pivota sobre tres personajes centrales; Oriol, el revolucionario convencido, generoso y auténtico; Manolo Torres, mezquino, envidioso y vengativo, que se mete en una espiral de odio y venganza; paralela a estos discurre la vida de Escrivá, fundador del Opus Dei, y único personaje real, de quien se describe el ambiente familiar y primeros años de vida hasta su huida a Andorra durante la guerra civil española. Manolo y Josemaría habían mantenido cierta amistad en su niñez y primera juventud, llegando a coincidir en el Seminario, que Manolo abandona al poco tiempo.


A los tres, los sucesos de esta guerra les influyen de manera distinta y les llevan a tomar posturas opuestas. Oriol y Torres se encuentran en bandos enfrentados. Sin embargo San Josemaría transmite la idea - ilustrada con sus palabras y su propia existencia - de que todos los acontecimientos de la vida, incluso los dramáticos y propicios al odio y la venganza, pueden ser traspasados y trenzados con la caridad hasta ser conducidos al núcleo de un objetivo vital: el amor de Dios, que incluye de forma irremediable el amor a los demás - independientemente de sus creencias, o tendencias políticas - y por lo tanto a la comprensión y al perdón. Porque lo que él ve en los seres humanos es su capacidad de trascendencia, por lo tanto su dignidad y libertad personal. No distingue entre amigos o enemigos, ni buenos ni malos; para él todos son hijos de Dios.


Partiendo del hecho de que Roland Joffé, director y autor del guión y - según su propia declaración- agnóstico indeciso, asombra su capacidad de percepción de la personalidad y sensibilidad de un personaje como Escrivá. Ha analizado hasta sus últimas consecuencias su fe, sus dudas, sus razones para creer, su mensaje de que todo ser humano puede aspirar a la santidad dentro las circunstancias de su propia vida aunque esas circunstancias sean una guerra fratricida particularmente dura y cruel. Y expone también con nitidez que el amor a Dios de San Josemaría no está exento, sin embargo, de la lucha contra sus propias dudas e inseguridades: sus propios dragones.


En mi opinión es una película que necesita ser visita dos veces, para poder apreciar los simbolismos, las metáforas, los muchos detalles intencionados que no se captan en una sola visión, entre otras cosas, porque la acción y el ritmo son tan intensos que, aunque se sea consciente de que hay mensajes en ciertas imágenes o detalles, pueden pasar inadvertidos dentro de la absorción del conjunto. Y son esos pequeños guiños los que hacen a la película absorbente.

lunes, 7 de marzo de 2011

REFLEJOS INVERSOS

Tres Botes. Acuarela de Paloma Rojas


Llevaban ya varios días de travesía y prácticamente todos se habían conocido y compartido comidas, bailes, cine y juegos diversos, incluido un simulacro de salvamento inesperado que había alarmado a los mayores y divertido a los jóvenes.
El barco era de carga y pasaje que en épocas de menor tráfico comercial se dedicaba a realizar cruceros por las cálidas tierras del sur. Los pasajeros tenían acceso a todos los distintos sectores del barco. Las diferencias estribaban en los camarotes, los comedores y salones; pero todo el pasaje disfrutaba de las diversas dependencias con plena libertad.
El sitio más concurrido durante las horas de sol de la mañana y la tarde era la piscina. Estaba emplazada en un espacio
amplio en el centro de la cubierta inferior. A babor, estribor y popa estaban colocadas las tumbonas y sillas. El bar estaba instalado al fondo cerrando el cuadrilátero. Las puertas de acceso eran de cristal y según fuera el tiempo se mantenía cerradas o abiertas, dobladas sobre sí mismas.
Allí concurría toda la gente joven, a tomar el sol, darse un chapuzón y sobretodo entablar amistad y hacer planes para las próximas excursiones a tierra en los distintos puertos de atraque.
María tomaba el sol perezosamente desplomada sobre su hamaca. Escuchaba la conversación que los hombres jóvenes de su alrededor pretendían sostener con una actriz de cine que había hecho su espectacular aparición, cuando ya la escalerilla de embarque se estaba retirando. Había salido con precipitación de un coche que frenó ruidosamente ante la escalerilla acompañada de una hermana menor y varias maletas. Se volvió a bajar la escalerilla y las dos mujeres treparon con rapidez hacia cubierta Era una mujer joven de muy buena figura y gran simpatía, consciente de la atracción que ejercía sobre un público no acostumbrado a frecuentar el trato con actrices de cine.
Aburrida de oír la insulsa cháchara a su alrededor, María se desperezó en su hamaca y poniéndose de pie, miró a su alrededor. Giró sobre sí misma mirando hacia el bar y se quedó sorprendida ante la figura que apareció enmarcada en una de sus puertas: alta, esbelta, elegante, con un traje de baño que no se distinguía bien pero que le realzaba la figura con un estilo muy propio; se mantenía erguida, quieta, observando. Le pareció ver que le miraba y sonreía, aunque no podía reconocer su rostro a contraluz. Sin embargo le resultaba vagamente familiar. Desecho la idea, deduciendo que era alguien de los camarotes de primera que todavía no había hecho su aparición y que iba a estar en franca competencia con la actriz de cine.

Se volvió hacía un lado para comentarlo con Marta pero desistió; estaba demasiado entretenida con Pedro como para interrumpir el incipiente romance que parecía iba viento en popa, muy en armonía con el medio en el que se desarrollaba
A su izquierda estaba Roberto, siempre tan empeñado en estar con la más guapa; pensó que era mejor dejarlo en la ignorancia, porque inmediatamente hubiera entablado diálogo con la desconocida echando mano de cualquier excusa, como solía hacer, y dejarla plantada para volver luego como si nada hubiera pasado.
Volvió la cabeza hacia el bar otra vez. Le intrigaba aquella mujer desconocida, tan reservada y contenida. Comprobó que también la desconocida había estado observando a su alrededor y ahora giraba su cabeza hacia ella.
Con un impulso repentino le saludo con un gesto invitador a que se acercara y la desconocida repitió el gesto simultáneamente.
Entonces cayó en la cuenta: era su propia figura la que se reflejaba en la puerta del bar. Se quedó perpleja ante el descubrimiento: verse a sí misma tal como realmente era, como le veian los demás. Por primera vez había tenido una visión objetiva de sí misma y no se había reconocido. Estaba asombrada: uno mismo observándose a sí mismo sin saber que era el objeto observado. Extraña sensación. Mirarse a uno mismo sin verse.
Se volvió a tumbar en la hamaca, cerro los ojos y sonrió para sí misma. No podía comunicar a nadie que había descubierto que tenía una figura espléndida, un cuerpo flexible y elástico como una caña, un movimiento armonioso, proporciones elegantes y un chic innato. Una experiencia nueva y desconocida para ella.
Roberto le hablaba indagando sobre qué disfraz iba a llevar en la baile de esa noche."De mi misma tal como me ven los demás", respondió ambiguamente.

viernes, 18 de febrero de 2011

AMORES MADUROS

Las Marismas de Santoña , Acuarela de Paloma Rojas.

Triunfadora, eso es lo que había sido.
Hermana de muchos hermanos. Alegre, simpática, divertida, optimista. Amable con todo el mundo. Dispuesta para la vida. Lista, rápida, con iniciativa. Lo que en sus tiempos se hubiera denominado una mujer de mucho éxito. Nunca le faltaban invitaciones a cenas, bailes, comidas, teatro, cine, ballet, conciertos, con sus amigos. Reía con todos y disfrutaba de la vida. Era animada, ocurrente, natural, genuina.
Pero no se comprometía con nadie. Los cadáveres de sus pretendientes quedaron arrumbados en las cunetas, más o menos maltrechos. Eventualmente se repusieron y ante la evidencia de que nunca llegarían a conquistarla, cada uno se casó, tuvo hijos y en algún caso, enviudó, prematuramente.
Ella se enamoró irremediablemente de un hombre guapo, atractivo, callado, tímido; mirada interrogativa, silencios que apuntaban a profundidad de pensamiento y carácter.
Decidieron casarse. Un matrimonio en plenitud de juventud, belleza y atractivo. No tuvieron hijos, nunca llegaron. Pero ella no se dejó desanimar y continuo haciendo la vida divertida y variada para su gran amor. Compensaba con su buen ánimo, la ausencia de los hijos, la seriedad y parquedad de palabra de su marido.
Los años se fueron desgranando y los descubrimientos se fueron realizando. Los silencios, presagios pretéritos de profundidad de carácter y capacidad de observación, aparecieron en su verdadera dimensión: vacuidad de contenido, inexistencia de ideas.
Un trabajo profesional anodino y sin perspectivas, en parte debido a su debilidad de carácter, creó en él un estado de decaimiento permanente. Siguió siendo guapo pero el aburrimiento y la rutina le condujeron a buscar el ofuscamiento en el alcohol, hasta que el alcohol se convirtió en su gran consuelo, su fiel compañero diario.
Ella lo llevó bien al principio, buscaba animarlo y darle apoyo, supliendo con propia iniciativa la que a él le faltaba, pero no funcionó. La vida en común llegó a ser fastidiosa, irritante vulgar. La distancia entre ambos fue cada vez más evidente. Él pasaba mucho tiempo en los bares y ella se refugiaba en sus amigas, en su familia.
Él estaba tristemente amargado porque era consciente, de la desilusión de su mujer, de su propia incapacidad para estar a la altura de las circunstancias y superar su apatía, su personal fracaso como hombre, de su incapacidad para dar porque simplemente no tenía.
Una enfermedad fulminante acabo con este estado de cosas. Murió cuando todavía era un hombre relativamente joven.
Ella comenzó a trabajar para sobrevivir. Puso todas sus energías en juego y saco adelante el negocio. Pero un rastro de amargura contenida contaminaba su conversación, sus relaciones sociales. No podía sacudirse la realidad de un matrimonio fracasado, la incomunicabilidad insuperable, los días y las noches de convivencia con un ser, que era bueno, pero débil, e incapaz de aportar lo que ella hubiera necesitado, por la sencilla razón de que no lo poseía
La vida transcurrió plana y sin ilusión
Inesperadamente ocurrió un encuentro fortuito. Ni tan siquiera recordaba como o cuando tuvo lugar. Se habían vuelto a encontrar, ¿En un autobús?, ¿Tomando unas copas con amigos?¿ En algún concierto?, No podía precisarlo. Los dos estaban viudos. Una enfermedad mortal les había arrebatado sus parejas. Hablaron de sus años de juventud, de los coqueteos inocentes, del rechazo de ella, de la mujer de él, de lo guapa y encantadora que era, de la lucha para sacar adelante los hijos, ahora ya casados.
Sin poder precisar como, quedaron en verse otro día, para volver a recordar los viejos tiempos, pasar un rato agradable en compañía agradable. Se rieron juntos, rememoraron juntos. Juntos se comunicaron la experiencia de sus matrimonios; los hijos, la falta de ellos. Lentamente las verdades iban emergiendo y tomando forma, conduciendo al conocimiento de la mutua realidad. El matrimonio de él había sido feliz, su mujer había sido una esposa excelente. Los hijos, como en tantos otros casos, habían planteado problemas que resolvieron juntos.
Pero, dijo riendo, en el fondo de todo y sin que saliera nunca a la superficie, estabas tú. Como un sueño de juventud, del que uno es muy consciente de ser tan solo una entelequia imposible: ese primer amor desinteresado que conservamos en el casi olvidado recuerdo como un sueño, que ya hemos desechado ante la realidad tangible que nos rodea.
Ella observó en él, lo que nunca antes había tenido en cuenta: su fortaleza, su carácter equilibrado, la sensibilidad y delicadeza que se desprendía de sus palabras, de sus gestos, la mirada inteligente, la paciencia, la capacidad de iniciativa.
Se quedó mirándole con una sonrisa vagándole por el rostro. Lo vio con nuevos ojos, con los ojos de la madurez, de la experiencia, del sufrimiento callado.
No querían pensarlo: los dos estaban en la franja de los setenta, ella en el extremo izquierdo, recién estrenado, él en el extremo derecho, precipitándose hacía los ochenta.
Es ridículo, considero ella. Una no puede enamorarse a los setenta. Es imposible, pensó él. Si no me quiso a los veinticinco, no puede quererme ahora, cuando estoy a punto de despedirme de la vida.
Los hijos reaccionaron de manera pragmática: que necesidad hay de comprometerte en un nuevo matrimonio, después de tantos años de viudez; sal con ella, haz viajes si quieres, pero no te ates, es difícil acomodarse a una nueva persona a tu edad; no suele resultar,
Él se indignó; para él no era una mujer de usar y tirar, ocasional, no quería esconderse detrás de una relación cobarde y sin riesgos. La quería de verdad. No se trataba de pensar en lo que iba a recibir, sino en pensar en que quería compartir con ella los años que le quedaran de vida. No entendía de mediocres y burdos entendimientos vergonzosos y mezquinos sino de amor sin condiciones.
No resultó ni ridículo ni imposible. Se casaron publica aunque discretamente: comparten, comunican, ríen, disfrutan, Son felices. Con la plena felicidad serena que no habían podido gozar cuando eran jóvenes, guapos y llenos de energías.
Fui tonta entonces, piensa ella. Menos mal que me he espabilado a tiempo, aunque fuera tarde, piensa él.

viernes, 11 de febrero de 2011

DESCONCERTANTE CONCIERTO

El puerto deportivo está situado a los pies del muelle por el que diariamente pasea mucha gente. Según la hora del día, los paseantes pueden ser jóvenes deportistas, mujeres empeñadas en no dejar atrás su juventud, adultos con necesidad de bajar el colesterol o hacer frente a los ataques de la artritis, o turistas admirados ante las casas palacio que bordean el paseo.


Incluso en los días de lluvia y frío hay unos cuantos fieles que no ceden ante los elementos y enfundados en gabardinas, cubierta la cabeza con sombreros o gorros de lluvia, hundidas las manos en los bolsillos retan al viento. Embistiendo a los elementos avanzan con la cabeza baja a lo largo del paseo que recorre la orilla del mar.
Las nubes grises se confunden con el mar y un color plateado lo envuelve todo. Tan solo destacan los colores blanco, azul o rojo de los barcos.

En ese preciso momento da comienzo el concierto. Las embarcaciones de mayor o menor calado firmemente ancladas, se balancean y en perfecta unidad improvisan un magnifico concierto de cuerda y viento.
Los estayes azotan suave y rítmicamente el mástil, los obenques se unen a su partitura y el viento juguetea ululando por los estrechos espacios entre el palo mayor y los estayes, produciendo un misterioso sonido cristalino que sobrecoge y hace recordar la soledad que se siente en alta mar cuando el ser humano se enfrenta a la tormenta ante el horizontes de un mar infinito y sin referencias.

La belleza de ese momento es única y sobrecogedora.

jueves, 3 de febrero de 2011

MIKELA

Arkote. Acuarela de Paloma Rojas

¡Inigualable Mikela! Lo curioso es que en la familia no la supimos apreciar lo suficiente, pero todos nos acordamos de ella. La recuerdo siempre mayor. Ahora me doy cuenta de que no lo era. Pero su manera de ser, de comportarse, era más propia de una mujer entrada en la ancianidad, que una persona de mediana edad.
Cuando mis padres se casaron, Mikela, ya estaba trabajando en casa de mi padre. Le sentó muy mal esa boda porque hasta entonces ella gobernaba la casa, sin tener a nadie que la controlara o supervisara.
Mi madre era una persona habituada, desde muy joven a organizar su propio hogar. Cuando mi abuela murió, era aun una niña y una vez que su hermana mayor se casó, se hizo cargo de las riendas de la casa. .
Así que Mikela declaró que "de fuera vendrá, quién de casa de echará", como espetó a mi madre en una ocasión. Y desde entonces la guerra sorda entre ellas era bastante evidente. Sin embargo, adoraba a mi padre, a quién seguía llamando "señorito" como en sus tiempos de soltero.
Hay características de Mikela que son imborrables; su modo de andar, balanceándose hacía los dados como si de un viejo marinero en tierra se tratara; la frase repetida hasta la saciedad de "se cansa la persona" para subrayar que estaba trabajando por encima de sus posibilidades y fuerzas, hecho nada evidente- frase que se convertimos en una disculpa y un motivo de regocijo para todos nosotros, los jóvenes-; su modo de dar las diarias cuentas de la plaza a mi madre, en las que la palabra arbejillas aparecía con frecuencia y obligaba a conocer algo de euskera para saber que se trataba de guisantes; su castellano mal hablado que nunca llegó a corregir y que le daba un modo de expresarse tan peculiar; los desayunos de chocolate y nata - sacada de la leche hervida -que nos preparaba cada mañana; los besos mojados que nos plantaba cada día; los lloros por las marchas del hogar cuando fuimos haciéndonos mayores e independientes.
Mi gran entretenimiento y su gran diversión eran imitarla en su habla, copiando su acento vasco y su mala gramática castellana, tan propios de los vascoparlantes de aquella época.
La Navidad me trae recuerdos imperecederos. : Los caseros nos traían capones como parte de su renta anual. Bajo los cuidados de Mikela estos continuaban engordando y su presencia en la cocina era notoria: ocupaban un espacio pequeño bajo el fregadero. Unos días antes de la noche del 24, Mikela se hacia dueña absoluta de la cocina, se enfundaba en un delantal blanco, ponía un balde a sus pies, cogía un gran cuchillo y apoderándose del capón, le doblaba el cuello sobre sí mismo con la mano izquierda, de manera que el bicho quedaba amordazado. Con la derecha le proporcionaba un corte en el cuello, que sorprendía al bicho de forma tan radical que aunque continuaba moviéndose y agitándose por unos minutos, poco a poco las fuerzas le abandonaban y el balde se llenaba de sangre. Un adiós a la vida que yo contemplaba sin pestañear, como uno rito pagano, entre hechizada y asqueada, sentada frente a Mikela, en una sillita pequeña que no levantaba media metro del suelo
Pasada esta cruenta etapa llegaba el desplume. Una nube de plumas volaba por la cocina y te hacia estornudar mientras que lentamente caían dentro del mismo balde. Después de esta operación, el gordo y blanco cuerpo del bicho aparecía por primera vez a la luz en toda su espléndida redondez.
A esto le seguía la operación de quemar los espolones pasando al capón por las llamas del fogón. El olor era característico y cada año mi nariz se arrugaba en señal de repugnancia, pero nada me movía del lugar.
Por cierto, esta silla también fue protagonista de mis burlonas parodias sobre la manera en que Mikela se ataviaba cada día para asistir a lo que ella definía como "la funsión", que no se trataba de otra cosa que la Bendición y rezo del diario rosario en la iglesia más próxima a nuestra casa.
De vez en cuando me presentaba en la cocina con una mantilla gorda y negra, unas gafas oscuras, a las que faltaba uno de los cristales, un rosario inmenso en las manos acompañado de un devocionario, y la famosa sillita que arrastraba desde mi cuarto de juegos. Me arrodillaba devotamente en la silla y comenzaba a recitar las letanías en un macarrónico latín. Debía de tener cierta gracia porque Mikela, que no gozaba de gran sentido del humor precisamente, se reía mientras me llama Biotza.
Lo mejor de Mikela era la merluza frita. En ningún otro lugar he saboreado una merluza más exquisita. Todos coincidimos en eso. Ni Arzak, ni Subijana, ni Martín Berasategui, ni Aduriz; Nadie sabe prepararla igual.
Tenía la cualidad de resaltar lo obvio. Cuándo abría la puerta de la casa, indefectiblemente preguntaba a forma de bienvenida "Lastantxu¿ya estás aquí?" .Volvíamos sobre nuestros pasos y mirando por el hueco del ascensor, contestábamos con perfecta seriedad "No, estoy subiendo las escaleras", lo que le sumía en profunda perplejidad.
Se jubiló durante una de mis estancias en el extranjero y no la volví a ver. Me enteré tarde de su muerte en Lequeitio, un precioso pueblo de la costa, de donde era originaria y donde vivió con su familia hasta el fin de sus días. En total dos tercios de su vida habián transcurrido con mi familia. Es parte de ella, aunque no tuviera el don de ganarse la simpatía de la gente, por su carácter protestón y tendencia a la queja, Pero era una mujer leal y buena. Y nos quería con locura. A todos menos a mi madre, aunque al final de sus días juntas, llegaran a acostumbrarse a vivir con lo que cada una consideraba el peso de la otra y a quererse.

sábado, 22 de enero de 2011

EL MEJOR MÉTODO PARA LOGRAR NO ENAMORAR A LA MUJER QUE QUIERES.

Camino del Faro. Acuarela de Paloma Rojas
Éramos un numeroso grupo de amigas desde la infancia. El sistema de educación seguido era algo insólito para los tiempos actuales. Sin asistir a ningún colegio, adquiríamos conocimientos de la mano de profesores particulares. Como resultado, nos quedaban muchas horas libres para jugar en el Parque de Doña Casilda de Bilbao, sobretodo a la pelota.
Todas las mañanas y todas las tardes a la salida del colegio, un grupo de chicos de un conocido colegio de la ciudad, nos contemplaba desde los bancos situados en un lateral de lo que denominábamos " el cuadrado", un jardín lleno de rosas en primavera.
Todas éramos adolescentes enamoradizas y tímidas que sin cruzar palabra intentábamos captar la atención de aquel chico que nos gustaba especialmente: saltos espectaculares para alcanzar la pelota, risitas histéricas sin sentido, exhibición de capacidades atléticas. Lo que fuera total de destacar.
Esta etapa duró lo que entonces me pareció muchos años, y ahora me parece un suspiro. Pero llegó un momento en el que grupo se dispersó. La mayoría empezó a asistir a colegios de la ciudad en condición de mediopensionistas, y otras pocas fueron enviadas a internados. Yo me quedé todavía un par de años más en mi ciudad y en mi parque.
Fue entonces cuando empecé a notar, casi imperceptiblemente y sin que al principio me diera mucha cuenta, de la presencia de otro grupo desconocido de chicos, que desde bancos más lejanos venían a vernos jugar a las que aún permanecíamos en Bilbao. Entre todos ellos, empezó a destacar, por su actitud, un chico en particular. Su mirada era excesivamente absorbente; los comentarios, que compartía con sus amigos, eran obviamente sobre mí.
Gradualmente fue creciendo en mí un sentimiento de rechazo y repugnancia hacia su cara redonda y aplastada, su estúpida sonrisa de triunfador, su mirada insistente. Un diente, parcialmente roto, hacia su sonrisa aún más desagradable. Se convirtió en una presencia obsesiva que yo intentaba evitar por todos los medios pero que no lograba conseguir. Hiciera lo que hiciera, fuera donde fuera, siempre acaba apareciendo su figura en el horizonte, estropeando mis ratos de diversión. La situación llegó a su cenit, cuando acabe cruzándome con él irremisiblemente mientras iba de compras con mi madre, o me encontraba en alguna parte de la ciudad, ajena al ámbito normal de mis juegos.
No podía evitarlo, era irracional pero me resultaba desagradable, repulsivo. Recuerdo con horror un sueño en el que mi madre se encontraba con su madre - que no conocía de nada - y el interfecto - que todavía conocía menos - y yo me veía obligada a soportar su presencia desagradable, para que mi madre no advirtiera mi actitud de rechazo absoluto. Despertar y ver que nada era real, fue un alivio.
Llegué a desarrollar el hábito de fruncir el ceño y asumir una mirada dura y antipática, para ver si así lo ahuyentaba definitivamente
Todo era inútil. Parecía que cuanto más antipática, desagradable, distante fuera, más empecinado estaba él en seguirme y buscarme por la ciudad. Y debía conocer bien mis recorridos, o tener alguna fuente de información y espionaje particulares, porque fuera donde fuera, siempre aparecía aquella figura en el horizontes, agriando mis mañanas y tardes.
Todo quedó olvidado cuando fui a estudiar en un internado. Una vez terminada mi estancia en el colegio, pasé una temporada en el extranjero para completar mi peculiar educación. . A la vuelta, la vida siguió su curso y me enrolé en el ritmo social de una ciudad de provincias. El tipo no se me había olvidado, pero era tan solo un incidente en mi vida cuya existencia nadie más que yo conocía.
La ciudad era ahora para mí un lugar agradable en el que vivir. Disfrutaba de mi juventud y mi estilo de vida. La gente que me rodeaba era atractiva e inteligente. Sonreía por la calle y saludaba a todo el mundo con entusiasmo y simpatía.
En una ocasión en que me dirigía al encuentro de un grupo de amigos, percibí, acercándose hacia mí a una pareja, que venía en dirección opuesta. Él agarraba posesivamente el brazo de una rubia artificial y vulgar. Susurraba algo al oído de ella mientras me miraba. Ella volvió su mirada hacia mí y sonrió entre sorprendida, burlona y divertida. Pude imaginar su diálogo: "Mira, esa era la chica de la que estaba perdidamente enamorado de crío". “¿De verás?" contestaba ella, "pues no sé lo que veías en ella, no vale mucho". Él apretó su brazo con fuerza y su diente roto volvió a aparecer en su cara aplastada e inexpresiva.
Me sentí definitivamente liberada.
Aceleré mi paso y sonreí feliz a mis amigos.

domingo, 2 de enero de 2011

CLAROSCUROS DE LA NAVIDAD

Era mi intención publicar está entrada durante la semana de Navidad, pero por la misma dinámica de estas fiestas tan familiares, me ha resultado imposible hacerlo. La publico a destiempo pero no quería dejar de hacerlo.
Catedral de Burgos. Acuarela de Paloma Rojas

La casa era un ascua de luz. Todas las lámparas encendidas, el nacimiento iluminado por pequeñas bombillas ocultas tras los corchos. Las velas chisporroteando en la mesa. Bullicio en la conversación, sonrisas en las miradas, risas de niños y de adultos. Desbordante alegría navideña en el ambiente. Nervios incontrolados de los niños, que no paraban de levantarse de sus asientos para atender a cualquier asunto que les interesaba más que la comida, para ellos, tan larga, tan ceremoniosa.
Los mayores saboreaban placidamente los platos tradicionales de la familia, comentando los chascarrillos familiares conocidos por todos y siempre celebrados como nuevos.
Como todas las noches de Navidad, después de la cena y de pasar un rato en cálida conversación, acudirían a la Misa de Gallo, tradicional en la familia.

La ciudad estaba oscura y silenciosa; en aquellos años no había iluminaciones en las calles. Tan solo los escaparates de las tiendas y otros establecimientos, proyectaban luz sobre las aceras. Escasos coches en la calle, el tráfico era casi nulo en aquella época. Otras familias se dirigían también presurosas hacia la iglesia. Conversaciones en tono familiar, voces atenuadas, carrerillas de niños que se adelantaban a los padres, risas y empujones infantiles llenos de impaciencia y nerviosismo.

La pequeña iba dando brincos agarrada a la mano de su madre que le dejaba hacer. La madre y una hermana conversaban en voz apagada, para no romper la intimidad. Su padre y los tíos seguían a corta distancia. Sus voces llegaban aterciopeladas en el silencio de la noche.
En la acera opuesta, la figura de un hombre solitario. Era una sombra obscura, con la cabeza baja, poco firme en su andar sin rumbo, las manos en los bolsillos. La chiquilla pudo oír a su madre y a su tía que comentaban: "es tremendo y triste, está continuamente borracho..... Sí, se separaron. Dan mucha pena su mujer y la pequeña".

Cuando oyó el nombre cayó en la cuenta de quien era aquella niña. Su imaginación le trasladó una casa a oscuras, con dos figuras grises deambulando como habitantes únicas. La soledad de una casa sin padre. En su corazón de niña que disfruta de una vida familiar estable y feliz, aquel hecho ensombreció su felicidad navideña, tan luminosa hasta entonces, tan sin nubarrones, que eclipsaran la paz de fondo. Se acurrucó al costado de su madre y luego, soltándose bruscamente, corrió a coger la mano de su padre, como queriendo afirmar la unidad, la seguridad de que a ella nunca se iba a encontrar sola.

La iglesia era otra ascua de luz, llena de familias que desprendían alegría y sonrisas. Los villancicos acompañaban la liturgia alegre de esa noche maravillosa y única.
El camino de vuelta a casa, era más bullicioso: todos se saludaban, se deseaban feliz Navidad, se despedían, con besos, abrazos, buenos deseos, felicitaciones, sonrisas, comentarios amables.
La calle ya no parecía tan oscura, estaba iluminada por las sonrisas de los transeúntes y sus voces alegres.

La llegada a casa, estaba llena de expectación. Los regalos del Niño Jesús esperaban al pie del nacimiento. La emoción era inconmensurable, los grititos de alegría constantes, los silencios emocionados ante el regalo tan deseado eran aún más expresivos.
Inesperadamente apareció en la imaginación de la chiquilla la figura de la madre y la hija solitarias en su casa a oscuras. Se quedé ensimismada durante un momento. Su madre lo notó y se acercó suavemente para preguntarle si le gustaban los regalos. Impulsivamente se aferró a ella en un fuerte abrazo silencioso. Después corrió hacia su padre, hacía su seguridad infalible.
Los villancicos cantados en familia volvieron a calentarle el corazón.
Sin embargo el recuerdo de aquella figura tambaleante y vencida por la vida perduró en su memoria. Representaba para ella la desolación de la niñez.

Años más tarde, ya adulta, tropezó en alguna ocasión, con la hija abandonada. En su rostro no había rastro de tristeza. Pero sus movimientos eran nerviosos e inseguros.