jueves, 22 de diciembre de 2011
UNA NAVIDAD DIFERENTE Y SIEMPRE LA MISMA
Me parece un vídeo muy simpático y nos arranca una sonrisa.
sábado, 17 de diciembre de 2011
sábado, 26 de noviembre de 2011
VARIACIONES
La solitaria y silenciosa carretera, que recordaba tan bien, serpentea bajo altísimos árboles centenarios que unen sus ramas, a muchos metros de altura, emulando la nave central de una iglesia gótica.
Otra vez es sorprendida por el inesperado giro a la derecha que le conduce por un estrecho camino asfaltado, que desemboca en una explanada ovalada rodeada de rododendros. Ya ha anochecido y la entrada principal al Manor de planta isabelina, apenas se ve. Varias ventanas emplomadas lanzan una débil luz sobre la explanada. A su luz mortecina puede ver el llamador de la puerta principal: una alargada barra de hierro terminada en una circunferencia. Tira de ella con timidez como lo hizo aquella primera vez.
domingo, 6 de noviembre de 2011
ESCRIBIR A VOLEO
miércoles, 12 de octubre de 2011
HE VUELTO.... AUNQUE CON MUCHO RETRASO

sábado, 13 de agosto de 2011
CONTINÚO CON LOS RE-.ESTRENOS
viernes, 5 de agosto de 2011
PRESENTANDO A PALOMA ROJAS
Estoy segura de que os van a gustar tanto como a mi.
http://acuarelaspalomarojas.blogspot.com/
sábado, 9 de julio de 2011
RE-ESTRENOS
sábado, 2 de julio de 2011
NO ES ADIOS, SINO HASTA LUEGO
lunes, 20 de junio de 2011
CONFERENCIA EN LA BIBLIOTECA DE BIDEBARRIETA DE BILBAO
Esta vez cambio de tercio. No va a ser ningún relato corto, sino una consideración sobre mis INTENTOS DE ESCRITORA.
La Biblioteca de Bidebarrieta de Bilbao ha organizado un ciclo sobre "Diálogos con la Literatura" durante el curso 2010-2011. Una amiga mía me mandó un mensaje sobre la que iba a tener lugar el martes 14 de junio sobre el tema de "La construcción de los personajes literarios". Tomaban parte María Dueñas, autora de "El tiempo entre costuras", el gran existo de este año con cuatro millones de ejemplares vendidos y Lorenzo Silva, precursor de la novela negra española y prolífico autor de muchos otros libros de temáticas distintas, incluida la poesía.
Esta Biblioteca está ubicada en un edificio emblemático de la Historia de Bilbao. En su origen fue la Sociedad Sitio, en conmemoración al Sitio de Bilbao por parte del ejército carlista, en el que mis dos abuelos tomaron parte activa como defensores de la Villa.
Tenía mucho interés en asistir, así que tres de las contertulias de las TERTULIAS LITERARIAS, cogimos el metro, después de la CLASE DE HISTORIA habitual y nos desplazamos a Bilbao. Llegamos con tanta antelación que tuvimos que esperar un buen rato, pero luego nos compensó pues pudimos sentarnos en las primeras filas y disfrutar de unas exposiciones muy ricas, amenas e ilustrativas.
Ambos escritores expusieron sus puntos de vista de manera muy clara y asequible, con una sencillez y ausencia de pedantería digna de encomio. Me gustó y me aclaró las ideas la exposición que cada uno hizo sobre la creación de sus personajes.
Me resulta difícil hacer una síntesis de lo que se comentó durante la hora larga que duró la conferencia entre exposición y preguntas, así que me voy a limitar a reflejar algunas de las conclusiones que extraje de todo lo que allá se dijo.
El moderador trajo a colación el tópico tan conocido sobre cómo algunos personajes se imponen al autor y parece que tienen existencia autónoma. Saqué la conclusión de que esa afirmación no era exactamente cierta aunque sin embargo ocurría en ocasiones que al ir desarrollando la historia, se podían encontrar con la necesidad de dar más cuerpo a un personaje determinado, hecho que contribuye a que vaya cobrando más fuerza y relieve dentro de la historia.
En otras ocasiones se ve la necesidad de crear un nuevo personaje porque la acción o la historia lo requieren para que sirva de enlace o dé verosimilitud y pie a algún otro episodio del desarrollo de la acción.
Los personajes pueden ser creados por la imaginación del autor o pueden ser tomados de la realidad, en cuanto a la idiosincrasia y personalidad, aunque la trayectoria del personaje real que ha servido de inspiración no se corresponda con la acción narrada. La descripción de un personaje real puede contribuir a vertebrar y estructurar mejor al personaje ficticio.
Se dan también otras circunstancias en que personajes que en principio eran secundarios adquieren una dimensión que los destaca del resto y se pueden convertir en piezas fundamentales de la historia, con fuerza propia.
Después de escuchar todo lo que escuché, me pregunto si no es estrá más de acuerdo con la realidad, el conformarme con INTENTAR SER ESCRITORA, que aspirar a serlo.
lunes, 6 de junio de 2011
TERCERA GENERACIÓN
Sentía los latinos acelerados de su pequeño corazón y la emoción incontenida, mezcla de alegría y de cierto respetuoso temor; pura emoción y expectación ante el espectáculo - a sus ojos inocentes llenos de riqueza y atractivo - de los muchos pajes, de la majestuosidad de los Reyes Magos, de la bondad que desprendían sus barbas blancas, de sus caras sonrientes, los turbantes y coronas enriquecidos con piedras y el resplandecer de los relucientes dorados y luces que les acompañaban.
La apretó fuerte contra su corazón, y le fue hablando con voz suave y dulce. La pequeña se fue tranquilizando y empezó a disfrutar de la noche mágica. De vez en cuando volvía la cara hacia su madre y sonreía llena de gozo y maravillada. Inmediatamente fijaba su mirada en la cabalgata y sus ojos se llenaban de asombro y contento.
Treinta años más tarde, los acontecimientos le trajeron a la memoria este suceso. Ahora, ya abuela, estaba ocupándose de su pequeño nieto, hijo de su sensible y emotiva hija, que por razones profesionales de su marido, pasaba unos días fuera del hogar.
Lo contemplaba llena de asombro. Ni rastro de la delicada sensibilidad de su madre. Su mirada era directa e interrogadora. Bien proporcionado, fuerte, sólido.
Le maravillaba su flexibilidad: las piernas fuertes y ágiles se movían en todas direcciones: las puntas de los pies alcanzaban la altura de su cabeza o se disparaban imprevisiblemente hacía derecha e izquierda hasta alcanzar los costados de su cuna. Todas esas sacudidas hacían que sus calcetines salieran disparados, por encima de los barrotes de la cuna. Y una vez librado de ellos, alzaba los pies en el aire, hasta que se encontraban frente a frente y los dedos se entrelazaban entre sí, como si estuvieran en adoración o fuera un viejo barrigudo con sus manos cruzadas delante de su obesa panza. Todo transcurría en pocos segundos.
Imprevisiblemente, comenzaba a improvisar cambiantes expresiones faciales que pasaban de la curiosidad expectante ante sus propias manos, llenas de hoyuelos, a la sonrisa abierta y desdentada, con un intervalo de vacilantes intentos de lloro que se resolvían en el asombroso descubrimiento de que sus rechonchas piernecitas podían estirarse hacia delante y alcanzar el borde de la cuna. Ante este nuevo alterntiva pegaba insistentes golpes contra ella, como quien quiere conseguir alargarla o intenta crecer anticipadamente.
Una vez agotados todos los entretenimientos de propia creación, recurría a su abuela, con una sonrisa engañadora y conquistadora que derretía el corazón. Agitaba los bracitos sin ritmo pero con insistencia para pasar a la fase de los pucheros y desembocar en la culminación del llanto desconsolado de quien no puede alcanzar su objetivo.
La abuela, había declarado de antemano que su papel no era educar, así que le cogía en brazos y jugaba con él, manteniendo un continuo monólogo, que hubiera querido fuera dialogo. La cabeza del chiquitín se mantenía firme y tiesa; contemplaba el mundo por encima del hombro de su abuela, o bruscamente se giraba para investigar que estaba pasando en proa. En otro movimiento rápido miraba de frente inquisitivamente. Entonces se tropezaba con la voz cálida y bien modulada, que le hechizaba durante cortos segundos, en los que giraba la cabeza a derecha e izquierda como quien busca algo que no encuentra, hasta volver a fijarse en la sonrisa conocida de su abuela.
En un arrebato de cariño esta le envolvía en un abrazo suave y pequeño mientras le hablaba al oído y le llamaba chiquitín, gordito, mi sol. Sentía su pequeño y ágil cuerpo, revolverse entre sus brazos, y buscar la libertad. Su corazón no latía como el de su madre, ni temblaba de emoción. Este era un pajarillo que anhelaba su libertad e independencia. Quería descubrir el mundo por sí mismo.
domingo, 22 de mayo de 2011
AMIGA PERDIDA PERO NO OLVIDADA
No puedo recordar su nombre. He repasado cuidadosamente las viejas agendas recopiladas durante muchos años, en las que aparecen las personas que he ido conociendo a lo largo de mi vida. Tengo una muy leve intuición de que uno de esos nombres es el suyo pero tan solo aparecen sus señas en Inglaterra. Vagamente recuerdo a una chica alta, morena, con ojos claros y mirada sonriente, que sabia encarar la vida de frente.
Ocasionalmente la recuerdo y divago sobre su posible derrotero: ¿habrá reencontrado a su familia?,¿ Se habrá casado?, ¿Tendrá hijos?,
¿Se acordará de mí, de nuestra pequeña aventura de juventud?.
¿La volveré a encontrar algún día?
Nos conocimos por casualidad. Era el año 1960
En las vacaciones de semana Santa, yo había quedado con una amiga mía en recorrer Escocia, utilizando la línea de autobuses "Green Line". Un par de días antes de la partida, me encontré sola para realizar este viaje; a mi compañera de viaje le surgió algún impedimento insuperable. Dudé qué hacer pero en un arranque de espíritu pionero, decidí aventurarme en solitario. Dejé Londres a primera hora de la mañana. Al cabo de varias horas aparecí en Gasglow, y me dirigí a un Youth Hostal.
Pasé al comedor y me senté en una mesa frente a una chica que también se encontraba sola. Establecimos un diálogo y descubrimos que ambas nos encontrábamos en circunstancias similares. Acordamos seguir la aventura juntas. Trazamos un plan para el día siguiente; recorrimos la ciudad de cabo a rabo, admiramos el Cristo de Dalí y disfrutamos con la vista de jardines floridos y alegres.
De común acuerdo decidimos hacer autostop y tuvimos éxito: un camión que transportaba clavos nos recogió y nos montamos en la parte de atrás junto a la carga, que dejó su recuerdo en nuestros cuerpos molidos pero no en nuestro espíritu lleno de juventud. Todo nos hacia reír y nuestra risa era contagiosa. Acabamos sentadas en la cabina del camión, compartiendo carcajadas con los tres empleados de la compañía, sorprendidos de nuestra alegría de vivir.
Oban es un rincón maravilloso, del que recuerdo su puesta de sol en el atardecer y la conversación monótona y aburrida de un alemán sorprendentemente moreno, del que era imposible deshacerse.
Subrepticiamente, al siguiente día cogimos otro autobús que, atravesando paisajes maravillosos, pequeños pueblos encantadores y orillando un Loch Ness calmo y nada amenazador, nos llevó a Aberdeen.
Poco a poco las dos fuimos conociendo nuestras mutuas circunstancias y nuestros afanes. Mi vida no tenía nada de extraordinaria pero la vida de mi compañera de viaje, me causó una impresión imperecedera.
Utilizando el metro como camino más seguro de huida y con solamente lo puesto, para no levantar sospechas, había escapado de Alemania Oriental. La familia sabia de sus planes y consciente del riesgo a lo que se podían exponer tanto ella como el resto de ellos, le alentó a que lo hiciera.
La escapada se había coronado con éxito y ahora estaba en Inglaterra, trabajando para una familia. Le pregunté si sus padres y hermanos habían sufrido alguna represalia por parte del Gobierno de la República Democrática. "Nada vital" me respondió pero su hermano no había podido encontrar trabajo.
Era una mujer alegre y divertida, llena de vitalidad y de esperanza. No hicimos muy amigas, disfrutamos mucho con las diversas aventuras que emprendimos juntas y con los diversos tipos que nos encontramos en nuestros periodos de autostop: el soldado zipizape, - la lengua inglesa resulta cómica cuando es utilizada por alguien con este defecto- que al volante de su mini se dirigía a unirse a su batallón en un punto determinado de nuestro recorrido. Nuestra llegada a la estación de tren donde se encontraba estacionada su compañía, fue acogida con hurras y silbidos de admiración; el hombre de negocios lleno de sí mismo y con aspecto de conquistador que quiso deslumbrarnos invitándonos a comer a un buen hotel en nuestra ruta hacia Edimburgo.
Visitamos la ciudad maravilladas ante sus colores y su aspecto de cuento de hadas; Princess Street abarrotada de flores, el castillo de cuento colgado de la colina que se eleva frente al monumento levantado a Walter Scott, El Castillo de Holyrood, en un extremo de la ciudad, el buen tiempo que nos acompañaba. Y la sencillez de los habitantes, lejos de la seriedad, formalismos y sofisticación del muy educado sur de Inglaterra.
Aquí terminaba nuestra empresa compartida; partíamos de la misma estación ferroviaria aunque a diferentes horas. Nuestros destinos también eran distintos. Mi tren para Londres era el primero en tomar la salida. De repente recordé que no había comprado nada para comer durante el viaje y mi amiga salió disparada en busca de unos sandwiches. Volvió justo cuando el tren estaba iniciando lentamente su salida. Bajé hasta el último escalón para recoger el paquete de comida sin poder despedirme ni darle un abrazo. Al subir precipitadamente los dos escalones que me dejaban en la plataforma del tren, me di un tremendo y doloroso golpe contra uno de los escalones. Me quedé paralizada de dolor. Creí que me había roto la pierna, el dolor era tan fuerte. Todavía se puede palpar en mi pierna izquierda una hendiura recuerdo de aquel golpe y de aquel viaje.
Mientras veía deslizarse por la ventanilla los campos Escoceses y las praderas Inglesas tuve la intuición de que había vivido algo, que nunca volvería a repetirse.
Habíamos intercambiado nuestras señas tanto en Inglaterra como en nuestros países de origen pero yo tenía el presentimiento de era algo baldío. Nos escribimos durante algún tiempo, pero poco a poco y gradualmente los acontecimientos nos fue llevando por derroteros que hicieron que nuestras vidas fueran divergiendo, hasta perderse en la distancia.
Las cosas no ocurren por casualidad, sino que tienen algún fin o intención en nuestra vida. Aún me sigo preguntando que repercusión tendrá o habrá tenido este encuentro casual con la trayectoria de mi propia vida.
lunes, 16 de mayo de 2011
EL VÉRTIGO DE LA NADA

Un precipicio se abría a sus pies; se perdían los puntos de referencia que daban sentido a la vida y hacían la existencia lógica, segura y comprensible. Era como estar colgada sobre el abismo, pendiente de un hilo sujeto por dedos invisibles.
Se asemejaba al vértigo que se siente en las alturas. Pero esta vez la atracción del abismo, de la nada se hacia presente; una sensación de angustia instantánea, que sacudía con energía, recurriendo a la esperanza.
Era un fugaz chispazo de vacío que llenaba su alma y se adueñaba de ella: el significado de la existencia. Un relámpago que cruzaba su alma y su cerebro. El ansía de algo más, de algo impreciso que hacía sentir la necesidad de lo infinito.
Cuando pasaba, y era un segundo, todo recobraba su razón de ser y auténtico valor y la vida seguía pareciendo brillante y prometedora, llena de aventuras inexploradas, de objetivos que llevar a cabo, de metas que alcanzar, de trabajos que realizar.
Pero no alteró su modo de pensar, ni sus valores, ni la dirección de su existencia.
domingo, 24 de abril de 2011
lunes, 18 de abril de 2011
APRENDER A AMAR
jueves, 31 de marzo de 2011
UNA VIDA TRUNCADA
martes, 29 de marzo de 2011
UNA VISIÓN PERSONAL DE "ENCONTRARÁS DRAGONES"

lunes, 7 de marzo de 2011
Llevaban ya varios días de travesía y prácticamente todos se habían conocido y compartido comidas, bailes, cine y juegos diversos, incluido un simulacro de salvamento inesperado que había alarmado a los mayores y divertido a los jóvenes.
El barco era de carga y pasaje que en épocas de menor tráfico comercial se dedicaba a realizar cruceros por las cálidas tierras del sur. Los pasajeros tenían acceso a todos los distintos sectores del barco. Las diferencias estribaban en los camarotes, los comedores y salones; pero todo el pasaje disfrutaba de las diversas dependencias con plena libertad.
El sitio más concurrido durante las horas de sol de la mañana y la tarde era la piscina. Estaba emplazada en un espacio amplio en el centro de la cubierta inferior. A babor, estribor y popa estaban colocadas las tumbonas y sillas. El bar estaba instalado al fondo cerrando el cuadrilátero. Las puertas de acceso eran de cristal y según fuera el tiempo se mantenía cerradas o abiertas, dobladas sobre sí mismas.
Allí concurría toda la gente joven, a tomar el sol, darse un chapuzón y sobretodo entablar amistad y hacer planes para las próximas excursiones a tierra en los distintos puertos de atraque.
María tomaba el sol perezosamente desplomada sobre su hamaca. Escuchaba la conversación que los hombres jóvenes de su alrededor pretendían sostener con una actriz de cine que había hecho su espectacular aparición, cuando ya la escalerilla de embarque se estaba retirando. Había salido con precipitación de un coche que frenó ruidosamente ante la escalerilla acompañada de una hermana menor y varias maletas. Se volvió a bajar la escalerilla y las dos mujeres treparon con rapidez hacia cubierta Era una mujer joven de muy buena figura y gran simpatía, consciente de la atracción que ejercía sobre un público no acostumbrado a frecuentar el trato con actrices de cine.
Aburrida de oír la insulsa cháchara a su alrededor, María se desperezó en su hamaca y poniéndose de pie, miró a su alrededor. Giró sobre sí misma mirando hacia el bar y se quedó sorprendida ante la figura que apareció enmarcada en una de sus puertas: alta, esbelta, elegante, con un traje de baño que no se distinguía bien pero que le realzaba la figura con un estilo muy propio; se mantenía erguida, quieta, observando. Le pareció ver que le miraba y sonreía, aunque no podía reconocer su rostro a contraluz. Sin embargo le resultaba vagamente familiar. Desecho la idea, deduciendo que era alguien de los camarotes de primera que todavía no había hecho su aparición y que iba a estar en franca competencia con la actriz de cine.
Se volvió hacía un lado para comentarlo con Marta pero desistió; estaba demasiado entretenida con Pedro como para interrumpir el incipiente romance que parecía iba viento en popa, muy en armonía con el medio en el que se desarrollaba
A su izquierda estaba Roberto, siempre tan empeñado en estar con la más guapa; pensó que era mejor dejarlo en la ignorancia, porque inmediatamente hubiera entablado diálogo con la desconocida echando mano de cualquier excusa, como solía hacer, y dejarla plantada para volver luego como si nada hubiera pasado.
Volvió la cabeza hacia el bar otra vez. Le intrigaba aquella mujer desconocida, tan reservada y contenida. Comprobó que también la desconocida había estado observando a su alrededor y ahora giraba su cabeza hacia ella.
Con un impulso repentino le saludo con un gesto invitador a que se acercara y la desconocida repitió el gesto simultáneamente.
Entonces cayó en la cuenta: era su propia figura la que se reflejaba en la puerta del bar. Se quedó perpleja ante el descubrimiento: verse a sí misma tal como realmente era, como le veian los demás. Por primera vez había tenido una visión objetiva de sí misma y no se había reconocido. Estaba asombrada: uno mismo observándose a sí mismo sin saber que era el objeto observado. Extraña sensación. Mirarse a uno mismo sin verse.
Se volvió a tumbar en la hamaca, cerro los ojos y sonrió para sí misma. No podía comunicar a nadie que había descubierto que tenía una figura espléndida, un cuerpo flexible y elástico como una caña, un movimiento armonioso, proporciones elegantes y un chic innato. Una experiencia nueva y desconocida para ella.
Roberto le hablaba indagando sobre qué disfraz iba a llevar en la baile de esa noche."De mi misma tal como me ven los demás", respondió ambiguamente.
viernes, 18 de febrero de 2011
AMORES MADUROS
Triunfadora, eso es lo que había sido.
Hermana de muchos hermanos. Alegre, simpática, divertida, optimista. Amable con todo el mundo. Dispuesta para la vida. Lista, rápida, con iniciativa. Lo que en sus tiempos se hubiera denominado una mujer de mucho éxito. Nunca le faltaban invitaciones a cenas, bailes, comidas, teatro, cine, ballet, conciertos, con sus amigos. Reía con todos y disfrutaba de la vida. Era animada, ocurrente, natural, genuina.
Pero no se comprometía con nadie. Los cadáveres de sus pretendientes quedaron arrumbados en las cunetas, más o menos maltrechos. Eventualmente se repusieron y ante la evidencia de que nunca llegarían a conquistarla, cada uno se casó, tuvo hijos y en algún caso, enviudó, prematuramente.
Ella se enamoró irremediablemente de un hombre guapo, atractivo, callado, tímido; mirada interrogativa, silencios que apuntaban a profundidad de pensamiento y carácter.
Decidieron casarse. Un matrimonio en plenitud de juventud, belleza y atractivo. No tuvieron hijos, nunca llegaron. Pero ella no se dejó desanimar y continuo haciendo la vida divertida y variada para su gran amor. Compensaba con su buen ánimo, la ausencia de los hijos, la seriedad y parquedad de palabra de su marido.
Los años se fueron desgranando y los descubrimientos se fueron realizando. Los silencios, presagios pretéritos de profundidad de carácter y capacidad de observación, aparecieron en su verdadera dimensión: vacuidad de contenido, inexistencia de ideas.
Un trabajo profesional anodino y sin perspectivas, en parte debido a su debilidad de carácter, creó en él un estado de decaimiento permanente. Siguió siendo guapo pero el aburrimiento y la rutina le condujeron a buscar el ofuscamiento en el alcohol, hasta que el alcohol se convirtió en su gran consuelo, su fiel compañero diario.
Ella lo llevó bien al principio, buscaba animarlo y darle apoyo, supliendo con propia iniciativa la que a él le faltaba, pero no funcionó. La vida en común llegó a ser fastidiosa, irritante vulgar. La distancia entre ambos fue cada vez más evidente. Él pasaba mucho tiempo en los bares y ella se refugiaba en sus amigas, en su familia.
Él estaba tristemente amargado porque era consciente, de la desilusión de su mujer, de su propia incapacidad para estar a la altura de las circunstancias y superar su apatía, su personal fracaso como hombre, de su incapacidad para dar porque simplemente no tenía.
Una enfermedad fulminante acabo con este estado de cosas. Murió cuando todavía era un hombre relativamente joven.
Ella comenzó a trabajar para sobrevivir. Puso todas sus energías en juego y saco adelante el negocio. Pero un rastro de amargura contenida contaminaba su conversación, sus relaciones sociales. No podía sacudirse la realidad de un matrimonio fracasado, la incomunicabilidad insuperable, los días y las noches de convivencia con un ser, que era bueno, pero débil, e incapaz de aportar lo que ella hubiera necesitado, por la sencilla razón de que no lo poseía
La vida transcurrió plana y sin ilusión
Inesperadamente ocurrió un encuentro fortuito. Ni tan siquiera recordaba como o cuando tuvo lugar. Se habían vuelto a encontrar, ¿En un autobús?, ¿Tomando unas copas con amigos?¿ En algún concierto?, No podía precisarlo. Los dos estaban viudos. Una enfermedad mortal les había arrebatado sus parejas. Hablaron de sus años de juventud, de los coqueteos inocentes, del rechazo de ella, de la mujer de él, de lo guapa y encantadora que era, de la lucha para sacar adelante los hijos, ahora ya casados.
Sin poder precisar como, quedaron en verse otro día, para volver a recordar los viejos tiempos, pasar un rato agradable en compañía agradable. Se rieron juntos, rememoraron juntos. Juntos se comunicaron la experiencia de sus matrimonios; los hijos, la falta de ellos. Lentamente las verdades iban emergiendo y tomando forma, conduciendo al conocimiento de la mutua realidad. El matrimonio de él había sido feliz, su mujer había sido una esposa excelente. Los hijos, como en tantos otros casos, habían planteado problemas que resolvieron juntos.
Pero, dijo riendo, en el fondo de todo y sin que saliera nunca a la superficie, estabas tú. Como un sueño de juventud, del que uno es muy consciente de ser tan solo una entelequia imposible: ese primer amor desinteresado que conservamos en el casi olvidado recuerdo como un sueño, que ya hemos desechado ante la realidad tangible que nos rodea.
Ella observó en él, lo que nunca antes había tenido en cuenta: su fortaleza, su carácter equilibrado, la sensibilidad y delicadeza que se desprendía de sus palabras, de sus gestos, la mirada inteligente, la paciencia, la capacidad de iniciativa.
Se quedó mirándole con una sonrisa vagándole por el rostro. Lo vio con nuevos ojos, con los ojos de la madurez, de la experiencia, del sufrimiento callado.
No querían pensarlo: los dos estaban en la franja de los setenta, ella en el extremo izquierdo, recién estrenado, él en el extremo derecho, precipitándose hacía los ochenta.
Es ridículo, considero ella. Una no puede enamorarse a los setenta. Es imposible, pensó él. Si no me quiso a los veinticinco, no puede quererme ahora, cuando estoy a punto de despedirme de la vida.
Los hijos reaccionaron de manera pragmática: que necesidad hay de comprometerte en un nuevo matrimonio, después de tantos años de viudez; sal con ella, haz viajes si quieres, pero no te ates, es difícil acomodarse a una nueva persona a tu edad; no suele resultar,
Él se indignó; para él no era una mujer de usar y tirar, ocasional, no quería esconderse detrás de una relación cobarde y sin riesgos. La quería de verdad. No se trataba de pensar en lo que iba a recibir, sino en pensar en que quería compartir con ella los años que le quedaran de vida. No entendía de mediocres y burdos entendimientos vergonzosos y mezquinos sino de amor sin condiciones.
No resultó ni ridículo ni imposible. Se casaron publica aunque discretamente: comparten, comunican, ríen, disfrutan, Son felices. Con la plena felicidad serena que no habían podido gozar cuando eran jóvenes, guapos y llenos de energías.
Fui tonta entonces, piensa ella. Menos mal que me he espabilado a tiempo, aunque fuera tarde, piensa él.
viernes, 11 de febrero de 2011
DESCONCERTANTE CONCIERTO
La belleza de ese momento es única y sobrecogedora.
jueves, 3 de febrero de 2011
MIKELA
¡Inigualable Mikela! Lo curioso es que en la familia no la supimos apreciar lo suficiente, pero todos nos acordamos de ella. La recuerdo siempre mayor. Ahora me doy cuenta de que no lo era. Pero su manera de ser, de comportarse, era más propia de una mujer entrada en la ancianidad, que una persona de mediana edad.
Hay características de Mikela que son imborrables; su modo de andar, balanceándose hacía los dados como si de un viejo marinero en tierra se tratara; la frase repetida hasta la saciedad de "se cansa la persona" para subrayar que estaba trabajando por encima de sus posibilidades y fuerzas, hecho nada evidente- frase que se convertimos en una disculpa y un motivo de regocijo para todos nosotros, los jóvenes-; su modo de dar las diarias cuentas de la plaza a mi madre, en las que la palabra arbejillas aparecía con frecuencia y obligaba a conocer algo de euskera para saber que se trataba de guisantes; su castellano mal hablado que nunca llegó a corregir y que le daba un modo de expresarse tan peculiar; los desayunos de chocolate y nata - sacada de la leche hervida -que nos preparaba cada mañana; los besos mojados que nos plantaba cada día; los lloros por las marchas del hogar cuando fuimos haciéndonos mayores e independientes.
A esto le seguía la operación de quemar los espolones pasando al capón por las llamas del fogón. El olor era característico y cada año mi nariz se arrugaba en señal de repugnancia, pero nada me movía del lugar.
De vez en cuando me presentaba en la cocina con una mantilla gorda y negra, unas gafas oscuras, a las que faltaba uno de los cristales, un rosario inmenso en las manos acompañado de un devocionario, y la famosa sillita que arrastraba desde mi cuarto de juegos. Me arrodillaba devotamente en la silla y comenzaba a recitar las letanías en un macarrónico latín. Debía de tener cierta gracia porque Mikela, que no gozaba de gran sentido del humor precisamente, se reía mientras me llama Biotza.
sábado, 22 de enero de 2011
EL MEJOR MÉTODO PARA LOGRAR NO ENAMORAR A LA MUJER QUE QUIERES.
Todas las mañanas y todas las tardes a la salida del colegio, un grupo de chicos de un conocido colegio de la ciudad, nos contemplaba desde los bancos situados en un lateral de lo que denominábamos " el cuadrado", un jardín lleno de rosas en primavera.
Todas éramos adolescentes enamoradizas y tímidas que sin cruzar palabra intentábamos captar la atención de aquel chico que nos gustaba especialmente: saltos espectaculares para alcanzar la pelota, risitas histéricas sin sentido, exhibición de capacidades atléticas. Lo que fuera total de destacar.
Esta etapa duró lo que entonces me pareció muchos años, y ahora me parece un suspiro. Pero llegó un momento en el que grupo se dispersó. La mayoría empezó a asistir a colegios de la ciudad en condición de mediopensionistas, y otras pocas fueron enviadas a internados. Yo me quedé todavía un par de años más en mi ciudad y en mi parque.
Fue entonces cuando empecé a notar, casi imperceptiblemente y sin que al principio me diera mucha cuenta, de la presencia de otro grupo desconocido de chicos, que desde bancos más lejanos venían a vernos jugar a las que aún permanecíamos en Bilbao. Entre todos ellos, empezó a destacar, por su actitud, un chico en particular. Su mirada era excesivamente absorbente; los comentarios, que compartía con sus amigos, eran obviamente sobre mí.
No podía evitarlo, era irracional pero me resultaba desagradable, repulsivo. Recuerdo con horror un sueño en el que mi madre se encontraba con su madre - que no conocía de nada - y el interfecto - que todavía conocía menos - y yo me veía obligada a soportar su presencia desagradable, para que mi madre no advirtiera mi actitud de rechazo absoluto. Despertar y ver que nada era real, fue un alivio.
Llegué a desarrollar el hábito de fruncir el ceño y asumir una mirada dura y antipática, para ver si así lo ahuyentaba definitivamente
Todo era inútil. Parecía que cuanto más antipática, desagradable, distante fuera, más empecinado estaba él en seguirme y buscarme por la ciudad. Y debía conocer bien mis recorridos, o tener alguna fuente de información y espionaje particulares, porque fuera donde fuera, siempre aparecía aquella figura en el horizontes, agriando mis mañanas y tardes.
Todo quedó olvidado cuando fui a estudiar en un internado. Una vez terminada mi estancia en el colegio, pasé una temporada en el extranjero para completar mi peculiar educación. . A la vuelta, la vida siguió su curso y me enrolé en el ritmo social de una ciudad de provincias. El tipo no se me había olvidado, pero era tan solo un incidente en mi vida cuya existencia nadie más que yo conocía.
La ciudad era ahora para mí un lugar agradable en el que vivir. Disfrutaba de mi juventud y mi estilo de vida. La gente que me rodeaba era atractiva e inteligente. Sonreía por la calle y saludaba a todo el mundo con entusiasmo y simpatía.
En una ocasión en que me dirigía al encuentro de un grupo de amigos, percibí, acercándose hacia mí a una pareja, que venía en dirección opuesta. Él agarraba posesivamente el brazo de una rubia artificial y vulgar. Susurraba algo al oído de ella mientras me miraba. Ella volvió su mirada hacia mí y sonrió entre sorprendida, burlona y divertida. Pude imaginar su diálogo: "Mira, esa era la chica de la que estaba perdidamente enamorado de crío". “¿De verás?" contestaba ella, "pues no sé lo que veías en ella, no vale mucho". Él apretó su brazo con fuerza y su diente roto volvió a aparecer en su cara aplastada e inexpresiva.
Me sentí definitivamente liberada.
Aceleré mi paso y sonreí feliz a mis amigos.