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Cuando la pesada lámpara del comedor de la abuela se desplomó repentinamente sobre la mesa de cristal, adornada y servida ya para la noche de Navidad, todos nos quedamos atónitos. Era uno de los tesoros de la familia, heredada generación tras generación. Las innumerables lágrimas que colgaban de sus seis brazos reflejando la luz de sus muchas bombillas, proporcionaba un resplandor deslumbrante que alcazaba hasta la última esquina de la habitación.
El impacto fue como una explosión de luz cegadora, que inmediatamente se convirtió en una oscuridad aún más cegadora. Un silencio impregnado de imprecisos sentimientos nos sobrecogió a todos.
Al reaccionar ante el primer susto y encender todas las velas de los adornos de navidad dispersos por la casa, pudimos comprobar que su caída había incidido sobre un punto vulnerable y estratégico que hizo añicos el vidrio y abrió un inmenso boquete por el que un amasijo de platos, vasos y cubiertos, envueltos por las manjares ya preparados, se había deslizado hacía el suelo, dejándonos sin cena.
Desde entonces las cenas de Navidad nunca volvieron a ser lo que fueron.
Hoy ha vuelto a ocurrir.
Él ha elegido uno de esos agradables restaurantes céntricos en los que parece concentrarse media ciudad durante los fines de semana. Reina la alegría y las conversaciones son animadas y ruidosas.
Ha reservado una mesa junto a las ventanas, algo apartada del resto. La calle es un ir y venir de gente alegre y bulliciosa. En el interior, en nuestro rincón, hay un ambiente cálido de intimidad.
Durante mucho tiempo he estado esperado este momento con ilusión e impaciencia: él y yo, solos, frente a frente. Él tiene el don de dar luz a mi existencia. Presentía que nuestra vida iba a tomar un giro definitivo, que por fin se había decidido.
Parecía algo nervioso. Ha escogido mi menú preferido, comentado cosas sin mayor trascendencia. Yo he hablado animosamente de generalidades para relajarle. He intentado darle confianza en sí mismo para facilitar se decidiera a proponerme lo que tanto esperaba.
Me ha mirado a los ojos y mi vida ha quedado iluminada como un ascua ardiente. Pero no ha podido sostener mi mirada alentadora. Ha hecho ademán de coger mi mano pero la ha retirado con un movimiento rápido de arrepentimiento.
Entonces le he oído decir: “Perdóname si puedes. Te he estado engañando todo este tiempo. Hay otra mujer en mi vida. Me voy a casar con ella.”
Sus palabras han estallado contra mi mundo de sueños y esperanzas haciéndolo trizas. Una gran herida se ha abierto en mi vida y he contemplado mis ilusiones deslizarse por ella hasta desaparecer de mi horizonte. Me he quedados sumergida en la oscuridad más profunda. El silencio me ha envuelto. Tan solo podía escuchar mi corazón latiendo aturdido y golpeando mi pecho sin piedad.
Desde entonces mi vida nunca ha vuelto a ser la que era.
(*)
En las Clases de Escritura Creativa, nos han dado un el siguiente cuestionario, como pautas sobre las que libremente podíamos escribir un relato. Lo que he escrito más arriba, es el resultado de mi ejercicio.
LA LAMPARA CAÍDA
¿Quienes están cenando en ese lugar?
¿Que relación existe entre ellos?
¿Es agradable la cena?
¿Están contentos, tensos, molestos?
¿Donde están cenando?
¿Como es el lugar?
¿Por qué están en el restaurante?
¿Que se ve por las ventanas?
Motivo de la cena
Descripción del momento de la caída de la lámpara
¿Por qué no dicen nada cuando la lámpara se cae?
¿Que hacen o dicen los demás comensales?
¿Que representa o que sentido puede llegar a tener en el cuento el hecho de que se caiga la lámpara?
¿Que sentido le da esa caída?