LA RÍA DE BILBAO.ACUARELA DE PALOMA ROJAS

domingo, 21 de abril de 2013


DOS HOMBRES LIBRES. 
Segunda parte.



A las 8.45 de la mañana, llamaron a la puerta de su casa. Les esperaba ya arreglado. Un coche estaba aparcado delante de su portal. No mediaron palabras entre el General Martin y él. A las 9 en punto llegaba al Gobierno Civil. Le introdujeron en uno de los salones del palacete. Lo conocía bien. Era allá donde le habían recibido como un héroe unos años antes. Las cosas habían cambiado algo desde entonces. Miró a su alrededor recordando las felicitaciones, los abrazos con sonoras palmadas en la espalda. Las miradas de admiración que ocultaban la envidia. “Envidia de qué”, pensaba. No había mucho que envidiar: doce meses de encarcelamiento y tortura psicológica, sin saber si cada amanecer era el último día de tu vida.

Una puerta se abrió silenciosa en un extremo del gran salón. Alzó los ojos y vio al Gran Salvador que con pasó rápido y los brazos extendidos se acercaba a él, con ademán de abrazarlo.

--¡Cuánto me alegro de verte Burrell! Tantos años sin saber de ti. Sus brazos rodeaban sus hombros y palmoteaba su espalda con energía. ¿Cómo te va?
--Muy bien, tengo trabajo y amigos. Me gusta esta tierra y me encuentro cómodo aquí. 

--¿Te has repuesto ya del todo, después de aquellos meses de martirio en aquella maldita cárcel?

--Me costó, pero me repuse del todo.

--Me alegro, me alegro mucho. Tú siempre fuiste leal a nuestra causa. Un-héroe-de- nuestra-Causa, lo subrayó  con emoción
.
Su mirada se tornó inquisidora cuando volvió a tomar la palabra. 

--Por cierto, ayer, cuando pasaba bajo tu balcón, me di cuenta de que no aplaudías, que guardabas silencio. Me he enterado de quienes eran los que estaban contigo: son enemigos. 

--Yo no diría eso. Él es defensor de sus propios ideales, ideales que tú  persigues. Esa es la diferencia: él no te persigue a ti. Sencillamente, no te aplaude y emplea los medios leales para ganar  su propia causa. 

--Pero eso equivale a ser enemigo. Quién no está conmigo, está contra mí. 

--Eso lo dijo Cristo, pero tú no eres Dios. 

--Aléjate de él. Es consejo de buen amigo.


--Te contaré lo que no sabes, Gran Salvador; había un deje de ironía en su voz. 

--Cuando me liberaron de aquella hedionda cárcel, yo estaba enfermo, muy enfermo. Nos sacaron a todos como ganado. Tú y tu gente os acercabais rápidamente  y no tenían tiempo de rematarnos. Los carceleros tenían que huir rápido si querían salvar el pellejo. Durante algún tiempo caminamos hacía vuestras posiciones, cada uno como podía. Buscábamos la seguridad del propio bando.  Pero yo ya no tenía fuerzas y me tumbé en la cuneta, esperando morir. Tu enemigo, como tú le calificas, huía de vosotros; se había quedado defendiendo su posición hasta el último momento. Su objetivo era alcanzar la costa y embarcar en el último barco que zarpaba ese día. Había conseguido un coche en el último minuto. Huía en la misma dirección que yo debiera haber tomado. Pero en un punto dado del camino, él giraría en  dirección a la costa, evitándoos.
No sé lo que fue que le hizo aminorar la marcha cuando pasaba a mi lado. Pero  me  reconoció a pesar de que  yo había adelgazado tanto que esta irreconocible.  Habíamos sido amigos  desde niños. Cada uno pensábamos distinto, pero nos respetábamos mutuamente. Paró inmediatamente, me llamó por mi nombre. Yo no tenía fuerzas ni para hacer ademán de levantarme y menos para acercarme al coche. Salió rápido  del vehículo, y cargó conmigo hasta él. Nos fundimos en un fuerte abrazo.  Se acercó cuanto pudo a las filas de mi gente – de tu gente – y se aseguró de que me dejaba en manos de buenas personas que cuidarían de mí hasta que vosotros llegarais. Nuestra despedida fue rápida pero sentida; no había tiempo para más. Después él continuó su camino hacia el mar. 

--Te salvó la vida.  Y por lo que veo, él también se salvó. 

--Sí, fui yo quién le defendió en su juicio. Y lo gané. 

Burrel se calló, observando con calma al que también había sido amigo de su infancia.

--Sabes, Thomas, Anders –como bien sabrás  es el nombre de mi amigo - y yo somos dos hombres libres: libres de odio, libres de rencor, libres de deseos de venganza. Somos amantes de la libertad ajena y la propia. Nos gusta la lealtad. Pensar distinto, no es traición. 

Thomas tenía los ojos empañados de lágrimas. Burrell lo recordaba siempre así: una mezcla de despotismo y sentimentalismo edulcorado. Pensó que era un buen momento para despedirse. Se acercó a su amigo y le tendió una franca mano. Thomas se la apretó con calor:

--Deséame suerte, le pidió.

--Te desearé algo mejor, sonrió Burrell, te deseo que llegues a ser un hombre libre, libre como nosotros,  como has prometido a la masa. Así estaremos todos en el mismo bando.

Quince  minutos más tarde salía por la puerta principal del Gobierno Civil. 

Se atusó el bigote ocultando una sonrisa divertida.

miércoles, 10 de abril de 2013


DOS HOMBRES LIBRES. 
Primera parte

Hockney, Late Spring

El Gran Salvador  de la nación saludaba desde el balcón del Ayuntamiento  a la muchedumbre  enfervorizada que se arremolinaba a los pies del edificio, inundando la plaza que se desplegaba delante de él. Innumerables banderas nacionales se agitaban furiosamente  en círculos concéntricos y  desde todos los rincones de las calles que convergían en la Casa Consistorial, se oía un rugido ensordecedor. Los gritos exaltados y los ¡vivas! eran atronadores. El himno nacional, interpretado por la banda municipal,  era inaudible, apagado por el tumultuoso gentío que lanzaba gritos de ¡¡¡Viva  el salvador del pueblo!!! ¡¡¡Él es nuestro líder!!! ¡¡¡Con él somos invencibles!!! 

Y El Gran Salvador contempló satisfecho  la masa sin rostro que se revolvía a sus pies. Paseó la mirada lentamente por la gran plaza, en la que los jardines eran invisibles entre los cuerpos que la abarrotaban, recorrió los edificios que la rodeaban con los balcones repletos de gente. Una ingente masa sin rostro seguía a voz en grito los eslóganes que se incoaban. Sonrió  complacido. Los personajes que junto a él presidian la manifestación, también  sonreían, orgullosos y satisfechos. Por fin le podían ofrecer, rendido a sus pies, aquel pueblo que decían era invencible y rebelde. Allá estaban aquellas gentes, enardecidas, gritando frenéticamente su nombre, como quien convoca a un dios.

Entre la multitud, en los puntos más alejados de la plaza, donde casi no alcanzaba la vista,  grupos de hombres de variadas edades, permanecían de pie, callados, procurando defenderse de los empujones de la masa. No gritaban, ni agitaban sus brazos. Eran los obreros y directivos medios de las mayores empresas de la zona, obligados con suaves palabras, que encerraban encubiertas amenazas silenciosas, a incorporarse a la acogida libre y sincera del vencedor. Diseminados a lo largo de otras calles laterales había grupos similares, que pasaban desapercibidos para la mayoría de la gente, pero no para los equipos de seguridad.

El Supremo Líder del pueblo volvió a levantar su brazo, haciendo ademán de que se callaran. Lentamente el mudo mensaje se fue extendiendo por la riada humana desparramada por la plaza y calles y su voz, recogida por la megafonía,  se pudo oír por toda la urbe, ahora en silencio: 

“Compatriotas, con vuestro esfuerzo leal, generoso y valiente, hemos conseguido la gran victoria que nos llevará a un mundo nuevo, donde las estrellas brillarán en el firmamento, la justicia volverá a regir  nuestras leyes, la honradez liderará nuestro gobierno, y los hombres serán libres para siempre”. 
Continuó hablando durante un cuarto de hora, interrumpido por constantes aplausos que quemaban las manos hasta que las palmas se volvían rojas e hinchadas.
Cuando terminó de hablar, los vivas retumbaban contra los edificios, las gargantas se desgañitaban y los brazos, rompiendo el aire, se agitaban, descontrolados. ¡¡¡Viva el  Gran Salvador!!! ¡¡¡Arriba nuestro Jefe Supremo!!! Quienes le rodeaban reventaban  de orgullo, queriendo participar de la sombra gloriosa  de su jefe. Las sonrisas eran serviles, las palabras untuosas, buscando el favor del todopoderoso.

El  Gran Hombre, desapareció detrás de los cortinones del balcón. La multitud seguía sin moverse mientras continuaba gritando consignas de fidelidad eterna y cantando canciones patrióticas. 

Una hora más tarde, después de la recepción ofrecida por las autoridades locales, hizo su aparición un gran coche descapotable de marca extranjera que esperó, en marcha, ante la puerta del Ayuntamiento. Las fieles fuerzas del orden abrieron un amplio camino hasta el automóvil. Era difícil apartar al  gentío situado cerca de la puerta principal. Por fin, el Gran Salvador hizo su aparición. Casi no se le veía, rodeado como estaba de la masa de seguidores. Al cabo de un tiempo su figura apareció sobresaliendo sobre las cabezas de la gente. Se situó de pie en la parte de atrás del descapotable, solo, sonriente y triunfante. El  Gran Salvador se iba a dar un  baño de multitudes. 

El abogado Burrell, y la familia de su mejor amigo, observaban todo desde los balcones de su casa,situada diametralmente en frente del Ayuntamiento. Se preguntaba cuál de los dos brazos de la plaza tomaría el Gran Héroe  para  enfilar  la calle principal de la ciudad que  conducía al Gobierno Civil. Burrell  había tenido tiempo de comprobar que los tejados y buhardillas de las casas que rodeaban la plaza estaban tomadas por el ejército, con las ametralladoras apuntando hacía la multitud.  Si el coche elegía la derecha, pasaría a los pies de su balcón. 

Esperó con tensa curiosidad. El coche avanzaba muy lentamente. A su paso, algunas mujeres se emocionaban sin poder contener las lágrimas. Los padres alzaban a sus hijos pequeños sobre los hombros para que pudieran ver bien al Gran Líder. Los jóvenes se desgañitaban gritando consignas partidistas. Los ancianos miraban con ojos empañados. En todos los balcones había gente aplaudiendo calurosamente mientras gritaba vivas enardecidos. Y el Líder  levantaba la mirada y saludaba agradeciendo con entusiasmo  la acogida.

El coche tardó veinte minutos antes de que se acercara a la casa de Burrell. Uno de los  dos balcones estaba ocupado por el abogado y su amigo y el otro por la mujer y la hija de este. Ninguno  aplaudía, ninguno profería gritos de entusiasmo. Ninguno saludaba. Todo era  silencio y observación. El Gran Salvador alzó sus inquisitivos  ojos, taladró con su mirada a los ocupantes y pareció reconocer a alguno. Fijó sus ojos en Burrell y sonrió imperceptiblemente. El abogado correspondió con  un leve movimiento de cabeza. Los dos se  sostuvieron la mirada. El coche siguió avanzando en su lento recorrido, dobló la curva y enfilo la calle principal. 

La multitud corrió detrás del  coche,  algunos eligieron  las calles adyacentes  para poder adelantar a su héroe y  alcanzarle calle abajo, cuando llegará a la casa del Gobierno Provincial. 

Burrell y sus amigos dejaron el balcón y se reunieron en el salón. Su amigo, un hombre alto y fuerte se dirigió a él:

--Te has arriesgado demasiado Burrell, te ha reconocido.
--Y me ha sonreído, respondió en tono ligero, atusándose el bigote en uno de sus inveterados tics.
--Ten cuidado, los tiempos son difíciles. 
--No te preocupes, no te olvides que he luchado a su lado.
--Sí, pero ahora no estás de su lado. Y lo sabe. 
--Descubrirá quienes estábamos contigo en el balcón, terció la mujer del hombre alto y fuerte.
--Inmediatamente será informado, estoy convencido pero no olvides que estáis legalmente en este país. Burrell hablaba con firmeza
--Sí, pero no seguros.
--No le des más vueltas Carmen, no va a pasar nada. Esperad un poco a que se aclaré la calle y marchaos a casa. Os llamaré más tarde para ver que tal os ha ido.

No bien habían desaparecido por la puerta de la casa, sonó el teléfono. Burrell lo cogió rápidamente. 
--Dígame
--¿El Abogado  Burrell? Era una voz de hombre fría, neutra.
--Sí. ¿con quién hablo?, la voz de Burrell era controlada y bien modulada.
--Soy el General Martin. Le llamo desde el Gobierno Civil. Departamento de  investigación interna. Me gustaría que mañana pasara por nuestras oficinas a las nueve de la mañana.
--Me temo que no podré acudir a las nueve. Tengo un juicio pendiente a esa misma hora.      Usted comprenderá que no puedo dejar solo a mi defendido.
--Tendrá que posponerlo, la voz del General Martin era una orden esta vez. 
--De todas formas, ¿de qué se trata? 
--Hay un asunto que queremos discutir con usted. 
--¿No puede adelantarme algo? Es posible que lo que usted requiera mañana, necesite previa preparación de datos.
--No hará falta nada de eso. Pasaremos a buscarle a las nueve menos cuarto en punto, subrayó en punto con una leve inflexión de su voz.
--De acuerdo, aquí estaré. Burrell parecía en plena posesión de sus nervios. 

Colgó el auricular. Se sentó en el sillón de la mesa de su despacho, apoyó la cabeza en el respaldo y cruzó las  manos sobre su estómago. Sus ojos inteligentes recorrían la habitación   sin verla, casi se podía oír crujir  su  cerebro, cavilando sobre lo que acababa de escuchar. 

“He pasado por esto antes, pensó, aunque en el bando contrario”. 

viernes, 1 de marzo de 2013



Muelle de Las Arenas. Acuarela de Paloma Rojas

VERDAD/MENTIRA.MENTIRA/VERDAD


        --Las carátulas a veces mienten, pensé

Había recibido una invitación, una cita a ciegas con cincuenta años de música vasca. Consistía en una exposición de portadas y carátulas de composiciones musicales realizadas durante esos años, explicadas por el organizador de la misma y colaborador de algunas de las obras.

Y sin embargo aquel encuentro  con lo desconocido me estaba resultando difícil de captar.Flotaba en el desconcierto. Me costaba aterrizar sobre un terreno firme. 

Así que decidí interpretar a mi modo el despliegue de  fundas de discos de vinilo que habían envuelto  las obras realizadas durante ese medio siglo.

Mi  versión personal  no tenía ninguna relación  con la música, ni con los intérpretes y sus circunstancias, ni tampoco con  los provocadores títulos de algunas canciones, ni con las letras rebeldes de otras.

No era eso lo que golpeó mi cerebro con fuerza. No. Simplemente, me evocó la capacidad de engaño del ser humano para disfrazarse con envoltorios que ocultan su auténtica realidad, creando imágenes externas que no responden a realidades  internas.

Como un relámpago inesperado, una segunda opción iluminó mi pensamiento.Sí. También podían  ser el vehículo utilizado, no para ocultar, sino para mostrar.

-     --Las carátulas no siempre mienten, me corregí a mí misma.

lunes, 4 de febrero de 2013

CARTAS AL DIRECTOR




BOTES. ACUARELA DE PALOMA ROJAS


A MIS QUERIDOS EXTRAÑOS VECINOS

Como todo el mundo sabe, la gente de mi profesión somos pocos madrugadores pero muy trasnochadores. . Una vez terminada la representación de la noche, y después de la sesión de desmaquillaje y embutirme en mi propia ropa, tengo que cruzar media ciudad hasta llegar a mi casa. Por eso no es raro que el silencio en mi piso sea casi aterrador. Puedo oír mis propios pasos  retumbando a lo  largo pasillo. Como vivo en un primer piso, sé  que no hay posibilidad de despertar a ningún vecino y  en cuestión de segundos  Morfeo se ha apoderado de mí.
No conozco a mis vecinos de arriba, tan solo se de su existencia por los sonidos que diariamente emiten. 
Cuando he alcanzado el estado REM, y estoy en lo mejor de mi sueño,me despiertan varios tac, tac, propinados a las puertas de las habitaciones situadas a lo largo del pasillo. Exactamente 6 pues la distribución de los pisos es la misma en todos.  
Sé que a este repiquetear le seguirá  un leve minuto de silencio, interrumpido por un desbordamiento de aguas similar a las cataratas del Niágara. Después vienen diez minutos de silencio, que será roto por  una marcha militar de 12 pies hacía la cocina de la casa. En ese momento  parece que todos los pájaros del parque cercano se han concentrado en ese punto para  conversar.   
Durante  aproximadamente  quince minutos escucharé seis portazos consecutivos.
Luego viene la paz. 
No tengo nada contra mis vecinos. Tan solo quiero saber quiénes  son mis queridos extraños vecinos.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

CARTA DE AMOR NO PRESENTADA A CONCURSO



Paseo de enamorados bajo los manzanos de Henry Martin



Rafael querido:

Hace unos minutos  que hemos hablado por Skype, pero me conoces y sabes lo poco  expresiva que soy, lo mucho que me cuesta desvelar mis propios sentimientos. Es un extraño pudor, un temor a ser rechazada.No lo sé. O quizás ambas cosas.

Me he quedado inquieta y  necesitaba escribirte lo que me hubiera gustado ser capaz de expresar con palabras,

Creo que desde que nos conocimos, no te he demostrado lo mucho que significas en mi vida. La necesidad de ti ha ido creciendo gradualmente según han pasado los meses, pero soy desconfiada e insegura, como bien sabes y necesito que me reafirmes con frecuencia que me quieres de verdad; que tu amor no es un juego superficial sino una elección definitiva que descarta libremente otras alternativas legítimas. Un querer que se compromete libremente a cerrar otras puertas  que  pudieran abrirse  invitadoras, en un futuro,  como posibles huidas ante situaciones difíciles. 

¿Sabes lo que sueño para nuestra vida? No sueño con un matrimonio sin dificultades, porque no existe. Sueño con aprender a querernos tanto, que entre los dos, construyamos un edificio sin fisuras porque hemos sido capaces de amarnos como somos y comprendernos de tal forma que sepamos perdonarnos mutuamente cuando hayamos fallado.

Acabo de descubrir un poema de Gerardo Diego: “Me estas enseñando a amar”.
La primera estrofa dice: 
Me estás enseñando a amar.
  Yo no sabía.
 Amar es no pedir, es dar
    Noche tras día
Y termina con esta otra:
Me estás enseñando a amar. 
      Yo no sabía. 
          Amar es  no pedir, es dar.
           Mi alma, vacía.

Aspiro a aprender a amarte así. 

PD
No te sorprendas si mañana, al hablar por Skype, vuelva a ser tímida y aparentemente fría.

lunes, 17 de diciembre de 2012

FELIZ NAVIDAD 2012




FELIZ NAVIDAD Y UN AÑO 2013 LLENO DE PROMESAS REALIZADAS, OS DESEO DE TODO CORAZÓN
Ha sido realizado por una amiga mía que se dedica a la papirofléxia 

miércoles, 5 de diciembre de 2012

UNA HISTORIA PROPIA



Pareja de enamorados de  Henri Martin


Llevaba algún  tiempo en el paro sin muchas esperanzas de conseguir un nuevo trabajo. Inesperadamente surgió la posibilidad de trabajar como secretaria de una conocida escritora, que varios años atrás, quedó inválida  después de sufrir un grave accidente de coche. No se vale  por si misma y necesita una persona que le acompañe en sus diarias salidas en silla de ruedas, además de desempeñar el trabajo de secretaria. El horario es absorbente pero el sueldo es muy bueno, así que acepté.


Alejandra, así se llama, tiene un sistema de trabajo muy personal. Cada día salimos  unas horas por la mañana y por las tarde a pasear por la ciudad. Observa y escucha a la gente con quién nos cruzamos y toma notas en un pequeño cuaderno que lleva siempre consigo. A veces, nos paramos simulando mantener una corto dialogo,mientras, mi escritora registra datos de personas o jirones de conversaciones que le llaman especialmente la atención. Una vez en casa, yo le ayudo a pasar  sus notas al ordenador.  Ambas disfrutamos con el trabajo.Poco a poco, Alejandra perfila los personajes, construye una trama, crea una atmósfera. De vez en cuando me atrevo a hacerle algunas observaciones y sugerencias  que escucha con interés. Me llama la atención lo receptiva que es.


La rutina diaria es siempre  la misma. A primeras horas de la mañana recorremos el paseo paralelo al río, que, a pocos metros desemboca en mar abierto. Los árboles que  bordean la avenida,  proporcionan sombra cuando avanza la mañana  y parecen traer el ambiente del campo a la ciudad.  Habitualmente  nos cruzamos  con los mismos transeúntes.Van a paso ligero en dirección opuesta a la nuestra, hacia el corazón de la ciudad.


Entre las muchas personas que nos hemos  cruzado en nuestras correrías en los meses que llevó trabajando con Alejandra, nos llamó la atención un hombre joven de mediana estatura, y andar decidido, lleno de la  fuerza propia de una persona en la plenitud de sus facultades. En su rostro, atractivo sin ser guapo; destacaban un par de ojos vivos de  mirada inteligente que parecen interrogar a la vida, buscar respuestas nuevas a cuestiones   eternas.


Un día cualquiera de principios del  otoño, apareció una mujer joven en el horizonte. Él y ella se saludaron; parecían conocerse de una manera superficial. Continuaron juntos el camino hacía el interior de la ciudad. La conversación era irrelevante,  simple intercambio de formalidades:
--Tú  también estás en la universidad, creo haberte visto alguna vez...
--Sí, pero no soy tan popular como tú--dijo la mujer joven riendo--tienes encandilados a los alumnos con tu apertura de mente y  teorías rompedoras. 
--Hay que hacerles pensar-- respondió él  con una sonrisa complacida.
--¿Te vi el otro día en la conferencia  del Rector  de la Universidad  XXX?, preguntó a continuación.
--Sí, me gustó, pero disfruté más con la conferencia de Lorenzo Silva, sobre su premio Planeta.


El invierno siguió  su curso. Observamos, entonces,que  no se encontraban  casualmente, sino que se esperaban al principio del paseo. La conversación era animada, tenían temas comunes,compartían puntos de vista; sonreían, reían, no se fijaban en el resto de los transeúntes. 
El hombre joven exponía  con entusiasmo sus puntos de vista sobre lo que debía ser la Universidad: un lugar  de investigación, una  proyección  de ideas y  formas nuevas. Ella compartía  sus puntos de vista;también  tenía  ambiciones de mayor conocimiento y deseos de aprender.


La primavera hizo  su aparición y  Alejandra sonreía  al ver que la distancia física entre ambos era cada vez más  estrecha, hasta que acabaron enlazados por la cintura ó cogidos de la mano.Sólo tenían ojos el uno para el otro.La complementariedad era evidente. La conversación fluía, el juego eterno del coqueteo cristalizaba en una relación más sólida. Por mucho que Alejandra y yo intentáramos  oír lo que decían era  difícil saber de qué hablaban. Las  palabras  eran  íntimas y destinadas a un solo oyente.


Con la llegada del verano todos huimos hacia otros horizontes. Alejandra y yo nos fuimos de vacaciones.  Ocupamos  esas semanas perfilando su novela.


El principio de curso trajo  al hombre y la mujer jóvenes  al mismo paseo. La relación entre ambos  era menos alborotada, más serena. Se esperaban al principio del paseo para emprender  el camino junto. A veces era ella la que llegaba jadeante y sonriente, otras veces era él quien se retrasaba y pedía  disculpas. Una vez reunidos, él arropaba la espalda de ella con su brazo y reanudaban su conversación. Alejandra ponía  todos los medios para poder escuchar lo que hablaban: él expresaba acaloradamente  su irritación por las actuaciones de otros profesores sin inquietudes que tan solo cumplían sus horas sin molestarse en ampliar saberes: lo calificaba de  “ignorancia culpable” porque   iba en detrimento de los alumnos.
--Su inercia me indigna, comentaba con enfado, porque tienen todos los medios para investigar. Eso, pensar, preguntarse--casi gritaba


Inesperadamente, llegó el invierno con su aire húmedo y sus rachas de viento gélido. Alejandra  observó  que  en algunas ocasiones,uno de ellos recorría el camino en solitario, aunque  al día siguiente, volvían a encontrarse, entrelazaban las manos y acompasaban el andar. La conversación era más seria, menos fluida, las sonrisas  menos frecuentes.Las miradas cómplices se tornaron inquisitivas, indagadoras.Su conversación versaba sobre tópicos menos personales: el último libro leído,la última película visualizada.


Por fin la primavera volvió a hacer su ruidosa aparición,llena de colorido y aromas nuevos. Durante días consecutivos, solo apareció  el hombre joven en el paseo. Su paso era rápido; su mirada seria, distante. No había  expectativa en sus ojos,ni la alegre marcha despreocupada de alguien  lleno de planes e ilusiones.


La mujer joven no volvió  a aparecer. Alejandra y yo la volvimos a ver  en alguna ocasión  en una calle paralela al paseo; se dirigía  hacia el centro urbano por el interior de la ciudad.Caminaba  seria, iba  a su ocupación.Había perdido el andar ligero y juvenil. Seguía manteniendo la cabeza erguida.Pero su expresión revelaba el paso de la experiencia y la  desilusión. Parecía  estar  herida.


--La misma historia de siempre, refunfuñé por lo bajo.  
--No, no es eso, replicó Alejandra. Para ellos ha sido uno de los eslabones que dejará huella,conformará sus vidas. No de una manera definitiva quizás, pero añadirá un elemento más a su bagaje  vital. 
--No hay una historia de siempre, musitó  Alejandra. Cada uno tenemos nuestra  propia    historia.

viernes, 2 de noviembre de 2012

HA VUELTO A OCURRIR



Hopper

Cuando la pesada  lámpara del comedor de la abuela se desplomó repentinamente  sobre la mesa de  cristal, adornada y servida  ya para la noche de Navidad, todos nos quedamos atónitos. Era uno de los tesoros de la familia, heredada generación tras  generación. Las innumerables lágrimas que colgaban  de sus seis brazos reflejando  la luz de sus muchas bombillas, proporcionaba un resplandor  deslumbrante que alcazaba hasta la última esquina de la habitación. 

El impacto  fue como una explosión de luz cegadora, que inmediatamente se convirtió en una oscuridad aún más cegadora. Un silencio impregnado de imprecisos  sentimientos nos sobrecogió a todos.

Al reaccionar ante el primer susto y encender todas las   velas de los adornos de navidad dispersos por la casa,   pudimos comprobar que  su caída había    incidido   sobre un punto  vulnerable y estratégico que hizo añicos el vidrio y abrió un inmenso   boquete por el que   un amasijo de platos, vasos  y  cubiertos, envueltos  por las manjares ya preparados, se había  deslizado  hacía el suelo, dejándonos sin cena.

Desde entonces las cenas de Navidad nunca volvieron  a ser lo que fueron. 


Hoy ha vuelto a ocurrir.  


Él ha elegido uno de esos agradables restaurantes céntricos en los que parece concentrarse media ciudad durante los fines de semana. Reina la alegría y las conversaciones son animadas y ruidosas. 
  
Ha reservado una mesa junto a las ventanas, algo apartada del resto. La calle es un ir y venir de gente alegre y bulliciosa. En el interior, en nuestro rincón, hay  un ambiente cálido  de intimidad. 

Durante mucho tiempo he estado  esperado este momento con ilusión e impaciencia: él y yo, solos, frente a frente. Él tiene el don de dar luz a  mi existencia. Presentía que nuestra vida iba a tomar un giro definitivo, que por fin se había decidido.

Parecía algo nervioso. Ha escogido mi menú preferido, comentado cosas sin mayor trascendencia. Yo he hablado animosamente de generalidades para relajarle. He intentado darle confianza en sí mismo para facilitar  se decidiera a proponerme lo que tanto esperaba.

Me ha mirado a los ojos y mi vida ha quedado iluminada como un ascua ardiente.  Pero  no ha podido sostener mi mirada alentadora. Ha hecho ademán de coger mi mano pero la  ha retirado con un movimiento rápido de arrepentimiento. 

Entonces le he oído decir: “Perdóname si puedes. Te he estado engañando todo este tiempo. Hay otra mujer en mi vida.  Me  voy a casar con ella.”

Sus palabras  han estallado contra mi mundo de sueños y esperanzas haciéndolo trizas. Una gran herida se ha abierto en  mi vida y he contemplado  mis ilusiones deslizarse por ella hasta desaparecer de mi horizonte. Me he quedados sumergida en la oscuridad más profunda. El silencio me ha envuelto. Tan solo podía escuchar mi corazón latiendo aturdido y  golpeando mi pecho sin piedad.

Desde entonces mi vida nunca ha vuelto a ser la que era.

(*)
En las Clases de Escritura Creativa, nos han dado un el siguiente cuestionario, como pautas sobre las que  libremente podíamos escribir un relato. Lo que he escrito más arriba, es el resultado de mi ejercicio. 

LA LAMPARA CAÍDA
¿Quienes están cenando en ese lugar?
¿Que relación existe entre ellos?
¿Es agradable la cena?
¿Están contentos, tensos, molestos?
¿Donde están cenando?
¿Como es el lugar?
¿Por qué están en el restaurante?
¿Que se ve por las ventanas?
Motivo de la cena
Descripción del momento de la caída de la lámpara
¿Por qué no dicen nada cuando la lámpara se cae?
¿Que hacen o dicen los demás comensales?
¿Que representa  o  que sentido puede llegar a tener en el cuento el hecho de que se caiga la lámpara? 
¿Que sentido le da esa caída? 



jueves, 11 de octubre de 2012

AMORES MULTIPLES




Jeune Couple dans un Verger au Printemp de  Henri Martin


Cuando  eran unos bebés  las madres de Isabel, Leticia y Susana,  se reunían en un trocito de verde en el centro de la urbanización. La amistad de las tres niñas fue echando raíces y sus vidas siguieron la misma trayectoria  hasta hacerse inseparables. 

Fue sus distintas profesiones  lo que las  dispersó. Isabel se trasladó a Copenhague, Leticia  a Estocolmo y Susana  a  Oslo. Planeaban  verse con regularidad. La  distancia entre uno y otro país  no era  grande y los  vuelos frecuentes entre las tres ciudades. 

A pesar de todo su empeño no lo lograron  hasta algunos años más tarde.  El trabajo había sido absorbente y  durante los fines de semana, obligaciones sociales  derivadas de sus trabajos, les había impedido viajar a uno u otro país.

Por fin  en sus próximas  vacaciones de verano, que habían conseguido hacerlas coincidentes, se reunirían por primera vez. Las tres habían determinado  que necesitaban ir a una cálida isla en la que desquitarse de los meses fríos y sombríos de los países nórdicos y calentar sus  huesos bajo el brillante e inmisericorde sol mediterráneo. Sus conversaciones vía Skype vibraban de emoción y nervios ante todas las cosas que tenían que contarse: sus experiencias profesionales, las relaciones sociales,  los hombres que habían conocido, los éxitos  y los fracasos  experimentados. 

Buscaron un hotel pequeño y familiar, frente a una pequeña cala transparente y apacible. Llegaron escalonadamente a la isla y se reunieron en el acogedor salón desierto en aquel momento. Después  de los alborotados saludos y abrazos primeros, pasaron a hablar,  quitándose la palabra la una a la otra, de  la dureza del clima, la diferencia de temperamentos,  las formas de vida tan distintas a las conocidas hasta entonces, la falta de comunicación, la experiencia laboral adquirida, los  contactos profesionales, las nuevas amistades. 

Fue Isabel la primera que abordó el tema: había conocido a un chico danés encantador, divertido. Se lo había presentado un compañero de oficina muy poco después de su llegada a Copenhague. Se veían con frecuencia durante la semana, porque en los fines de semana viajaba a casa de su madre enferma con Alzheimer; desde la muerte de su padre tenía que atenderla. Le había costado la situación pero por otro lado le gustaba su actitud de buen hijo. No podía ocultar que  estaba entusiasmada  con Hans. Todavía no habían formalizado su relación pero estaba segura de que estaba al caer. 

Leticia, sonrió tímidamente y comentó con seriedad:--“Algo parecido me ha sucedido a mi. En mi caso es un sueco, Borj. Vive en el apartamento lindando  con el mio. Bueno, en realidad, solo está en Estocolmo los fines de semana porque el resto de la semana trabaja en Escania. Lo conocí por casualidad, sacando la basura por las noches. Mi bolsa pesaba tanto siempre  que no podía con ella. Vino a echarme una mano y ahí empezó todo. Es abogado, y trabaja en uno de los  bufetes más conocidos de la zona pero es ambicioso y tiene proyectos de establecerse en Estocolmo y montar una firma de abogados con otros compañeros de carrera. Me encanta lo emprendedor que es, la valentía con que encara la vida”

“Tengo que reconocer que no pensaba hablar de ello,- dijo Susana- pero yo también estoy perdidamente enamorada de Harald. No os puedo explicar lo maravilloso que es: a mi me trae loca. Literalmente. No nos vemos mucho, solo por las mañanas, porque yo trabajo por las tardes y él es médico y sus horarios de trabajo son nocturnos .Están mejor pagados y así puede ahorrar para para comprarse una casa en el campo y vivir lejos de la ciudad, donde no le gusta estar. Es un hombre muy hogareño y familiar”

“Quien nos iba a decir que las tres nos fuéramos a enamorar de un nórdico”- suspiró  Isabel. “Que cosas tiene la vida,--continúo,--siempre nos habíamos contado todo, pero esto lo hemos guardado  cada una sin comunicarnos nada. No se, quizás hay cosas que una quiere disfrutarlas sola, porque son demasiado propias, demasiado íntimas para hablarlas por teléfono. En fin, que aquí estamos las tres, suspirando por nuestros hombres y echándolos de menos. No pensaba enseñárosla pero he traído una foto de Hans”,
 Metió la mano  en su bolso, sacó su móvil y buscó la fotografía. Tanto Leticia  como Susana realizaron la misma operación y las tres  se pasaron los móviles una a otra. Reinó un extraño silencio durante unos segundos; las tres alzaron la cabeza y murmuraron a coro: "¡pero si es Hans, pero si es Borj, pero si es  Harald!"  

Cada uno de los móviles  mostraba al mismo hombre  nórdico, un auténtico viquingo, rubio de ojos color cielo mediterráneo, sonriente y luciendo una magnífica dentadura, afable, seductor. Un silencio pesado cayó sobre las tres; se miraban sin verse; casi se podía oír el crujir de sus cerebros  intentando casar  la estrategia de su hombre. 

La primera en hablar fue Isabel: --“¡Como es posible que hayamos sido tan tontas que nos hayamos dejado engañar por este tipo! No se como podía organizarse para quedar con cada una de nosotras sin que notáramos nada. Es indignante. Es humillante. Se me ocurre una idea, a ver que pensáis vosotras. Cada una podemos invitar a nuestro novio a venir unos días a esta isla. Pongamos la misma  fecha de llegada y veamos como se las arregla para ocultar que es la misma persona” 
--“Será piloto”, sugirió Leticia—“Una llamada rápida será lo mejor pero lo tendremos que hacer a distintas horas  porque  de lo contrario  nos encontraremos con que comunica todo el tiempo”. 
--“Cierto”,-- Leticia—“si queréis empiezo yo”. 

Marcó el numero tan conocido y a los pocos minutos oyó la voz entusiasmada de Borj preguntando por sus vacaciones, y por como estaba disfrutando con sus amigas. Leticia fingió gran ilusión y  describió con detalle  lo que habían hecho desde que habían llegado a la isla. Inmediatamente pasó a invitarle a venir a verla cuando más le conviniera porque le echaba mucho  de menos. Con voz decidida quedó en volar el viernes; le pondría un mensaje con su hora de llegada.  

Luego fue Susana la que realizó la llamada y  la voz de Harald sonó sorprendía ante la invitación de venir a verla el próximo viernes—“pensaba que queríais estar las tres solas"—dijo, pero reaccionó inmediatamente—“buscaré un vuelo y te avisaré de la hora de aterrizaje, será estupendo pasar unos días juntos, conoceré a tus amigas del alma”  
Por último Isabel   llamó a Hans  que decidió que no pasaría nada porque, por una vez, dejara a su madre al cuidado de  una tía durante ese fin de semana.

Al día siguiente las tres recibieron sus correspondientes llamadas a través del móvil y se sorprendieron de la audacia del tipo al ver que había quedado en llegar al hotel a las 12 en su versión de Hans, a las 12.30  como Borj y  Harald anunció que para la 1 se presentaría en el hotel.

El viernes llegó. Las tres decidieron que cada una se presentaría sola en el vestíbulo  a la hora fijada con cada uno y se dirigirían a diferentes lugares del hotel.   Querían ver como se las arreglaba para solucionar  su triple  actuación. 

Hans llegó con unos minutos de retraso, su avión había sufrido media hora de demora en la salida  pero había ganado tiempo durante el vuelo: se mostró encantado de ver a  Isabel. La abrazo con fuerza y alejándola un poco de si la contemplo con arrobamiento. Se sentaron en la terraza que daba a la parte de atrás del hotel y que ofrecía una vista maravillosa del pequeño valle que se desplegaba a sus  pies. Expresó con fuerza  lo mucho que la había echado de menos. Lo había pensado muy en serio y había llegado a la conclusión de que era la mujer de su vida y le pedía que se casara con él. “El muy sinvergüenza"—pensó Isabel—"¡como se atreve!”. Pero sonrió y contestó que también ella lo había pensado detenidamente pero necesitaba más tiempo para tomar una decisión definitiva; el matrimonio era algo muy serio. –“Estoy  de acuerdo pero no tardes mucho—contestó Hans—porque el suspense no me va a dejar vivir”

“Sobrevivirás, no me cabe duda” Respondió ella con sonrisa forzada.

Acababan de dar las 12.30 y Hans seguía  conversando de manera relajada; planeaba su futuro con ilusión y sencillez; le gustaban los niños, él había nacido en una familia numerosa. La indignación de Isabel iba subiendo de grados hasta casi estallar. Fue entonces cuando oyó su voz disculpándose por tener que ausentarse brevemente; le preguntó si sabía donde estaban los servicios. Isabel se lo indicó. Volvió a la terraza y se quedo observando que ocurría en la entrada del hotel.

Vio a  Leticia cruzando  el vestíbulo. Espero en tensión para ver que ocurría. A los pocos minutos reapareció cruzando el hall y dirigiéndose al bar. Junto a ella caminaba Hans.  

“¡Atrapado!”—se dijo a si misma Isabel. Decidió no salir de la terraza y ver como planeaba Hans  el siguiente movimiento.

Cinco  minutos más tarde Hans reapareció por la puerta de acceso a la terraza. Venía sonriente y feliz. Silbaba por lo bajo la vieja canción de "Only You". Se sentó junto a ella, le cogió la mano acariciándola con suavidad y cariño. Ella le miró asombrada. Él se sorprendió ante su mirada y preguntó inquieto:--  “¿Ocurre algo? Te notó algo distinta, no se, lejana, desconfiada. No eras así  ¿He hecho algo que te haya molestado?”

“¿Pero como puedes ser tan sinvergüenza?—explotó Isabel

Los ojos de Hans se abrieron como platos y en ese momento Isabel vio pasar  fugazmente a Susana cogida de la mano  de otro hombre rubio y  alto, que le contemplaba con arrobo. 
Pensó  que se estaba volviendo loca o que Hans había buscado a dobles para hacer su triple papel. Se volvió furiosa hacía él. 

En ese preciso instante  hicieron su aparición en la terraza sus dos amigas colgadas del brazo de dos replicas de Hans. Este se levanto rápidamente con cara de sorpresa y se dirigió hacia ellos. Saludo calurosamente  a cada uno de los hombres y beso a cada una de las mujeres. Se volvió sonriendo a Isabel y con voz alegré le comunicó: --“Estos son mis hermanos, Borj y Harald. Somos trillizos. Y exactos. Lo único que nos distingue es la voz. Por razones de trabajo vivimos en distintos países pero somos daneses de nacimiento. Somos poco comunicativos por lo que se ve y guardábamos nuestros amores para nosotros mismos”. 

Isabel tuvo que ser asistida por su futuro cuñado Harald, que dictaminó que  había sufrido un ligero desmayo que él achacó a un exceso de exposición al sol mediterráneo.

* La imagen esta bajada de internet. Si tuviera copyright la retiraré inmediatamente.

sábado, 15 de septiembre de 2012

PROCESIÓN FLUVIAL EN EL SENA LA VISPERA DE LA ASUNCIÓN DE LA VIRGEN



Nuestra Señora de Notre Dame
Me habían hablado de esta procesión en honor de la Virgen, que tiene lugar el 14 de agosto, víspera de la fiesta de la Asunción. Tengo entendido que es una costumbre que comenzó hace ahora nueve años, con la participación de 4 barcos. Actualmente tomaron parte 14 embarcaciones que transportaban a  5.000 fieles.
Parte de los muelles de la orilla opuesta de Notre Dame. Una embarcación especialmente engalanada espera la llegada de la Virgen que acude a hombros de sacerdotes, desde dicha Iglesia. 
La Procesión llega al barco que llevará a la Virgen.
Este año tenía especial relieve por dos razones de peso: el 12 de diciembre comenzará  un   Año Jubilar para celebrar  los 850 años de existencia de Notre Dame y también dará comienzo el año dedicado a la Nueva Evangelización, como ha sido proclamado por el Papa Benedicto XVI, para toda la Iglesia.
Tuve la suerte de encontrar sitio en uno de los barcos de los que normalmente surcan el Sena y pude ver con emoción la piedad de los participantes. Durante el trayecto se rezaba  el rosario en cada uno de los barcos. Gentes de distintas lenguas y naciones, unidas por un mismo amor a la Virgen. No había folclore sino fe activa, real.
Los barcos estaban atracados en la orilla del Sena y se fueron llenando mucho antes de que llegará Nuestra Señora de Notre Dame. Remontaron el río y esperaron fondeados a que el barco de la Virgen, pasara por su lado y se pusiera a la cabeza de la procesión,una vez que  hubieron embarcado la imagen de la Virgen en su barco.


Barco fondeado en espera a la llegada del barco de la Virgen
El barco de la Virgen ya preparado para navegar río arriba.
La Virgen iba iluminada de forma que todo el mundo pudiera distinguirla cuando cayera la noche
Me llamó mucho la atención  que hubiera tanto clero extranjero
Poco  a poco la noche fue cayendo. Las luces de los barcos y las velas de los fieles lucían en la oscuridad.
Exterior del Barco que llevó a la Virgen
Pasamos por debajo de muchos puentes del Sena

Cada uno de los barcos que acompañaban la procesión brillaba en la oscuridad.Además de las propias luces, se nos dio a los pasajeros velas que encendimos en cuanto el sol se puso.


El recorrido fluvial de la procesión transcurría alrededor de la Isla de San Luis y la Isla de la Cité. Así pudimos disfrutar de una visión de París de noche, iluminado por las velas y las luces de las orillas, en las que muchos estaban paseando, o cenando o contemplando el paso de la Virgen. Hay que tener en cuenta que en Francia el 15 de Agosto es día festivo.
Rodeando la isla de San Luis
Aunque no aparecen en las fotos, una vez a bordo de los barcos pudimos disfrutar de la vista de la Sainte Chapelle, y la Consiergerie, así como de la vista del Museo del Louvre en la distancia, la cúpula del Panteón.
También reconocimos la Estatua de Enrique IV al pasar debajo del Pont Neuf.
Me llamó mucho la atención y respeto con que las personas que paseaban por las orillas del Sena, seguían la procesión. Algunos colocados en las barandillas de los puentes, saludaban agitando las manos. Otros sencillamente la contemplaban. Me habían comentado que en ocasiones previas se habían dado situaciones algo tensas por parte de algunos, pero pude constatar que en esta ocasión nada de eso había ocurrido.
Cuando desembarcamos Notre Dame estaba iluminada y era una belleza  brillante en mitad de la noche. Hacia ella se dirigió todo el mundo acompañando la procesión que ya se había formado en tierra, hasta ver la entrada de la Virgen en su casa, rodeada de gente de todas las edades y condición, a la que acompañaban con oración y silencio respetuoso.