sábado, 29 de agosto de 2009
SEMANAS DE AUSENCIA
domingo, 23 de agosto de 2009
VARIACIONES
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martes, 4 de agosto de 2009
VARIACIONES
¿PÉRDIDA DE SENSIBILIDAD O MADUREZ?
Se preguntaba ahora por qué le había afectado tanto en su niñez.
Ver a un hombre correr para alcanzar un autobús que cerraba las puertas y se ponía en marcha en el momento en que llegaba a su altura, le entristecía. Le producía una viva pena unida a una sensación de fracaso ajeno. Representaba en su mente la figura del perdedor nato, la estampa de la persona sin recursos de carácter para encarar los problemas de la vida.
Cuando se hizo mayor quiso analizar la razón de esta reacción: no había visto nunca antes a aquellos hombres, no sabía nada de sus situaciones profesionales, familiares, sociales; desconocía su psicológica. Sus éxitos o fracasos eran ignorados por ella. Ni siquiera sabía si eran felices o desgraciados.
Pero esa estampa de su infancia le había invadido de un sentimiento de lastima por quien, a sus ojos, aparecía como vencido por la vida.
De manera inexplicable, este hecho tan habitual y generalmente intrascendente representaba para ella la situación de un hombre sin capacidad de superación.
En su mente los hombres vestidos con chaqueta y corbata gozaban de un nivel social que proporcionaba otros medios de transporte privado. Estos que ella veía- también con chaqueta y corbata- parecían no haber tenido acceso a esa facilidad de transporte.
En su concepto eran la estampa del hombre trabajador, esforzado, sin prestigio ante sus jefes. El hombre gris, incapaz de saber hacer valer sus capacidades y triunfar: Personajes sin recursos ni representatividad en la sociedad. El infeliz fracasado.
Veía representado en ellos el esfuerzo de un padre de familia, que no alcanza su intento de dar una posición adecuada a sus hijos; una vida precaria, esforzada y sin recompensa. Y sufría con la humillación que los hijos pudieran sentir.
¿Imaginación infantil? ¿Excesiva sensibilidad? ¿Capacidad de captación inconsciente y sutil de situaciones reales?
Con los años aquella percepción fue desapareciendo. Como le ocurrió con la película "La Quimera del oro" de Chaplin. A sus cinco años sufrió hasta las lagrimas por la inseguridad del pobre harapiento que solo tenía las suelas de sus viejas botas para poder alimentarse, de las que cuidadosamente separaba los clavos, después de haberlas cocido previamente.
En su madurez solo vio la parte cómica de la situación. Y se rió a carcajadas.
¿Había perdido la sensibilidad? ¿Se había hecho dura, egocéntrica, egoísta?
¿O era el hecho de que la calidad de vida había mejorado, había mayor capacidad económica, más transportes privados mejores y más prácticos servicios públicos, que no implicaban connotaciones sociales?.
¿Era simplemente mas realista y madura?
Quizás......
Pero le quedaba la incógnita.
lunes, 20 de julio de 2009
VARIEDADES
CUARTA PARTE
El 11 de marzo de 2003 ha dejado una huella profunda en nuestro país. No sólo porque los acontecimientos propiciaron un cambio político inesperado, sino principalmente porque el terrorismo islámico azotó con toda su fuerza despiadada a miles de personas inocentes que nada habían tenido que ver con las decisiones tomadas por los gobernantes respecto a la guerra de Irak. - incluso muchos no estarían de acuerdo con la alianza con Estados Unidos.
Dos años más tarde, el 7 de julio de 2005, el mismo azote ciego y vengativo, sumió a Gran Bretaña- un país no acostumbrado a ver su tierra hollada por extranjeros- en la perplejidad y desconcertante descubrimiento de que - dejando a un lado la ocupación de las islas del Canal de la Mancha - su país era vulnerable a los envites enemigos.
Volvió a Londres unos días después del ataque terrorista del 7 de julio de 2005.Recordaba la variedad de razas y colores de las gentes que había visto recorrer las arterias comerciales en sus estancias anteriores.
Lo encontró muy cambiado. Estaba perdiendo su aire británico; siempre había sido una encrucijada de mundos dispares, pero por encima de la diversidad había permanecido su singularizad.
Lo que descubrió en esta ocasión fue algo distinto.
Se respiraba otra actitud; no se trataba de extraños forzosamente admitidos por la imposición de las reglas de la política exterior hacia sus antiguas colonias. Los actuales inmigrantes se comportaban como dueños del país. Se sentían en casa propia.
Londres se había convertido en una ciudad ruidosa: los recorridos en los autobuses de línea no eran aquellas deliciosas ocasiones en las que se podía leer la novela ansiada aprovechando los largos trayectos. Los móviles invadían los autobuses de voces agudas y descontroladas, de acentos centroeuropeos, orientales y coloniales, las risas estruendosas, eran impropias de un país con una trayectoria de profundo respeto por la intimidad propia y ajena.
Y lo que era aún más llamativo: los británicos se habían acostumbrado a estos cambios. No había signos externos, aquellos gestos, tan bien conocidos por ella, controlados pero evidentes, de quién sobrelleva estas intromisiones con un sentido de superioridad y conmiseración hacia los que habían tenido la suerte de poder trasladarse a su país.
Recordaba sus esfuerzos, cuando vivió en el país por primera vez, para hacerse entender y conseguir una respuesta de cualquiera de los bobbies a quienes había recurrido para obtener información: la actitud impertérrita de alguien alto, rubio, con ojos azules, que mirando a la lejanía, por encima de su cabeza y sin prestar atención personal alguna, respondía mecánicamente a sus requerimientos. No quedaban ganas de pedir aclaración a lo no entendido, porque el mismo chorro de palabras iba a ser emitidas, sin ningún esfuerzo especial para asegurarse de que habían sido comprendido.
En esta ocasión, mientras mi amiga buscaba en el mapa de la ciudad la casa de Dickens, escuchó, asombrada, a un matrimonio que le preguntaban amablemente si podían echarle una mano y se brindaron para acompañarla hasta el lugar de su búsqueda. Por el camino le proporcionaron múltiples explicaciones para que no se perdiera en el recorrido que tenía programado.
Los empleados del metro estaban dispuestos a dar todas las indicaciones que se les pidieran. Los conductores de los autobuses indicaban la parada más conveniente para acceder al lugar que pensaba visitar.
Los Bobbies sonreían amablemente y prestaban toda clase de facilidades para hacer la estancia de los extranjeros más amable.
Había una actitud de reconocimiento hacia aquellos que después del terrible atentado y las siguientes amenazas e intentos de otros más, no se habían acobardado ni pospuesto su visita sino que, desafiando el peligro, apoyaban al país de este modo silencioso pero efectivo.
Estaban muy agradecidos a que hubiera gente dispuesta a compartir su pena y su peligro.
El hecho de que ambos países hubieran sido víctimas del mismo infortunio, que compartieran dolor e inquietudes, les hizo sacar lo mejor de sí mismos y volverse profundamente humanos.
viernes, 10 de julio de 2009
VARIACIONES
TERCERA PARTE
En agosto del 1982 tuvo ocasión de volver a su amada Inglaterra.
Dos acontecimientos importantes habían tenido lugar en ese año: la visita de Juan Pablo II a la Islas en mayo; la guerra de Las Malvinas finalizadas con la victoria de Gran Bretaña sobre Argentina en Junio de 1982.
Con respecto a lo primero algo muy significativo había ocurrido; Por razones históricas, el hecho de ser católico - y más aún la figura del Papa de Roma - era considerado ser enemigo del pueblo inglés, traidor a la patria. Durante muchos siglos, los católicos no habían tenido acceso a puestos de responsabilidad pública, ni de resonancia nacional; ciertos cargos y profesiones les estaban vedados. De hecho eran tratados como ciudadanos de segunda categoría.
El caluroso y entusiasta recibimiento que acogió a Juan Pablo II, su visita a la Reina Isabel II en el palacio de Buckingham- hecho impensable hace cinco décadas- el interés demostrado por el Papa por la situación del segundo hijo de la Reina, el Príncipe Andrés, embarcado con la flota inglesa enviada a defender las Falklands contra el ataque argentino, las visitas realizadas a Abadías e Iglesias anglicanas de gran significado religioso, despertaron gran simpatía y respeto entre el pueblo por el Papa polaco.
La cobertura de las distintas Televisiones de la estancia del Papa había desbordado todo precedente: dedicaban la jornada completa a seguían los pasos del Papa.
Sus amigos ingleses le mostraron los distintos vídeos en los que se reflejaba los recibimientos prodigado a Juan Pablo II. Le llamo profundamente la atención el dedicado a presentar la llegada de Juan Pablo II al Estadio de Murrayfield en Escocia. Su entrada en el campo de futbol estaba precedida por una compañía de la guardia escocesa tocando sus gaitas. Sabía que en las antiguas batallas y aún en las recientes guerras, el sonido de estos instrumentos que acompañaba los ataques a las tropas enemigas se dejaban oír por encima del fragor de la batalla y esto prestaba el coraje y la unidad necesaria a los soldados para luchar con valentía, arrojo y heroísmo.
En esta ocasión, el tumulto era tal, que ahogaba el sonido de las gaitas.
Por primera vez en la Historia desde la Reforma los Británicos olvidaron sus rencillas y prejuicios y se volcaron en ayudar a los católicos: los policías no católicas, cedían a sus compañeros católicos la ventaja de poder hacer guardia en aquellos lugares a los que acudía Juan Pablo II. Los habitantes de los pequeños pueblos cercanos a los Estadios en que se celebraban los encuentros con el Papa, se apresuraban a ofrecer a los asistentes, bebidas calientes y alimento, para sus horas de espera antes de que los encuentros tuvieran lugar. Les facilitaban sus propias casas para su aseo personal y cualquier otro tipo de necesidad.
La prensa inglesa definió la visita con una frase reveladora: "El Papá que ha hecho de los católicos ingleses ciudadanos de primera categoría"
Respecto a las guerras de las Malvinas, Los ánimos de sus amigos británicos estaban pletóricos después de su triunfo o de la derrota Argentina, según el ángulo de donde se mirara.
Reclamaban como justa su defensa de las Falklands. Acusaban como ataque injusto e intolerable la pretensión de Argentina de recuperar las islas.
Las aseveraciones sobre este punto caldeaban el ambiente. El orgullo nacional alcanzaba cotas altísimas en las reuniones sociales.
En un momento determinado reclamaron la opinión de un personaje de renombre internacional, presente en aquella reunión, a quién los británicos admiraban mucho por sus puntos de vista equilibrados, su experiencia. La respuesta fue sencilla, aparentemente inocua, suave, pero rotunda: "es como querer matar moscas a cañonazos".
El silencio que siguió a esta declaración fue sonoro. El respeto al personaje era muy alto, su opinión muy valorada, así como su sentido de la equidad.
La definición había abierto brecha en su monolítica actitud ante las reclamaciones de otras naciones.
No hubo aquiescencia pero tampoco rechazo.
En el aire quedo gravitando un interrogante.
sábado, 4 de julio de 2009
VARIACIONES
PRINCIPIOS DE EVOLUCIÓN
SEGUNDA PARTE
Volvió a Gran Bretaña en 1964 donde permaneció hasta 1971. Durante aquellos años, tuvo la oportunidad de conocer mejor, más a fondo, a sus habitantes.
Trabajó junto a ellos. Desarrolló una intensa vida profesional y social.
Hizo muy buenas y sinceras amistades. Llegó a comprenderlos, entenderlos y amarlos.
En ese periodo de tiempo pudo comprobar con estupor y alivio que le habían admitido en su mundo, a pie de igualdad.
Recordaba con humor y cierta dosis de orgullo la exclamación de un conocido, cuando en una conversación de cierta envergadura, le había mirado con admiración mientras exclamaba con asombro y espontaneidad: "Gosh, when I talk to you I forget you are not British" "Dios mío, cuando hablo contigo me olvidó de que no eres inglesa".
En boca de un británico, semejante exclamación admirativa era una concesión de ciudadanía. Suponía aceptación de igualdad; dejar de ser considerada extranjera.
Observó otro significativo detalle, aparentemente no percibido por muchos, pero que presagiaba ciertos cambios en la mentalidad. Un ministro del gobierno laborista entonces en el poder, en declaraciones ante la principal cadena de Televisión del país, reconocía con realismo y serenidad el hecho evidente de que Gran Bretaña había dejado de ser una potencia mundial de primer rango para convertirse en un poder de segunda categoría.
¡¡¡Algo estaba cambiando en Gran Bretaña y no olía precisamente a podrido!!!!
martes, 30 de junio de 2009
VARIACIONES
En el año 1960 realizó una excursión a Austria con un grupo de amigos. Consistía en visitar una pequeña parte del país trepando a las montañas y recorriendo sus valles.
En uno de los Hostales de estudiantes en los que se alojaron se encontró con un muchacho británico con el que entabló conversación; estaba intrigado porque no conseguía adivinar su nacionalidad: el acento no le delataba, aunque el pelo negro y tez cetrina le hacían pensar que era mediterránea. Ella le aseguró que era europea. En su indagación recorrió todos los países continentales, excepto el de su interlocutora.
Con desesperación comentó que en su interrogatorio ya había recorrido todos los países europeos y se preguntaba de donde demonios era. Le contestó con humor que del único que no había mencionado.
Pero ni siquiera con esta pista conseguía adivinar su procedencia.
Cuando se dio por vencido, ella declaró su origen. Con tono despreciativo y decepcionado por haber perdido tanto tiempo intentando adivinar algo que no tenía entidad ni lugar en el mundo, el hijo de Albión le espetó: "¡¡ Ah, pero eso no es Europa!!".
No se enfadó. Había pasado el suficiente tiempo en Inglaterra como para saber que su país - España - era considerado en aquellas fechas, subdesarrollado e incivilizado. Así que continuó la conversación, interesándose por su trabajo y su motivación para visitar Austria con una tropel de niños a su cargo.
Soltó una carcajada.
Y allí le dejó rodeado de sus alumnos que probablemente habrán sido los más firmes opositores a la integración de Gran Bretaña en la Unión Europea.
No se puede esperar otra cosa de alguien que desconoce los países del continente al que pertenece.
miércoles, 24 de junio de 2009
VARIACIONES
Se había librado del ambiente opresor de su propio entorno. Hacía unos meses que había tomado la decisión de trasladarse a otro país e intentar ganarse la vida, lejos de su familia, de las antiguas amigas impuestas por las circunstancias y de las nuevas y verdaderas amigas buscadas y descubiertas por ella misma.
Ahora se sentía ligera, dueña de sí misma, plena de vida y de poder, libre de los prejuicios sociales de una ciudad de provincias.
No conocía a nadie o casi nadie en la ciudad cosmopolita, pero no le importaba. Ella sí les conocía. Podía adivinar acertadamente sus vidas, sus trayectorias, su grandeza, las pequeñas historias personales.
Y cuando se conoce se posee.
El mundo era suyo.
Los miraba con superioridad: "no soy nadie para vosotros, solo una extranjera sin importancia, pero yo sí sé quienes sois, conozco vuestras capacidades, vuestras limitaciones, vuestro injustificado orgullo, vuestras mezquindades y vuestras grandezas.
Sois admirables en algunos aspectos y despreciables en otros. Miráis por encima del hombro y hacéis caso omiso de quien pasa a vuestro lado. Si me hubierais conocido en mi país de origen, vuestra actitud cambiaría a un talante servil y halagador, mucho menos sincero".
Siguió andando por una de las arterias principales de la metrópoli, llena de una muchedumbre abigarrada y reverberante.
Se irguió con orgullo, miró al frente retadoramente, su cuerpo se movía con agilidad, seguridad, con la gracia y fuerza de las personas dueñas de sí mismas.
Nadie se enteró pero ella había ganado la batalla y era la dueña del mundo.
De su mundo irreal e ilusorio.
jueves, 18 de junio de 2009
VARIACIONES
El río corría paralelo al paseo, los arboles proporcionaban sombra y traían el ambiente del campo a la ciudad marítima.
Los mismos transeúntes todos los días. Iban a paso ligero en direcciones opuestas.
La rutina diaria era siempre la misma: el hombre joven venia del mar al interior. La mujer madura, del núcleo urbano hacia el mar.
Observaba su seriedad, su buen ver, el paso ligero y lleno de la fuerza de una persona en plenitud de facultades.
Un día cualquiera de aquel invierno, apareció una chica joven en el horizonte. El y ella se saludaron; parecían conocerse de una manera superficial. Continuaron juntos el camino hacía el interior de la ciudad. La conversación era irrelevante, rutinaria, simple intercambio de formalidades.
El invierno avanzaba, ahora no se encontraban, sino que aparecían juntos desde el principio del paseo.
La conversación era animada, tenían temas comunes, compartían ideas; sonreían, reían, no se fijaban en el resto de los transeúntes.
Llegó la primavera: la mujer madura sonrió al ver que la distancia física entre ambos era cada vez más estrecha, hasta que acabaron enlazados por la cintura ó cogidos de la mano. Sólo tenían ojos el uno para el otro. La complementariedad era evidente. La conversación fluía, la relación era juguetona, el juego eterno del coqueteo cristalizado en una relación declarada y explicitada.
Llegó el verano con su época de vacaciones y las normales huidas hacia otros horizontes.
El otoño los trajo otra vez al mismo paseo. La relación era ahora más consolidada, menos alborotada, más serena. Se esperaban al principio del paseo para arremeter el camino juntos. A veces era ella la que llegaba jadeante, otras veces era él quien se retrasaba algo. Una vez juntos se cogían de la mano y seguían su conversación interrumpida el día anterior.
Inesperadamente, hacia la mitad del otoño, la mujer madura observó que en algunas ocasiones, uno de ellos recorría el camino en solitario. Pero al día siguiente, volvían a encontrarse y entrelazar las manos y acompasar el paso. La conversación era más serie, menos fluida, las sonrisas menos frecuentes, las miradas cómplices se habían tornado inquisitivas, interrogantes.
Llegó el invierno, con su aire húmedo y sus rachas de viento gélido. Durante días consecutivos, solo apareció él en el paseo. Su paso era rápido, decidido; su mirada seria, distante. No había expectativa en su mirada ni el alegre paso despreocupado de una persona llena de planes sin contornos.
Ella no volvió a aparecer. La mujer madura tan solo la vio en algunas ocasiones sueltas en una calle paralela, dirigiéndose hacia el centro urbano por el interior de la ciudad.
Estaba seria, iba a su ocupación. Había perdido el andar ligero y juvenil. Seguía manteniendo la cabeza erguida. Pero su expresión revelaba el paso de la experiencia y desilusión. Era más madura, más precavida, menos espontánea, estaba herida.
"La misma historia de siempre" pensó la mujer.
No, no era eso. Para ellos había sido "su historia". Uno de los eslabones que conformarían su vida. Dejaría huella, crearía antecedentes, aportaría experiencia. Quizás no iba a marcar sus vida de una manera definitiva, pero añadiría un elemento más a su bagaje vital.
No hay una "Historia de siempre".
martes, 9 de junio de 2009
VARIACIONES
Sabía que era inútil volver a abrir la puerta que con un portazo había cerrado tras de sí.
Entrar de nuevo no proporcionaría ninguna vuelta al pasado; la casa ya no era la misma, la desoladora desnudez la hacia impersonal, no quedaba rastro de sus habitantes, se había barrido todo signo de identidad. Era como un rostro sin facciones.
La marcha de los seres queridos trajo la desconcertante ausencia irreparable, los recuerdos ya no podrían tornar a materializarse jamás.
Era la desaparición de las raíces que le habían proporcionado su propia identidad.
Miró al frente y llamó al ascensor. Pulsó el timbre que indicaba planta baja.
Se despidió del portero y le entregó las llaves.
La luz entraba a raudales por la puerta del portal.
Bajó los pocos escalones que le condujeron a la calle.
Salió hacia ella, hacía la esperanza, hacia el futuro, hacia la vida.
Así les hubiera gustado a ellos, los ausentes, que ella actuara.
No volvió la cabeza.
Sabía que ahora era la raíz de un nuevo árbol, el rodrigón que tenía que sostener a los que aún vivían.
viernes, 29 de mayo de 2009
LO QUE NO SE OLVIDA
La primera vez que dejé mi hogar durante una temporada larga fue a los 17 años.
Me habían enviado a Irlanda a perfeccionar el inglés.
Al poco tiempo de llegar cumplí los 18 años.
Recuerdo con ternura y afecto la carta de mi madre; poco expresiva por temperamento y educación, en aquella ocasión se le escapó el corazón y en las líneas finales de su carta de felicitación me decía:
“Te doy un abrazo tan pequeño, y tan fuerte como la primera vez que te vi. después de que naciste".
jueves, 14 de mayo de 2009
LO QUE NO SE OLVIDA
La noche de Navidad era algo muy especial para mí. Comenzaba muy pronto, a media tarde. Mi madre nos embarcaba a mi padre y a mí al cine "Actualidades", que entonces estaba ubicado en la calle Buenos Aires. Todos los programas eran para niños y se daba lo que se llamaba entonces "sesión continua".
Una vez dentro de la sala me desprendía del abrigo, bufanda, gorro y guantes ayudada por mi padre. Nos arrellanábamos en las butacas y durante un par de horas disfrutábamos de las imagines casi siempre cómicas. Cuando llegaba el momento de salir, mi padre me ayudaba a colocarme el abrigo, la bufanda, y los guantes. La colocación del gorro era, sin embargo, una empresa ardua. Las manos de mi padre, ágiles para otras cosas, eran torpes para hacer el lazo de las cintas que lo fijaba debajo de la barbilla. Yo estiraba el cuello y movía la cabeza arriba y abajo, a la derecha y a la izquierda para cooperar en la operación pero era inútil. Me apenaba la voz de mi padre, preguntándome si estaba cómoda, y para quitarle preocupaciones y no humillarle, afirmaba que estaba muy bien.
Una vez en la calle, empezaba la emoción de la noche oscura. Me agarraba de su mano y subíamos la calle comentando incansablemente sobre las secuencias de la película. Para mi padre debían ser muy aburridos mis comentarios de niña y mis preguntas incesantes pero nunca dio señales de cansancio.
Las luces se reflejaban sobre el suelo mojado, la gente iba deprisa, con los cuellos de las gabardinas subidos y las boinas caladas. De vez en cuando nos encontrábamos con algún conocido y surgía la felicitación de las fiestas.
Nuestro propio aliento nos precedía y yo lo contemplaba admirada.
La llegada a casa era un contraste acogedor: luz, color, calor, mujeres moviéndose frenéticamente del comedor a la cocina, de la cocina al comedor. La voz de mi madre, preguntando con un interés compartido con el menú, si lo habíamos pasado bien, y reclamando la ayuda de mi padre para abrir las botellas y las ostras.
Para entonces ya me había desprendido del abrigo, bufanda, guantes y gorro. Habiendo recobrado la comodidad y libertad me disponía a prestar ayuda en la cocina.
El resto de la familia iba llegando escalonadamente y comenzaba la cena, pero en mi corazón guardaba la vivencia de la tarde de cine con mi padre como algo único e inolvidable.
sábado, 9 de mayo de 2009
LO QUE NO SE OLVIDA
No tenía desarrollado el hábito de pedir perdón. Me costaba mucho hacerlo.
Aún tenía menos claro el significado de arrepentimiento.
Cuando mi padre conseguía que me acercara a mi madre a pedirle perdón por lo que fuera que hubiese hecho mal y una vez que hubiera sido perdonada, mi siguiente paso consistía en preguntar a mi madre:
"¿Ahora lo puedo volver a hacer?"
Para mí perdón y permiso eran términos sinónimos.
viernes, 1 de mayo de 2009
LO QUE NO SE OLVIDA
Debía ser el año 44 o 45. Como todos los días habíamos acudido al Parque a jugar.
Inesperadamente hubo un revoloteo de alarma entre las personas mayores. Se corrió la voz de que un avión alemán sobre volaba Bilbao. Algo amenazante se cernía sobre todos.
Mi hermano tenía meses. Tengo clavado en la memoria lo que pasó por mi mente en esos momentos.
Aún ahora me pregunto que mecanismos pueden hacer que una niña de seis años se plantee semejante problema y solución.
sábado, 18 de abril de 2009
LO QUE NO SE OLVIDA
Está vivo en mi memoria a pesar del paso de los años transcurridos y de la neblina que va difuminando los recuerdos.
Mediados los 40 mi padre había tenido que realizar un viaje a EEUU por razones profesionales. Dada la situación de escasez del país había podido traer algunos objetos que no eran fáciles de conseguir aquí; entre ellas una máquina de escribir.
En una tarde cualquiera de invierno, yo había osado utilizar sin permiso la máquina a la que casi no llegaba, porque estaba encima de lo que denominábamos el despacho de mi padre, consistente en un viejo buró.
Oí el ruido tan familiar de la llave de mi padre abriendo la puerta de la calle. Desde el fondo de la casa escuché a mi hermano correr hacia mi padre y decirle en su voz de niño: "Maribé está usando la máquina de escribir". Me quedé paralizada y asustada porque me sentía culpable de estar haciendo algo que a mi padre no le iba a parecer bien.
Como un bálsamo, la voz de mi padre llegó a mis oídos clara y serena: " Muy bien, hablaré con tu hermana y le explicaré que no debe usarla sin mi permiso, pero tú quedas castigado está tarde, por acusar”.
Así lo hizo, con su voz cálida y ecuánime.
El mundo se puso derecho. Existía la justicia.
No recuerdo que mi hermano y yo volviéramos a acusarnos nunca de algo.
domingo, 5 de abril de 2009
LO QUE NO SE OLVIDA
EL PARQUE. Así, con mayúscula; era nuestro mundo propio y encantado.
La merienda era a media tarde. Cuando presentía que era la hora, solía acudir a la persona que nos cuidaba y cogía parte para continuar jugando y volver después a por el resto.
Aquella tarde me había comida ya el bocadillo y me faltaba el chocolate con las galletas; alegremente me acerqué a "la Seño" - así le llamábamos- y ante mi mudo asombro me dijo sin inmutarse, que mi hermano, el pobre, había tenido "más hambre" y le había dado mis correspondientes galletas y chocolate, dejándome a mí sin nada.
A los seis años y si además se ha nacido secundaria, no se sabe como reaccionar ante la flagrante injusticia. El mundo se me vino abajo.
Sin ser consciente de ello, en mí interior fue creciendo un concepto que luego llegó a materializarse y tomar forma: No deben hacerse diferencia con nadie. Cada persona tiene que sentir que es única y muy querida.
domingo, 29 de marzo de 2009
LO QUE NO SE OLVIDA
Había pedido con toda fe que mi hermano comiera bien. Efectivamente nunca se plantearon con él los problemas que se plantearon conmigo. Aunque el camino para la solución fue algo distinto a lo esperado.
Ante mis asombrados ojos y oídos, el día que mi hermano dijo con toda naturalidad y seguridad que no quería comer carne -"chichi" le llamaba él- mi madre se volvió hacia quién nos servia la mesa y dijo con sin asomo de resignación, ni drama: " que le hagan una tortilla al niño"
Nadie se fijó en mi, pero mis ojos se clavaron en el vacío, el tenedor quedo suspenso entre el plato y mi boca.
Aprendí que en el mundo hay diferencias y que muchas de estas se deben no tanto a la injusticia sino a la habilidad para saber exponer las propias razones con convicción y encanto.
jueves, 19 de marzo de 2009
VARIACIONES
AGRADECIMIENTOS
Esta vez no se trata de ninguna pieza literaria. El sistema de comentarios del blog no resulta fácil para la mayoría de la gente, incluida yo misma. Muchos habéis recurrido a enviármelos a mi correo, porque evidentemente me conocéis. En parte por agradecimiento y en parte por orgullo he decido copiarlos y subirlos al blog. A todos os doy las gracias; me han animado a seguir adelante y desde luego han contribuido a aumentar mi autoestima aunque sé que no son muy objetivos sino que nacen del cariño y la amistad
Estos son algunos de ellos
“Hola, Begoña: acabo de leer "lo que no se olvida" y me ha encantado. Me ha gustado la historia, la tenacidad de la niña, su rebeldía. Y me ha gustado cómo lo has escrito: esas frases cortas, rotundas (y llovió) (y me enfrié) etc... Me identifico con la niña, no con su constipado, pero sí con la alegría que le da la victoria.La victoria sobre los mayores”.
“Begoña: Me parece un acierto lo del Libro Electrónico, el escribir, la réplica... Trasmites unos recuerdos muy agradables que me han trasladado a aquella infancia y maravillosa morada donde vivíamos mis padres, diez hermanos, la abuela -que vivió 101 años con una cabeza y memoria extraordinarias. dos tías..., las mil anécdotas... Tienes una forma de escribir, una narrativa que conectas inmediatamente con el lector. Gracias por tus envíos. Te sigo. Saludos”
“Sinceramente me parece magnífico que tengas estas inquietudes y abras tu corazón y recuerdos hacia los demás.Sencillez narrativa, cercanía y dulzura es lo que he visto en esta primera exposición. Enhorabuena”
“Hola, Begoña, yo no sé nada de blogs pero te escribo para animarte a continuar. He leído lo que has escrito y eres una gran promesa. ¡Ánimo!2
“Begoña: me ha encantado, ¡como narras! Estupendo”
“Y ¿por qué no ir más allá de recuerdos y escribir desde la imaginación?
! Ánimo escritora!”
“Tu biografía cuidadosamente oculta contribuiría a que pudieses disfrazar de recuerdos los sueños más disparatados”.
“Begoña, te agradezco muchísimo que nos hayas enviado la dirección de ese blog que has comenzado y por lo que veo con mucha ilusión por la frecuencia que escribes en él. Desde luego es una buena cosa e incluso sirve de terapia a los que os gusta escribir, poder plasmar todas esas reflexiones que haces y a la vez que te obliga a sacar todo el provecho posible de esas charlas a las que asistes periódicamente. Ideas supongo que podré darte pocas, pues no sabría confeccionarlo y ni siquiera había entrado nunca en el blog de nadie, a pesar de que ya es algo muy común. Decirte sinceramente que me han gustado todos tus artículos en especial el que desarrollas sobre la película de Ciudadano Cane pues pareces toda una especialista. Así que no lo dejes y practica tu afición que yo seguiré tu andadura. Un saludo y hasta el martes."
“Enhorabuena Begoña. Lo has logrado y escribes muy bien¡¡¡¡¡"
“Supongo que has visto mi comentario en tu blog.
¡Qué bien que hayas visto el nuestro! Como ves estamos animadas a hacer algo con aquella idea....
Un abrazo fuerte”
“Querida Begoña:
¡Qué sorpresa conocer esta faceta de tu personalidad...!Deseo que esta aventura te depare muchas buenas experiencias y amistades.
¡Cuenta con la mía! Te leeré asiduamente y- si puedo hacerte alguna aportación- te la haré llegar.
Un abrazo”
“Querida Begoña: He intentado escribirte a través de tu blog pero no lo consigo, cuando venga una de mis hijas le diré que me enseñe. Lo que sí he podido es leer lo que tienes escrito, eres genial me ha encantado, sigue haciéndolo porque de verdad que lo haces estupendamente, yo siempre he pensado que nunca es tarde para casi nada, y me parece tan bonito el que puedas exponer tus pensamientos y tus recuerdos y que nos trasmitas tus vivencias del pasado más lejano o más presente y poder disfrutar leyéndolo. Adelante yo te seguiré leyendo”.
jueves, 12 de marzo de 2009
LO QUE NO SE OLVIDA
En mi niñez, además de ser muy feliz, concurrían dos hechos que la ensombrecían. Una era, como he dicho antes, las riñas, castigos y peleas por mi falta de apetito. La otra, no tener hermanas. Ansiaba tenerla con toda las fuerzas de mi alma.
No sé como surgió en mí la idea de subir todos los sábados a Begoña para pedirle a la Virgen que me enviara una hermana. Lo hacía fielmente acompañada por la famosa Seño. Nos plantábamos al pie de las escaleras de Mallona y subíamos al ritmo que permitían mis cortas piernas: sólo tenía 5 años. No dudé nunca de que en algún momento iba a llegar una hermana.
Uno de esos sábados, después de mi corta oración de petición, que consistía en decir con toda sencillez a la Virgen que me mandara una hermana, me asaltó un pensamiento que me encogió el alma y me paralizó. No le podía ocurrir lo mismo que a mí. Pero no me veía con la fuerza moral para ser yo quién hiciera la petición y volviéndome a la Seño (que tenía un muy buen apetito) le imploré que pidiera a la Amatxu que la nueva hermana comiera bien. No podía soportar la idea de que también ella fuera a pasar por el calvario que yo estaba pasando.
Efectivamente nació una criatura que resultó ser un hermano, pero eso no me importó nada. La emoción me dejó muda. Estaba deseando ir a verlo. Cuando a la mañana siguiente me llevaron a la clínica me encontré con un niño dormido que no demostraba el menor interés por mí. No abría los ojos, no miraba, no decía nada. Me apoyé en el borde de la cama de mi madre y disimuladamente empecé a dar suaves patadas en el suelo con la punta de la bota derecha. Esperaba así despertarle y poder tener algún tipo de comunicación. Creí que nadie iba a notar mi estrategia, pero mi madre la captó al segundo y suavemente me dijo: "no creo que lo despiertes así", mientras me miraba con ojos llenos de risa y cariño. Me sentí descubierta y como desnuda. Oculte como pude mi apuro y desilusión
miércoles, 4 de marzo de 2009
VARIACIONES
Se entretenía sola. No le hacía falta estar siempre en compañía. Desde que fue un ser capaz de recordar y de pensar había creado su propio mundo. Le gustaba estar consigo misma, con sus propios pensamientos, ideas, imaginaciones; también con los personajes de su entorno pero interpretados a través de sus propias formulas mentales. No era vivir otras vidas sino la propia pero compartiéndola imaginativamente, en sus ensueños despiertos, con interlocutores reales pero no presentes.
Era consciente de que ese universo creado por ella no era parte de la verdadera vida; nunca lo confundió con la realidad. Pero le ayudaba a ser más feliz, a contrarrestar la timidez que le hacia parecer insignificante ante los demás, las humillaciones que esto traía consigo, el sentido de fracaso, la incapacidad de compartir su mundo interior; temía las risas de los prosaicos, los realistas, los prepotentes, los faltos de sensibilidad.
Con el paso de los años, ese modo de vivir en soledad se convirtió en un deseo de compartir la propia intimidad, de poder hablar con confianza sin medida, sin temor, de buscar la complementariedad, el gozo de saberse entendida; la identificación.
La encontró. Pero su propia inseguridad le hizo desconfiar de la autenticidad de aquella disposición hacia ella, de aquel sentimiento. Hubiera necesitado la confirmación reiterada de que era así para convencerse de su verdad. Esta actitud hacía que los demás se alejaran porque se sentían rechazados de una manera sutil, por la inexpresividad, la falta de respuesta confiada, la seriedad de alguien que no sabe jugar con sutileza al sí pero no, al no pero sí.
Llegó la madurez y con ella la disposición de lanzarse al vacío del riesgo sin red, de la certeza confirmada por un sentido intimo de haber acertado, de la fe sin pruebas tangibles, materiales, pero con la seguridad de saberse querida, buscada, cuidada, considerada única, objeto de delicadeza, ternura, respeto y pasión.
Un amor que como todo amor auténtico trajo consigo dolor, inquietud, etapas de frialdad, recelo, duda, confirmación, arrepentimiento, sacrificio, búsqueda continua, felicidad compartida;
Era una soledad acompañada por otra existencia compartida, por un amor seguro y fiel, intangible pero real; alguien que no defrauda, que no abandona; que sabe estar en silencio siempre a la escucha, dispuesto a prestar atención, hecho de capacidad de comprensión, de olvido de sí mismo, de deseo de identificación, que retorna sin reproches cuando se le ha abandonado.
No era la soledad de dos en compañía, sino la compañía de dos en soledad buscada, hasta ser solo uno.
Era la plenitud de dos en uno, el ensamblaje perfecto, la complicidad plena, embriagadora, alegría contenida que rebullía en su interior rebosante de paz, de seguridad, de sonrisa permanente.
