LA RÍA DE BILBAO.ACUARELA DE PALOMA ROJAS

jueves, 23 de febrero de 2012

MI HOGAR ES MI CASTILLO



BOTES,ACUARELA DE PALOMA ROJAS


La nevada ha sido tan intensa que se han visto obligados  a permanecer en el hotel de alta montaña.  La nieve llega hasta el alféizar de las ventanas del piso bajo e imposibilita  abandonar el edificio.
Los clientes, atrapados, se han resignado a lo inevitable y se han  organizado de la mejor manera posible. Algunos, sentados    alrededor de la chimenea, intercambian  experiencias  de  situaciones similares. Otros escogen una esquina silenciosa y se dedican  a la lectura. Los  que gozan con la música se han apoderado de otro de los salones.  Alguien ha descubierto un viejo juego de ping-pong y  organizan ruidosas  competiciones.  . Se respira   un ambiente de despreocupado bienestar.
Blanca, se ha refugiado en un pequeño cuarto de estar del primer piso. Las  circunstancias inesperadas le brindan  la oportunidad de enfrascarse en la lectura que, como predicción de lo que ha sucedido comienza diciendo: 

“Dos hombres- un hombre mayor y un muchacho joven-, acompañados de un perro, quedan al cuidado de un albergue de alta montaña durante los meses en que éste se mantiene totalmente aislado por la nieve.
Los dos hombres y el animal permanecen hasta la primavera en aquella cárcel de nieve, con la inmensa y  blanca pendiente del Balmhorn como única visión; rodeados de cumbres pálidas y brillantes, encerrados, bloqueados, sepultados bajo la nieve que asciende a su alrededor, que envuelve, abraza, aplasta la casita, que se acumula en el tejado, ciega las ventanas y tapia la puertas.
La vida dentro del albergue, va gradualmente haciéndose más opresiva y la convivencia con el viejo Hans y el perro, más difícil.  La  soledad va haciendo mella en el estado anímico y la mente del joven Ulrich, quién terminará por reaccionar de manera violenta  a la constante conversación del viejo Hans y al  mal olor del perro.”

No avanza mucho en su lectura. La situación  le trae a la mente  recuerdos  nunca   borrado de su memoria.
Lourdes, su  hermana mayo, había muerto inesperadamente.  Una  enfermedad mortal  de corta trayectoria. Y Blanca,  la pequeña de  las  dos hermanas, una criatura alegre de arrolladora simpatía, se había convertido en una niña triste y desamparada. La profunda soledad asomaba a su cara pecosa y redonda, en la que un par de ojos pardos, traslucían  el abismo de dolor silencioso que experimentaba,  sin poder llegar a traducir en palabras lo que  sentía.
La  desaparición de sus padres  había roto algo  en su alma que nunca volvió a componerse. Pero le había quedado Lourdes, a quién confiaba sus penas.  Ahora no tenía nadie a quién contar lo que le ocurría. Alguien que le explicara  qué le sucedía,  qué le esperaba  en el futuro. Alguien a quién abrazar cuando la sensación de vacío,  de no ser,  se apoderaba de ella.
Recuerda  con un sentimiento de paz y  consuelo, el giro que había experimentado  su vida cuando, después del entierro de su hermana,  se quedó a vivir en casa de sus tíos. El tío Pedro, un carácter ecuánime y sereno, inspiraba seguridad. No se perdía en palabrería inútil,era siempre afectuoso  y acogedor. Observaba sin que se notara  y tenía el comentario oportuno para las situaciones difíciles.  La tía Rosa,   alegre, optimista,  con un corazón de oro. Y la pequeña María, su única hija,  sorprendida de tener repentinamente  una hermana mayor, le seguía por toda la casa como un rabo sigue a su perro.
Le gusta revivir aquellas tardes de invierno, cuando el cuarto de estar  se convertía en la sala de juegos en los que participaban los cuatro. Las puertas cerradas, el murmullo de la leña chisporroteando en la  chimenea, los cortinones corridos y todas las luces encendidas. Complejos  negocios  inmobiliarios  con el Monopolio; competiciones de habilidad con los palillos chinos.   
Tardes  interminables y distraídas en las que el dolor se fue   mitigando, no atreviéndose a cruzar la puerta   del comedor; un bunker,  que le aseguraba la existencia de un cariño real, auténtico; nada era fingido ni mecánico.  La querían  y querían curar las heridas que la vida le había infligido.
La cadena de su vida se había roto por varios eslabones pero ahora estas tres personas contribuían  a  rehacerla.
Le gusta  la expresión inglesa de Mi hogar es mi castillo, que tío Pedro repetía con frecuencia.   Ese  hogar ha sido  sus raíces, su puerto seguro, su  fortaleza,   su defensa.   Un refugio compacto e imposible de penetrar para los no invitados  y  que solo se abría al exterior cuando ella así lo deseaba. 
Una leve sonrisa vaga por su rostro: ese era el problema del joven Ulrich, el viejo Hans y el perro: no  conocen lo que es amar y ser amados.

P.D.Este es un trabajo realizado para las clases de Escritura Creativa. Se nos entregaron distintos  párrafos  extraídos de diversas novelas. El ejercicio consistía en utilizar esos párrafos, bien uniéndolos entre si, bien partiendo de alguno de ellos, bien cambiándolos de forma adecuada.
Los párrafos utilizados por mi son los que figuran como el pasaje del libro que Blanca lee, unidos a su vez por alguna añadido de mi parte para que tuvieran sentido.

miércoles, 15 de febrero de 2012

CARTA DE AMOR



Hace poco me presenté a un premio local sobre CARTAS DE AMOR. No lo he ganado, pero he pensado que, aunque con retraso, voy a subirla a mi blog, ya que ayer fue San Valentín, día de los enamorados. Estoy segura de que vosotros sereís más benignos que el jurado.



ACUARELA DE PALOMA ROJAS.  VISTA DESDE ASTONDO. PLENCIA


Querido mío

Te contemplo mientras lees el periódico, sentado frente a mí, como cada mañana. La misma serenidad de siempre. La misma sonrisa amable vagando  por tu rostro. La misma mirada inteligente de hace tantos, tantos años. Conservas  los  mismos gestos mecánicos: acariciarte la cabeza, ahora ya sin cabello, sujetarte las gafas y continuar sumergido en tu lectura, no sin antes haberme dirigido una mirada de serena confianza: estamos  a gusto el uno con el otro; no hacen falta palabras, las almas  están unidas.  Estamos cómodos en silencio cómplice, en  la seguridad de nuestro amor probado, verdadero.

Cuando decidí casarme contigo estaba dispuesta a darme del todo. Y si para eso era necesario sacrificar, mis gustos, mi profesión, mi libertad,  estaba  resuelta a hacerlo.  Cifraba mi felicidad en el cumplimiento generoso de todo aquello que pudiera hacerte feliz.

Erré  en mi concepto  del amor; lo que tú querías era la entrega  de mi corazón, la confianza en la existencia de tu auténtico amor, que no dependía del cumplimiento impecable de  mis deberes. Simplemente  me querías sin condiciones.

El día que me dijiste sin amargura ni reproche pero con meridiana claridad que  yo no sabía querer, me rebelé y me costó aceptarlo. Mi cabeza y mi corazón protestaron: recordaba todos mis sacrificios, la entrega de mis gustos  en aras de los tuyos.Querías  hacerme comprender    que en mí primaba el deber  por encima del amor.

Me enseñaste  a amar. Abriste mis ojos a la realidad de que amar no es solo saber sacrificarse por el otro, sino también  aprender a aceptar con sencillez la realidad de  ser amada, de  ser preferida; aceptar  el  amor que se nos brinda  sin pensar que hay que pagar algo en compensación.

No  sé que voy a hacer sin ti, cuando la enfermedad que te persigue, te dé alcance. Mientras te tenga conmigo, me aferraré a ese  amor genuino y generoso, sin contrapartidas,   que ha sido siempre tu constante. Y el día que ya no te tenga a mi lado, dejaré de vivir, porque mi alma habrá muerto contigo, el hombre que me enseñó a amar.

Cuando volvamos a encontrarnos en el más allá,  sabré decirte todo aquello que he sido incapaz de manifestar.  Ten  la seguridad de que te he querido mucho  más allá de lo que sé expresar con palabras.

Ahora puedo decirte sin pudor que  te quiero con locura, por ti mismo. Y me siento orgullosa de todo lo que me has querido.



jueves, 26 de enero de 2012




LA LIBERTAD SE VISTE DE BLANCO







Despierta  sobresaltada. Una resplandeciente  claridad  asoma por la ventana, avanza hacia su cama y le ciega.  Vuelve el rostro  hacia su marido que continua durmiendo con respiración acompasada. No quiere despertarle todavía. Es pronto.

Sigilosamente aparta las sábanas, se envuelve en la bata  y   ciñe fuertemente  el cinturón para defenderse del frío. Con pasos silenciosos camina hacia el cuarto de estar.   Desde  el gran  ventanal, cubriéndose los  ojos con la  mano a modo de visera, puede distinguir, al fondo, las altas montañas brillantes y casi cegadoras en su blancura,  que rodean el valle en el que está asentada su casa.  
Contempla maravillada   como la nieve desciende majestuosa desde el  pico más alto, se desliza por las  laderas y se posa suave y blanda sobre los tejados de las casas, los desnudos   árboles  y   los campos de labranza, ahora invisibles, desparramados a sus pies.

Otra vez vuelve a hipnotizarle  la nieve.

Blanca  y bella mientras permanece sin que pisada alguna haya ollado su  superficie. 
Nívea belleza que se convierte en traicionera  al cubrir  los peligrosos desniveles del terreno.
Nieve cruel capaz de ocasionar graves daños y pérdidas cuantiosas
Nieve generosa que incrementa el caudal de los ríos.
Nieve dañina en el   deshielo, que hace que los ríos se desborden.
Nieve juguetona que proporciona  horas de  descensos vertiginosos,  con  sensación de poderío y fuerza.

Quiere no acostumbrarse nunca  a sus  apariciones cíclicas
Quiere que  le sigan sorprendiendo, que no por esperadas dejen de maravillarla.
Quiere contemplar sin prisas los campos  silenciados  y sumergirse en su misteriosa transformación.
Quiere disfrutar  de  estas primeras horas  de la mañana, antes de  que  las huellas  de los hombres y  las ruedas de los coches, hayan convertido el mar de plata en barrizal impracticable.
Quiere gozar del  silencio aterciopelado  que lo envuelve todo, amortiguando   cualquier otro sonido y le enfrenta a la soledad.

Por  encima de todo predomina  triunfante el sentido de libertad que le embarga.

Las carreteras están intransitables. El tráfico cerrado. Las obligaciones profesionales y sociales de los días normales, suspendidas.
Se sabe libre de la rutina cotidiana. Libre  para poder dedicarse a las aficiones a las que normalmente  no puede conceder  todo el tiempo que le gustaría.

Disfruta de antemano de las horas que va a compartir  con su marido, horas entregadas  a la lectura, sentados frente a la chimenea trepidante. Se  deleitaran  escuchando a sus compositores favoritos. Pasearan por los prados que rodean la casa, con sus botas de goma, recias y fuertes, los pies enfundados en varios pares de calcetines para combatir el frío inmisericorde. Dejaran  que su mirada se pierda   en  el paisaje quieto y monocolor, solamente roto por algún salpicón de verde y las vallas de madera que delimitan las heredades,  creando  puntos de referencia.


martes, 10 de enero de 2012

II CERTAMEN DE RELATOS DE MUJER ORGANIZADO POR LA ASOCIACIÓN DE MUJERES "GURE IZARRAK" DE BERRIZ




Por fin, hoy subo el relato ganador.

LAS ROSAS  DE  LA ESPERANZA



Mi  padre, el Comandante Hepworth-Taylor, había sido una  de  las primeras  autoridades militares   del  ejército aliado que había entrado en Auswitch    y había sido testigo del horror de la animalización  del ser humano. Allá había conocido a Mr. Spitz.

Establecieron  cierto nivel  de amistad y cuando Mr. Spitz se trasladó a vivir a Inglaterra, al terminar la contienda, ofreció  a este la posibilidad  de cuidar de mi jardín.  Mi marido había  muerto al finalizar  la II  Guerra Mundial  y  desde entonces el jardín tenía más aspecto de jungla  que de jardín urbano.

Mr. Spitz era un hombre  de mediana edad, enjuto, pelo canoso que dejaba ver que había sido oscuro, cara larga, y estrecha,  nariz prominente pero afilada, ojos pequeños  y observadores. 

No sabía nada de su vida  excepto que era muy buen trabajador y muy honrado: un hombre silencioso y reservado, algo peculiar y poco comunicativo, pero respetuoso  y  muy buen profesional.

Cada  mañana  llegaba a su trabajo  con puntualidad germana, discretamente se dirigía al armario de las  herramientas, sacaba sus utensilios de labor y sin  intercambiar palabra alguna, se ponía manos a la obra. Cuando tropezaba con él,  le saludaba  amablemente por su nombre y procuraba  hacer algún pequeño comentario laudatorio  sobre el estado  de las flores y el diseño del jardín que estaba llevando a cabo; respondía sucintamente con unos "Buenos días", escuetos y  "gracias Madam " sin  interrumpir su faena.

Cuidaba el jardín   fiel y silenciosamente. En primavera rebosaba  de rosas. Bellas rosas de diversas  variedades, nuevas creaciones que él conseguía combinando distintos injertos. En primavera un olor  embriagador  se  infiltraba hacia el interior   de  la casa, logrando  que la vida pareciera bella  y merecedora de vivirse, incluso en los difíciles  años de la postguerra.

Lo  que más me  llamaba la atención  de Mr. Spitz era su mirada; inteligente, desconfiada, observadora y algo burlona, como si en el fondo de su ser  contemplara a los demás desde la perspectiva  de un  experimentado conocimiento del ser humano, de reserva,  de distancia.

El  caluroso  día  de   verano que se  remangó su sempiterna camiseta  de manga larga, todo quedó explicado.  Su brazo derecho  estaba marcado con un número: su número de prisionero de Auswitch.
Ante este descubrimiento quedé profundamente conmocionada: había oído hablar de esos tremendos hechos pero nunca había  conocido a nadie que hubiera pasado por esa trágica  experiencia.

Reuniendo todas mis fuerzas, en uno de los días de la siguiente  primavera que paseaba por el jardín para contemplar  con placer el florecimiento de las nuevas rosas, me atreví a preguntarle sobre sus conocimientos del  arte de la  horticultura. Y aproveché la ocasión para, de manera torpe y poco natural pero  que me salía del corazón,  decirle lo mucho que lamentaba su terrible experiencia, de la que en parte me sentía culpable, como todo ser humano  contemporáneo de esos hechos.
  De forma inesperada, y  como quién realiza un gran esfuerzo físico y  emocional, me contó  la siguiente  historia.

"Nunca antes  he confiado   a nadie lo que le voy a contar pero hay algo, en su persona, que me inspira hacerlo; quizás sea que  presiento en usted una actitud, una predisposición, a entender el respeto debido  a los seres humanos,  lo que supone la humillación del  desprecio irracional,  lo que es el dolor de una traición.
Nací  en un pequeño pueblo de Austria, mi familia era la única familia judía del lugar. Habíamos vivido allá por generaciones. Mi padre se había dedicado a la jardinería pero tenía  ambiciosos proyectos para mí, su único hijo, y con gran esfuerzo de su parte había conseguido que entrara en la universidad de Viena  y estudiara medicina, dedicándome a la especialidad de Psiquiatría.
Uno de mis compañeros de curso  era  un chico inglés. Los estudios y el hecho de que a ambos nos gustara la jardinería  hicieron que fuéramos buenos  amigos,  aunque rivales como estudiantes. Existía  una corriente de confianza entre ambos. Su perfectísimo alemán, combinado con un defectuoso acento, invitaba a la risa. Acento que yo imitaba burlonamente. Una vez acabada la carrera yo me establecí en Viena y alcance cierta fama y reconocimiento de ámbito nacional.
Mi amigo inglés, Mounthorn, se había  establecido en Londres donde  era considerado  el psiquiatra  de moda. Manteníamos  una relación fluida y nos intercambiábamos experiencias profesionales. Incluso llegamos a encontrarnos  en  varios congresos de Psiquiatría que tuvieron lugar en distintas capitales de Europa. 
Pero  después de la anexión nazi de Austria perdimos todo contacto. Yo fui arrestado por las SS  y después de un simulacro de juicio por  traición a la patria fui enviado a Auswitch. Por lo visto un tal Hornberg- apellido muy común en mi país -   me había acusado ante las autoridades  de ser judío, conducta antinazi y conspirar contra el régimen.
Cuando  el tren en el que nos trasladaban llegó a su destino, nos empujaron como ganado a   una especie de  campo de futbol  situado delante de los barracones,  donde  al cabo de unas horas se presentó el Comandante Hornberg, Jefe  encargado del campo.  No  recuerdo lo que dijo, porque  mis ojos no podían apartarse  de él; reconocía la  voz, los  gestos, las expresiones de mi  amigo Mounthorn. Lo único que  había cambiado  era  su acento alemán, que ahora era perfecto.
No quiero extenderme sobre recuerdos imborrables de una vida sumida en el terror,  en la incertidumbre sobre  cuando llegaría el día en que fuera enviado a la cámara de gas. Hornberg  nunca dio señales de reconocerme. Y yo tampoco hice nada  por un posible acercamiento. Había demasiado odio en su mirada y en su actitud altanera, fría  y  dominante.
Inesperadamente, recibí la orden de ir  a trabajar su jardín  y  plantar  rosas alrededor de la casa, de manera que el Comandante estuviera rodeado de belleza que  impidiera la visión de los miserables barracones y  le ocultara  a su vez de cualquier posible mirada curiosa desde el exterior. Buscaba absoluta  privacidad  y  se blindaba  contra  la  miseria y horror     que le rodeaba. Tuve que  esforzarme mucho para hacerme imprescindible, creando nuevas  especies   de rosas - la flor preferida de  Hornberg -  pues de ello dependía el retraso de mi ejecución y mi supervivencia
en aquel infierno.  Era una forma de dar oportunidades a  que pudiera ocurrir algún cambio en la trayectoria de la guerra.
El cambio llegó cuando el Comandante Hepworth-Taylor, nos liberó. Todos los soldados de las SS  del campo  fueron hechos prisioneros.  Me contaron que a su padre  le había asombrado que en medio de toda aquella miseria deshumanizada,   existiera un jardín en el que todo era belleza. Le dijeron que yo era el autor, aunque mi profesión era la medicina. Era un hombre afable y muy humano  y sobretodo un ser compasivo y justo. Durante alguna  de las conversaciones que mantuvimos, comentó  en tono cordial y cierto asomo de humor  que si alguna vez iba a Inglaterra,  y no tenía otro trabajo, no dejara de ponerme en contacto con él  pues iba a  necesitar  un jardinero.
Después de nuestra liberación   pasamos por distintos trámites de cuidados  médicos, reubicación territorial, traslados a otros países; yo  acabé en Inglaterra. No me sentía capaz de reanudar mi  carrera médica, así que efectivamente me puse en contacto con su padre y aquí estoy.  Por lo menos ahora tengo seguridad y  la belleza de las rosas da paz a mi espíritu."

Mis ojos no se podían apartar de Mr. Spitz. Temblaba de manera violenta, incapaz de dominarme.

--Sabe cuál es mi nombre de casada, Dr. Spitz. ?

Negó con la cabeza, sin pronunciar palabra.

--Mounthorn, confirmé en un susurro. ¿Sabe por qué nos traicionó a ambos?"

--Sacudió la cabeza.

--Se lo contaré: Durante la guerra existió en Inglaterra un grupo de hombres que,  considerando que el Comunismo era una peor  amenaza que el Nazismo, decidieron apoyar a éste, ser una quinta columna dentro del país. Mi marido era uno de ellos. Yo lo ignoraba, sus encuentros  eran discretos y disfrazados de  reuniones de  caza del zorro, invitaciones de fines de semana a las distintas casa de campo  de sus componentes, de  actividades culturales  y sociales a las que yo también acudía, absolutamente ignorante de  lo que allá  se tramaba: la invasión de Inglaterra.

--Cuando el complot fue descubierto, Mr. Mounthorn  huyó a Austria, tradujo  su nombre  y se alistó en las SS. Al final de la guerra me fue comunicado que había sido condenado a muerte y ejecutado  por  traidor a Inglaterra además de por sus crímenes contra la humanidad.

--Pero lo que nadie supo nunca fue que Hornberg era su verdadero nombre, me respondió el Dr. Spitz. . Me lo contó cuando ambos estudiábamos en Viena.  Cuatro generaciones atrás su familia se había trasladado a Inglaterra por razones profesionales  y habían traducido su apellido al inglés. Su origen judío le causaba vergüenza y lo ocultaba. Lo que nunca pude imaginar es que esa humillación fuera  convirtiéndose en odio hacia sus congéneres, como un sistema de autodefensa de su  propia autoestima.

--¿Por qué no le acusó a alguien en el campo de concentración?,  pregunté.

--Para mi ser judío no es un delito y acusarle hubiera supuesto aceptar  que lo es  y por lo tanto condenarme a mí mismo. Nos hubiera conducido a ambos a una muerte segura y nada hubiera cambiado.

--Sonrió levemente y añadió: ni mi orgullo ni mi conciencia  me lo permitían.


 

miércoles, 4 de enero de 2012

II CERTAMEN DE RELATOS DE MUJERES



LA ASOCIACIÓN DE MUJERES GURE IZARRAK DE BÉRRIZ ORGANIZÓ ESTE AÑO EL II CERTAMEN DE RELATOS DE MUJERES.


Cuando una de mis compañeras de las clases de Escritura Creativa del Aula de Cultura de Villamonte, a las que asisto, me habló de esta posibilidad de presentarme a este Certamen, decidí hacerlo con un relato corto que había trabajado para las clases. Me sentí alentada porque a la profesora le había gustado el trabajo y - por qué no decirlo- a mi también.
Para una novata en el campo de la Literatura, es muy alentador, ver recompensado el esfuerzo. Cuando recibí la noticia de que se me había concedido el primer premio, me hizo muchísima ilusión.
Acudí a Bérriz  acompañada de un par de amigas. El evento tenía lugar en el Aula de Cultura de Bérriz, ya que su sede habitual estaba en obras.
El ambiente era encantador y la presidenta de la Asociación Rosi Pretel no podía ser más  acogedora.




El certificado del premio del Certamen que se nos entrego. Es posible que no se aprecie en la fotografía pero la cara de la izquierda  representa el mar en el que se encuentra un barco y la la cara de la derecha es el conjunto de arena y mar que tanto se da en nuestra tierra.

Aspecto del Salón de Actos   en el que tuvo lugar el acto.

La Presidenta de la Asociación de Mujeres Gure Izarrak  nos dirige una palabras al principio del acto.

Entrega del Certificado del primer premio. ¡El primero de mi vida!

Entrega del Segundo Premio. Se dio la coincidencia de que ambas asistimos a las mismas clases de Escritura Creativa, aunque a distinta hora, y nos conocimos allá.

Aspecto del hall central del Aula de Cultura, con algunos de los asistentes.

La presidenta de Gure Izarrak y las dos ganadoras, junto al marido de Eva, la segunda ganadora.

Buscando algo que no encuentro. Eva y su marido al fondo. Rosi también estuvo con nosotros.

En breve subiré el relato ganador y me encantará conocer vuestra opinión.

jueves, 22 de diciembre de 2011

UNA NAVIDAD DIFERENTE Y SIEMPRE LA MISMA




Me parece un vídeo muy simpático y nos arranca una sonrisa.



sábado, 17 de diciembre de 2011



OS DESEO A TODOS UNA MUY FELIZ NAVIDAD 2011-12, CON LOS MEJORES DESEOS PARA UN NUEVO AÑO LLENO DE PAZ DE CORAZÓN


Si alguno sois aficionados a la papiroflexia, en esta dirección encontréis  cosas que os pueden interesar.

sábado, 26 de noviembre de 2011

VARIACIONES

RETORNO



Mansión Isabelina

No sabe   que es lo que le  hizo  recordar    un  pasado ya casi olvidado. Ha transcurrido tanto tiempo que casi parece  parte de  un sueño irreal. No entiende bien porque regresa buscando los girones de  un recuerdo envuelto en la niebla fluctuante  de su memoria.
Ha vuelto a  bajar del mismo tren en la misma estación. Oscurece. Las tardes en Inglaterra son muy cortas. Un coche le recoge y silenciosamente atraviesa el pueblo. Tampoco esta vez puede  hacerse una idea precisa de cómo es. Las ventanas iluminadas   dejan ver el interior de los hogares de  chimeneas encendidas. Con prudente velocidad el  vehículo deja  el casco urbano para adentrarse en campo abierto.
Reclina   la cabeza en el asiento y se  relaja mientras cruza a través de pintorescos y pequeños  pueblos. Absorta,    contempla en la lejanía las casas de campo diseminadas en el paisaje. Verdes  praderas las rodean y  lindes  de arbustos  separan las propiedades.

La solitaria y silenciosa  carretera, que recordaba tan bien,  serpentea  bajo altísimos árboles centenarios que  unen sus ramas, a muchos metros de altura, emulando   la nave central de una iglesia gótica.

Otra vez es sorprendida por el inesperado giro a la derecha que le conduce por un estrecho camino asfaltado, que desemboca en  una explanada ovalada rodeada de rododendros. Ya ha anochecido y  la entrada principal  al Manor de planta isabelina, apenas se ve.  Varias ventanas emplomadas lanzan una débil luz sobre la explanada. A su luz mortecina puede ver el llamador  de la puerta principal: una alargada barra de hierro terminada en una circunferencia. Tira de ella con timidez  como lo hizo aquella primera vez.
Al poco tiempo la puerta le abren y  vuelve a contemplar el largo corredor empanelado al que dan acceso las puertas del salón principal -con el piano de cola situado junto a la gran ventanal que se abre  al jardín -  la biblioteca, el antecomedor que, a su  vez,  da paso al amplio comedor  de ventanas emplomadas. En  una inmensa chimenea arde un reconfortante fuego que deja entrever  entre sus llamas el escudo, forjado en hierro, de la familia.
En el extremo izquierdo    del corredor arranca  una amplia escalera con balaustrada de madera  que se bifurca  en otras dos que conducen  al primer piso. En este se encuentran las habitaciones principales, amplias y amuebladas con buen gusto.
Con sigilo abre la puerta de la habitación  tan conocida, que le trae el recuerdos del pasado. 
Abre una de las ventanas y contempla el jardín que se despliega a sus pies. A   la luz de la luna puede distinguir el parterre, lleno de plantas del tiempo. Los  árboles centenarios con sus ramas desnudas, trenzan un precioso encaje a través del cual contempla la luna llena. La verde pradera  se desliza con suavidad hasta desaparecer de la vista,  talud abajo. Al fondo, en la lejanía, brillan las pequeñas luces parpadeantes  de una aldea lejana.
El silencio se hace oír en esta soledad oscura. Un quieto  silencio lleno  de tensión, de promesas imprecisas, se apodera de la noche.
En el extremo derecho del jardín hace su aparición la figura blanca que parece  deslizarse sobre  el césped.  Sus movimientos son armoniosos y llenos de encanto. El vaporoso vestido flota a su alrededor dejando una estela de luz a su paso.   Avanza hacia la casa sin rozar el suelo.
No siente  inquietud, solo expectación. La frágil figura sigue avanzando, pasa debajo  de su ventana. Ahora puede oír el tenue sonido de la tela al rozar las florecillas ocultas en la hierba. Se  dirige hacia el extremo izquierdo de la casa. Desaparece en el recodo. 
Oye como la puerta principal se abre y  los suaves pasos se encaminan hacia el salón.
Segundos más tardes empieza el concierto. La música  invade la casa, en un estallido de armonía,  fuerza y pasión. Se mete por los resquicios del techo, trepa por las paredes,  sube hasta su habitación.
Vencida  por su amor a la música  corre  escaleras abajo. Sigilosamente gira la manilla de la puerta del salón y se desliza dentro. La etérea  interprete  se recorta contra  la blanca  luz de la luna; inmersa en un mundo de belleza, se inclina sobre el teclado olvidada de la realidad que le rodea.
No sabe cuánto tiempo ha pasado. El tiempo no existe cuando el placer y la   belleza se apoderan de nosotros. Simplemente se vive.
El silencio vuelve a oírse. No osa moverse, permanece rígida en un rincón del salón. La figura blanca se acerca a ella. Le sonríe: “Has vuelto. Estaba segura de que algún día lo harías. Mañana recomenzaremos las clases”.
Y la gran Andropova se aleja con su andar evanescente. La sonrisa aún permanece en su rostro.
Por fin  sabe por qué ha vuelto.

domingo, 6 de noviembre de 2011

ESCRIBIR A VOLEO




PESCANDO CHIPIRONES. ACUARELA DE PALOMA ROJAS


Uno de los trabajos que tuve que realizar en el curso de Escritura Creativa, ha sido el siguiente. La profesora dictaba a voleo cualquier palabra que cruzara por su mente y los alumnos teníamos que  elaborar un relato al hilo  de este dictado. 

Las palabras subrayadas son las dictadas. Las frases son mías. 

La escarola estaba sin hacer. Yo trepaba por las paredes con el enfado pero tenía que llegar a una amnistía con mi marido para no darle una patada en el tobillo. Siempre se portaba como un mamarracho de brillantes ideas pero habitante de   la estratosfera y actuaba en silencio como un murciélago. El bebé prefería los garbanzos pero él  no comprendía   que los estaba pidiendo, hasta que con un escalofrío se dio cuenta de que estaba azul  y casi ahogándose.

El ejercicio a realizar a continuación era  elaborar una historia partiendo de alguna y de todas las frases trenzadas durante el dictado. 

ESTO ES TODO LO QUE CONSEGUÍ REALIZAR.

Tienes   que desarrollar una idea basada en frases hilvanadas sin sentido. Pero     ¿cómo puedes estructurar una historia que encierre cierta consistencia  cuando el presunto guión  de la misma es absolutamente incoherente?

No es que te falten ideas pero todas son bastante desatinadas  y además unas se solapan con las otras de tal forma que la anterior queda borrada por la posterior. Lo peor es que  las posibles historias  pueden brotar  con la misma velocidad  como la conversación de la vieja amiga de tu madre que habla sin puntos ni comas,  para luego caer en el más absoluto olvido  de lo que ha dicho, y rebatir con gran convicción que ella no ha podido decir esas cosas, cuando nunca las ha pensado. 

Añade  a esto  un temperamento secundario que requiere tiempo para reaccionar  y poner en pie una escrito que contenga cierta entidad y  sentido.  Y si sumas a lo anterior  que  por falta de entrenamiento y preparación, la elaboración de cualquier relato te lleva muchas horas,  el resultado es absolutamente desolador.

Porque, vamos a ver, analizando cada una de las frases escritas,  la escarola no se hace, sino que se prepara o se aliña pero no se cuece.
     
Parece ser que trepaba por la pared porque  el  marido era culpable del desaguisado  y a la mujer  le  hacia falta recobrar la paz para no hacérselo notar de una manera violenta. 

La idea más interesante, es la frase  es la que define al hombre: un ser hueco, un soñador inútil, que no pisa la tierra, que te la juega sin que sepas por donde va a venir el siguiente golpe o sorpresa. Incapaz de darse cuenta de lo que ocurre alrededor y de saber que su hijo prefiere  los garbanzos a la escarola. La  rabieta del niño  le pasaba desapercibida y si no llega a ser porque acaba por darse cuenta de que   está a punto de axfisiarse, le hubiera dejado morir sin advertir  de que lo estaba haciendo.

Y lo peor de todo es que  cuando los asistentes a la clase comiencen a leer sus escritos, todos tendrán unas historias bien trazada, enfocadas de mil formas distintas y con finales originales e inesperados que te dejan   ponderando  como  demonios las han podido crear.


miércoles, 12 de octubre de 2011

HE VUELTO.... AUNQUE CON MUCHO RETRASO

Este año he tenido la suerte de poder entrar en las clases de ESCRITURA CREATIVA que se imparten en la Biblioteca Municipal de Villamonte.
Uno de los trabajos que tuvimos que hacer (voluntariamente, nada es obligatorio) fue el desarrollo del siguiente tema que nos fue entregado como sugerencia de una historia.
Me sorprendió poderosamente la cantidad de versiones distintas que se pueden hacer sobre una misma cuestión . Y me he quedado maravillada de creatividad de mis compañer@s de clase.
He decidido subir mi versión, después de introducir algunos cambios que me fueron sugeridos. Tengo que decir que no he quedado nada satisfecha del resultado, pero tengo en mi defensa que acabo de empezar las clases. Y también tengo que declarar que me pareció una situación difícil y algo escabrosa la que se nos proponía.
Este era el guión introductorio:
"Un hombre se traslada a vivir a una casa que está al lado de la casa de su hija una jovencita que no sabe que su nuevo vecino es su padre. El hombre, llamémosle Frank - no le dice a la muchacha, que podría llamarse Wanda - que es hija suya. Se hacen amigos y, a pesar de la diferencia de edad, ella comienza a sentirse atraída sexualmente or él."


ACUARELA DE PALOMA ROJAS
Gorliz-Altamira
ORIGEN DESCONOCIDO

Le agradaba que el cottage lindando con el suyo se hubiera alquilado por fin. Y sobretodo le gustaba el nuevo inquilino: un hombre atractivo sin ser guapo, en sus mediados cuarenta llenos de fuerza y virilidad. Una posibilidad para que la vida rutinaria y aburrida de Wanda Werner y su trabajo de ayudante en la Biblioteca Municipal del pueblo tuviera la oportunidad de ser menos monótona. Recientemente se había trasladado a Inglaterra, tierra de origen de su padre, ya que ofrecía mejores oportunidades profesionales.

Siempre le habían gustado los hombres maduros, desde que su madre le explicó cuando pudo entenderlo, quién había sido su padre: un compañero de curso, un irresponsable de 18 años que nunca se hizo cargo de ella, sino que la rechazó desde el primer momento del embarazo y acabó abandonando a la madre y a la hija a su propia suerte. Incluso había llegado a maltratarla y amenazarla con arrebatarle la criatura. Habían sobrevivido gracias a que en su tierra de origen las madres solteras tenían toda suerte de ayudas y respaldos para estas circunstancias. Desaparecieron sin dejar rastro y nunca volvió a saber nada de él.

Wanda creció con un rechazo visceral hacía quien le había engendrado Nunca en su vida, y ya tenía 25 años, había considerado la posibilidad de averiguar quién pudiera ser su padre biológico. Y cuando su madre murió llevándose el secreto, ella se alegró de no saberlo. Desde lo más profundo de sí misma despreciaba a aquel ser que había hecho sufrir a su madre y no había querido conocerla a ella.
Wanda no perdió tiempo en encontrar razones plausibles para visitar al vecino, darle la bienvenida y ofrecerse para todo aquello que pudiera necesitar, ya que el centro comercial de Upton on Hill estaba situado a cierta distancia de su vivienda.

Cada mañana él recorría en coche la distancia de su casa a la estación de ferrocarril para coger el tren de las 8.30 de la mañana a Londres. Acercarla a la Biblioteca Municipal se convirtió en una rutina establecida.

Además de esto, Frank Huntington, así se llamaba el vecino, requería con cierta frecuencia orientación sobre las flores a plantar en el jardín de la parte de atrás, y buscaba consejo sobre como decorar la casa, qué productos de alimentación eran los más ventajosos, en cual de las carnicerías del pueblo adquirir la carne, y miles de pequeños detalles de organización doméstica

Wanda, vivaracha e imaginativa, descubría motivos para visitar a su vecino con cierta frecuencia, invitarle a cenar en su propia casa, u ofrecerse a cocinar la cena en casa de Frank ya que él era poco ducho en esto.

Él parecía disfrutar con estos encuentros y gradualmente se fue creando un ambiente en el que la amistad se consolidaba y la conversación fluía con espontaneidad. Compartían muchos intereses comunes y sus puntos de vista sobre aspectos, valores y prioridades en la vida parecían confluir. Esta concordancia en su visión de la existencia en general hizo que Wanda se sintiera impelida a contarle su vida que él escuchó con profundo interés, respeto y delicadeza. Sus ojos brillaron con una luz especial y ella creyó percibir que desde ese momento el trato de él hacia ella había adquirido un cierto tono sutil que no podía descifrar pero que se le antojó ver reflejado en una mayor cercanía y cariño en el trato.

Según iban transcurriendo los meses, los encuentros fueron cada vez más frecuentes y las conversaciones se alargaban durante horas. Wanda se sentía cada vez más atraída por este hombre serio, considerado y delicado. Sin embargo observaba en él una casi imperceptible reticencia a reflejar ningún sentimiento afectivo personal y una indescriptible disposición de reserva.

Pero llegó un día en el que Wanda despertó a la realidad de que Frank no solo era un buen amigo, sino que había provocado en ella la necesidad de depositar su cariño y su amor en quien le ofrecía todo el atractivo físico y humano de un hombre maduro. Era la personificación de lo que había sido su concepto de un hombre integro que merecía ser amado sin reservas. Le desconcertaba, sin embargo, que Frank nunca diera signos de tener ningún interés especial por ella como mujer, aunque era evidente que disfrutaba mucho en su compañía.

Decidió tomar la iniciativa y aclarar aquella relación que le estaba resultando tan desasosegante. Ya habían pasado varios meses desde que se conocieron; le pareció que la situación estaba estancada y que había que romper la situación con una declaración abierta y clara de sus sentimientos. Esa noche habían proyectado ir a cenar a un restaurante pequeño y recoleto en el corazón de Soho y decidió que esa sería la ocasión perfecta para hablar con franqueza. Se disponía a abordar el tema, cuando inesperadamente él asió sus manos con fuerza mirándola a los ojos con una expresión indescifrable. Se armó de valor y titubeante pero decidida comenzó a expresar sus sentimientos, de manera clara y directa. Descubrió con dolor que Frank retiraba sus manos con un movimiento brusco y reaccionaba de manera insospechada, como quien ha recibido un golpe inesperado. Sus palabras fueron desconcertantes, le pidió perdón por la impresión equivoca que podía haber proyectado. Lamentaba mucho que su comportamiento le hubiera llevado a la conclusión errónea de que él sentía algo similar por ella. Terminó la cena de modo precipitado y se despidieron de forma incómoda y embarazosa.

Al día siguiente Wanda descubrió que la casa estaba cerrada y que Frank no había pasado a buscarla para ir al l trabajo.

Dos días más tarde recibió una carta. Reconoció la letra de Frank.

Querida hija:
Yo soy el padre que tu odias, el que crees que te abandonó y vejó a tu madre. Pero creo que tienes derecho a escuchar mi versión de los hechos. Tu madre y yo éramos unos irreflexivos jóvenes, que cifrábamos el amor en el sexo. Cuando tú llegaste, yo quise responsabilizarme de ti, pero a tu madre no le interesaba, De hecho tengo la sospecha, por su comportamiento posterior, que quiso tenerte para asegurarse todas las ventajas que su país de origen ofrecen a las madres solteras, como un seguro de vida. Yo te busqué y puse todos los medios para poder verte con regularidad, compartir con tu madre las responsabilidades respecto a ti, pero no me dejó. Puso todas las dificultades que burocráticamente encontró para dificultarlo.
Al cabo de unos años, me casé con una mujer adorable. Tuvimos cuatro hijos, dos chicos y dos niñas, pero toda la felicidad que rodeaba mi vida desapareció el día en que la furgoneta con los cinco chocó frontalmente contra un camión que venía en la dirección contraria. Murieron instantáneamente.
Mi vida quedó truncada. Al principio estaba tan anonadado que parecía no sentir nada, la vida perdió su sentido, me refugié en el trabajo hasta la extenuación, viajé, visité a mi familia en Escocia, realicé largos viajes de trabajo. Acabé decidiendo que debía cambiar de casa, de ambiente, de ciudad, buscar la tranquilidad de un pueblo.
Evelyn, mi mujer, supo de tu existencia desde el principio de nuestra relación. Juntos realizamos una profunda investigación sobre tu paradero. Fue después de que toda mi familia desapareció cuando me llegaron noticias fidedignas sobre ti. De hecho, fui a vivir a Upton on Hill porque había averiguado donde vivías. Pude alquilar la casa adyacente a la tuya.
Quería acercarme a ti para ver el mejor modo de abordarte y abordar el tema de mi paternidad, porque sospechaba lo que pensabas de mí.
Nunca cruzó por mi mente que pudieras ver en mi un hombre del que pudieras enamorarte. Pero algo debí de hacer mal. A mí me guiaba el amor paternal y no llegué a captar que el tuyo no era un amor filial, sino el afecto de una chiquilla espontánea y necesitada de amor.
En nuestra última cena juntos, estaba a punto de afrontar el tema de tu origen y nacimiento, cuando me sobrecogiste con tus palabras. Solté tus manos inmediatamente y no supe como actuar. De ahí mi reacción tajante y brusca. No encontraba palabras para aclararte la verdadera situación.
Para mi tu serás siempre la hija que perdí y que quería recuperar. Espero que ahora que conoces la realidad, puedas ver en mi a tu padre, que te ha querido siempre, aún sin conocerte. Y te quiere aún más desde que te ha conocido y ha visto la maravillosa criatura en que te has convertido.
Dejo en tus manos cuando volver a vernos. Comprendo que la situación puede ser difícil para ti. Tu puedes contar con todo mi cariño de padre
John Hutton
Ese es tu verdadero apellido. Frank Huntington nunca existió.

sábado, 13 de agosto de 2011

CONTINÚO CON LOS RE-.ESTRENOS

Por causas diversas sigo sin tiempo para escribir una nueva entrada. Pensé en un principio que este verano iba a ser más tranquilo, pero siempre ocurre lo inesperado: desde el ordenador que parece ha perdido el juicio, hasta sucesos inesperados que me impiden tener la suficiente serenidad para centrarme en lo que quiero narrar.

Estando las cosas así, vuelvo a subir una entrada de hace algún tiempo. Disfruté escribiéndola porque durante años había sido una idea me parecía el colmo de lo inquietante. A ver que os parece a vosotros. Aquí va.

viernes, 5 de agosto de 2011

PRESENTANDO A PALOMA ROJAS

Todavía no estoy de vuelta, pero he recibido la grata sorpresa de conocer el nuevo blog de PALOMA ROJAS, cuyos trabajos suelen embellecer mis entradas. No he podido resistir la tentación de incluir su dirección para que podáis ver las obras tan estupendas que realiza.
Estoy segura de que os van a gustar tanto como a mi.
http://acuarelaspalomarojas.blogspot.com/

sábado, 9 de julio de 2011

RE-ESTRENOS

No tengo tiempo, de momento, para pararme a reflexionar y escribir algo nuevo. Se me ha ocurrido inaugurar un nuevo apartado de Re-estrenos, como se hacía antiguamente con las películas. Voy a subir algunas entradas que a mi me resultaron especialmente entrañables cuando las escribí. Muchos no las conocereís,porque habeís llegado a mi blog más tarde. Espero que os guste.

Aquí está la primera.

sábado, 2 de julio de 2011

NO ES ADIOS, SINO HASTA LUEGO

OLABEAGA, BILBAO. ACUARELA DE PALOMA ROJAS



Voy a pasar unos cuantos días fuera. Voy a descansar y pararme para poder pensar, aprender y reponer fuerzas

Voy a visitar Aragón, donde están parte de mis raíces No creo que tenga mucho tiempo para hacer ninguna entrada durante este próximo mes.

Pero tened por seguro que pasaré por vuestros blogs, para haceros una corta visita y ver como os va.

Hasta muy pronto

lunes, 20 de junio de 2011

CONFERENCIA EN LA BIBLIOTECA DE BIDEBARRIETA DE BILBAO


Esta vez cambio de tercio. No va a ser ningún relato corto, sino una consideración sobre mis INTENTOS DE ESCRITORA.

La Biblioteca de Bidebarrieta de Bilbao ha organizado un ciclo sobre "Diálogos con la Literatura" durante el curso 2010-2011. Una amiga mía me mandó un mensaje sobre la que iba a tener lugar el martes 14 de junio sobre el tema de "La construcción de los personajes literarios". Tomaban parte María Dueñas, autora de "El tiempo entre costuras", el gran existo de este año con cuatro millones de ejemplares vendidos y Lorenzo Silva, precursor de la novela negra española y prolífico autor de muchos otros libros de temáticas distintas, incluida la poesía.



Sociedad "El Sitio" en la calle Bidebarrieta



Esta Biblioteca está ubicada en un edificio emblemático de la Historia de Bilbao. En su origen fue la Sociedad Sitio, en conmemoración al Sitio de Bilbao por parte del ejército carlista, en el que mis dos abuelos tomaron parte activa como defensores de la Villa.

Tenía mucho interés en asistir, así que tres de las contertulias de las TERTULIAS LITERARIAS, cogimos el metro, después de la CLASE DE HISTORIA habitual y nos desplazamos a Bilbao. Llegamos con tanta antelación que tuvimos que esperar un buen rato, pero luego nos compensó pues pudimos sentarnos en las primeras filas y disfrutar de unas exposiciones muy ricas, amenas e ilustrativas.





Foto tomada mientras esperábamos que abrieran el salón de conferencias



Hay algunas amigas y algunos parientes que me animan a que escriba una novela, me invitan a que me lance a la aventura literaria. A mi me encantaría hacerlo, pero siempre me retrae lo que yo considero una dificultad: primero, el diseño de la historia: como crear un tema que tenga contenido; segundo, como desarrollarlo de manera que los personajes y la historia sean creíbles, y los primeros no sean marionetas de su creador, sino criaturas con entidad propia, que obedecen a impulsos, reacciones , pasiones, intereses, defectos y virtudes , coherentes con la idiosincrasia del personaje que se ha creado: seres humanos sólidamente forjados y psicológicamente reales.

Ambos escritores expusieron sus puntos de vista de manera muy clara y asequible, con una sencillez y ausencia de pedantería digna de encomio. Me gustó y me aclaró las ideas la exposición que cada uno hizo sobre la creación de sus personajes.

Me resulta difícil hacer una síntesis de lo que se comentó durante la hora larga que duró la conferencia entre exposición y preguntas, así que me voy a limitar a reflejar algunas de las conclusiones que extraje de todo lo que allá se dijo.


Hay muchas formas de construir una novela. En el caso de María Dueñas, según le creí entender, lo primero fue la historia que quería contar, en la que intervienen personajes reales con sus nombres y apellidos. Para este fin, se hizo con pruebas fehacientes de los hechos históricos que quería narrar y después creó el personaje que hiciera de hilo conductor de esos hechos y que pudiera encajar en aquella época y circunstancias. Sin embargo su descripción de Tetuan me parecía realista y colorista. Aclaró que su madre había nacido en Tetuan y ella conocía bien el ambiente de la ciudad. . Esto me ayudó a entender por qué, en mi caso, había encontrado a la protagonista y su trayectoria poco verosímil.





También Lorenzo Silva expuso como en casos de hechos reales, se documenta de forma similar para tener constancia de que no está inventándose nada que no sea verídico.




Lo que voy a decir a continuación no es un testimonio exacto de las palabras de los ponentes, sino conclusiones subjetivas a las que llegué y que pueden ser erróneas en sí mismas o interpretaciones erróneas de lo que allá se dijo.
El moderador trajo a colación el tópico tan conocido sobre cómo algunos personajes se imponen al autor y parece que tienen existencia autónoma. Saqué la conclusión de que esa afirmación no era exactamente cierta aunque sin embargo ocurría en ocasiones que al ir desarrollando la historia, se podían encontrar con la necesidad de dar más cuerpo a un personaje determinado, hecho que contribuye a que vaya cobrando más fuerza y relieve dentro de la historia.
En otras ocasiones se ve la necesidad de crear un nuevo personaje porque la acción o la historia lo requieren para que sirva de enlace o dé verosimilitud y pie a algún otro episodio del desarrollo de la acción.
Los personajes pueden ser creados por la imaginación del autor o pueden ser tomados de la realidad, en cuanto a la idiosincrasia y personalidad, aunque la trayectoria del personaje real que ha servido de inspiración no se corresponda con la acción narrada. La descripción de un personaje real puede contribuir a vertebrar y estructurar mejor al personaje ficticio.
Se dan también otras circunstancias en que personajes que en principio eran secundarios adquieren una dimensión que los destaca del resto y se pueden convertir en piezas fundamentales de la historia, con fuerza propia.



Después de escuchar todo lo que escuché, me pregunto si no es estrá más de acuerdo con la realidad, el conformarme con INTENTAR SER ESCRITORA, que aspirar a serlo.

lunes, 6 de junio de 2011

TERCERA GENERACIÓN

ACUARELA DE PALOMA ROJAS


Era la víspera del día de Reyes. Los pequeños de la familia, se asomaban al balcón, para ver pasar la Cabalgata. Su hija pequeña, apenas podía alzar los ojos por encima de la barandilla e intentaba meter la cabeza entre los barrotes para poder ver algo. Su madre la cogió en sus brazos de forma que pudiera dominar todo el cortejo que desfilaba debajo de su casa. Sintió con sorpresa y ternura que el cuerpo de su pequeña temblaba convulsivamente, como quien tirita. Era como un pajarito acurrucado entre sus brazos. No podía ser que sintiera frío porque estaba bien pertrechada para la fría noche.
Sentía los latinos acelerados de su pequeño corazón y la emoción incontenida, mezcla de alegría y de cierto respetuoso temor; pura emoción y expectación ante el espectáculo - a sus ojos inocentes llenos de riqueza y atractivo - de los muchos pajes, de la majestuosidad de los Reyes Magos, de la bondad que desprendían sus barbas blancas, de sus caras sonrientes, los turbantes y coronas enriquecidos con piedras y el resplandecer de los relucientes dorados y luces que les acompañaban.
La apretó fuerte contra su corazón, y le fue hablando con voz suave y dulce. La pequeña se fue tranquilizando y empezó a disfrutar de la noche mágica. De vez en cuando volvía la cara hacia su madre y sonreía llena de gozo y maravillada. Inmediatamente fijaba su mirada en la cabalgata y sus ojos se llenaban de asombro y contento.
Treinta años más tarde, los acontecimientos le trajeron a la memoria este suceso. Ahora, ya abuela, estaba ocupándose de su pequeño nieto, hijo de su sensible y emotiva hija, que por razones profesionales de su marido, pasaba unos días fuera del hogar.
Lo contemplaba llena de asombro. Ni rastro de la delicada sensibilidad de su madre. Su mirada era directa e interrogadora. Bien proporcionado, fuerte, sólido.
Le maravillaba su flexibilidad: las piernas fuertes y ágiles se movían en todas direcciones: las puntas de los pies alcanzaban la altura de su cabeza o se disparaban imprevisiblemente hacía derecha e izquierda hasta alcanzar los costados de su cuna. Todas esas sacudidas hacían que sus calcetines salieran disparados, por encima de los barrotes de la cuna. Y una vez librado de ellos, alzaba los pies en el aire, hasta que se encontraban frente a frente y los dedos se entrelazaban entre sí, como si estuvieran en adoración o fuera un viejo barrigudo con sus manos cruzadas delante de su obesa panza. Todo transcurría en pocos segundos.
Imprevisiblemente, comenzaba a improvisar cambiantes expresiones faciales que pasaban de la curiosidad expectante ante sus propias manos, llenas de hoyuelos, a la sonrisa abierta y desdentada, con un intervalo de vacilantes intentos de lloro que se resolvían en el asombroso descubrimiento de que sus rechonchas piernecitas podían estirarse hacia delante y alcanzar el borde de la cuna. Ante este nuevo alterntiva pegaba insistentes golpes contra ella, como quien quiere conseguir alargarla o intenta crecer anticipadamente.
Una vez agotados todos los entretenimientos de propia creación, recurría a su abuela, con una sonrisa engañadora y conquistadora que derretía el corazón. Agitaba los bracitos sin ritmo pero con insistencia para pasar a la fase de los pucheros y desembocar en la culminación del llanto desconsolado de quien no puede alcanzar su objetivo.
La abuela, había declarado de antemano que su papel no era educar, así que le cogía en brazos y jugaba con él, manteniendo un continuo monólogo, que hubiera querido fuera dialogo. La cabeza del chiquitín se mantenía firme y tiesa; contemplaba el mundo por encima del hombro de su abuela, o bruscamente se giraba para investigar que estaba pasando en proa. En otro movimiento rápido miraba de frente inquisitivamente. Entonces se tropezaba con la voz cálida y bien modulada, que le hechizaba durante cortos segundos, en los que giraba la cabeza a derecha e izquierda como quien busca algo que no encuentra, hasta volver a fijarse en la sonrisa conocida de su abuela.
En un arrebato de cariño esta le envolvía en un abrazo suave y pequeño mientras le hablaba al oído y le llamaba chiquitín, gordito, mi sol. Sentía su pequeño y ágil cuerpo, revolverse entre sus brazos, y buscar la libertad. Su corazón no latía como el de su madre, ni temblaba de emoción. Este era un pajarillo que anhelaba su libertad e independencia. Quería descubrir el mundo por sí mismo.

domingo, 22 de mayo de 2011

AMIGA PERDIDA PERO NO OLVIDADA



AMAPOLAS. ACUARELA DE PALOMA ROJAS




No puedo recordar su nombre. He repasado cuidadosamente las viejas agendas recopiladas durante muchos años, en las que aparecen las personas que he ido conociendo a lo largo de mi vida. Tengo una muy leve intuición de que uno de esos nombres es el suyo pero tan solo aparecen sus señas en Inglaterra. Vagamente recuerdo a una chica alta, morena, con ojos claros y mirada sonriente, que sabia encarar la vida de frente.
Ocasionalmente la recuerdo y divago sobre su posible derrotero: ¿habrá reencontrado a su familia?,¿ Se habrá casado?, ¿Tendrá hijos?,
¿Se acordará de mí, de nuestra pequeña aventura de juventud?.
¿La volveré a encontrar algún día?

Nos conocimos por casualidad. Era el año 1960
En las vacaciones de semana Santa, yo había quedado con una amiga mía en recorrer Escocia, utilizando la línea de autobuses "Green Line". Un par de días antes de la partida, me encontré sola para realizar este viaje; a mi compañera de viaje le surgió algún impedimento insuperable. Dudé qué hacer pero en un arranque de espíritu pionero, decidí aventurarme en solitario. Dejé Londres a primera hora de la mañana. Al cabo de varias horas aparecí en Gasglow, y me dirigí a un Youth Hostal.
Pasé al comedor y me senté en una mesa frente a una chica que también se encontraba sola. Establecimos un diálogo y descubrimos que ambas nos encontrábamos en circunstancias similares. Acordamos seguir la aventura juntas. Trazamos un plan para el día siguiente; recorrimos la ciudad de cabo a rabo, admiramos el Cristo de Dalí y disfrutamos con la vista de jardines floridos y alegres.


De común acuerdo decidimos hacer autostop y tuvimos éxito: un camión que transportaba clavos nos recogió y nos montamos en la parte de atrás junto a la carga, que dejó su recuerdo en nuestros cuerpos molidos pero no en nuestro espíritu lleno de juventud. Todo nos hacia reír y nuestra risa era contagiosa. Acabamos sentadas en la cabina del camión, compartiendo carcajadas con los tres empleados de la compañía, sorprendidos de nuestra alegría de vivir.


Oban es un rincón maravilloso, del que recuerdo su puesta de sol en el atardecer y la conversación monótona y aburrida de un alemán sorprendentemente moreno, del que era imposible deshacerse.
Subrepticiamente, al siguiente día cogimos otro autobús que, atravesando paisajes maravillosos, pequeños pueblos encantadores y orillando un Loch Ness calmo y nada amenazador, nos llevó a Aberdeen.


Poco a poco las dos fuimos conociendo nuestras mutuas circunstancias y nuestros afanes. Mi vida no tenía nada de extraordinaria pero la vida de mi compañera de viaje, me causó una impresión imperecedera.
Utilizando el metro como camino más seguro de huida y con solamente lo puesto, para no levantar sospechas, había escapado de Alemania Oriental. La familia sabia de sus planes y consciente del riesgo a lo que se podían exponer tanto ella como el resto de ellos, le alentó a que lo hiciera.
La escapada se había coronado con éxito y ahora estaba en Inglaterra, trabajando para una familia. Le pregunté si sus padres y hermanos habían sufrido alguna represalia por parte del Gobierno de la República Democrática. "Nada vital" me respondió pero su hermano no había podido encontrar trabajo.


Era una mujer alegre y divertida, llena de vitalidad y de esperanza. No hicimos muy amigas, disfrutamos mucho con las diversas aventuras que emprendimos juntas y con los diversos tipos que nos encontramos en nuestros periodos de autostop: el soldado zipizape, - la lengua inglesa resulta cómica cuando es utilizada por alguien con este defecto- que al volante de su mini se dirigía a unirse a su batallón en un punto determinado de nuestro recorrido. Nuestra llegada a la estación de tren donde se encontraba estacionada su compañía, fue acogida con hurras y silbidos de admiración; el hombre de negocios lleno de sí mismo y con aspecto de conquistador que quiso deslumbrarnos invitándonos a comer a un buen hotel en nuestra ruta hacia Edimburgo.


Visitamos la ciudad maravilladas ante sus colores y su aspecto de cuento de hadas; Princess Street abarrotada de flores, el castillo de cuento colgado de la colina que se eleva frente al monumento levantado a Walter Scott, El Castillo de Holyrood, en un extremo de la ciudad, el buen tiempo que nos acompañaba. Y la sencillez de los habitantes, lejos de la seriedad, formalismos y sofisticación del muy educado sur de Inglaterra.

Aquí terminaba nuestra empresa compartida; partíamos de la misma estación ferroviaria aunque a diferentes horas. Nuestros destinos también eran distintos. Mi tren para Londres era el primero en tomar la salida. De repente recordé que no había comprado nada para comer durante el viaje y mi amiga salió disparada en busca de unos sandwiches. Volvió justo cuando el tren estaba iniciando lentamente su salida. Bajé hasta el último escalón para recoger el paquete de comida sin poder despedirme ni darle un abrazo. Al subir precipitadamente los dos escalones que me dejaban en la plataforma del tren, me di un tremendo y doloroso golpe contra uno de los escalones. Me quedé paralizada de dolor. Creí que me había roto la pierna, el dolor era tan fuerte. Todavía se puede palpar en mi pierna izquierda una hendiura recuerdo de aquel golpe y de aquel viaje.


Mientras veía deslizarse por la ventanilla los campos Escoceses y las praderas Inglesas tuve la intuición de que había vivido algo, que nunca volvería a repetirse.
Habíamos intercambiado nuestras señas tanto en Inglaterra como en nuestros países de origen pero yo tenía el presentimiento de era algo baldío. Nos escribimos durante algún tiempo, pero poco a poco y gradualmente los acontecimientos nos fue llevando por derroteros que hicieron que nuestras vidas fueran divergiendo, hasta perderse en la distancia.

Las cosas no ocurren por casualidad, sino que tienen algún fin o intención en nuestra vida. Aún me sigo preguntando que repercusión tendrá o habrá tenido este encuentro casual con la trayectoria de mi propia vida.

lunes, 16 de mayo de 2011

EL VÉRTIGO DE LA NADA

SAN JUAN DE GAZTELUGACHE. ACUARELA DE PALOMA ROJAS




Le sobrevenía de vez en cuando y sin previo aviso. Había ocurrido desde temprana edad, cuando apenas tenía uso de razón.
Un precipicio se abría a sus pies; se perdían los puntos de referencia que daban sentido a la vida y hacían la existencia lógica, segura y comprensible. Era como estar colgada sobre el abismo, pendiente de un hilo sujeto por dedos invisibles.
Se asemejaba al vértigo que se siente en las alturas. Pero esta vez la atracción del abismo, de la nada se hacia presente; una sensación de angustia instantánea, que sacudía con energía, recurriendo a la esperanza.
Era un fugaz chispazo de vacío que llenaba su alma y se adueñaba de ella: el significado de la existencia. Un relámpago que cruzaba su alma y su cerebro. El ansía de algo más, de algo impreciso que hacía sentir la necesidad de lo infinito.
Cuando pasaba, y era un segundo, todo recobraba su razón de ser y auténtico valor y la vida seguía pareciendo brillante y prometedora, llena de aventuras inexploradas, de objetivos que llevar a cabo, de metas que alcanzar, de trabajos que realizar.

No sabía discernir si era un segundo de lucidez o un momento de locura.
Pero no alteró su modo de pensar, ni sus valores, ni la dirección de su existencia.

domingo, 24 de abril de 2011

FELICES PASCUAS




CON MIS MEJORES DESEOS PARA UNA MUY FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN.

lunes, 18 de abril de 2011

APRENDER A AMAR


Butrón en otoño. Acuarela de Paloma Rojas


Le conoció de niña y creció con la idea de que acabarían casándose. Sin embargo la perspectiva no le tentaba. Quiso libertad y descubrir mundo, experimentar cosas distintas, conocer otras personas, gentes, países. Atarse a él suponía abandonar sus propios planes, comprometerse a algo que, aunque no le repugnaba, porque le quería, le resultaba costoso, esforzado, dejar de ser independiente.

Llegó un momento en el que tuvo que tomar una decisión definitiva. La propuesta de él era nítida y clara. No forzaba nada. Proponía. Pero la invitación era tan amable, generosa y noble que puso en evidencia lo que ella barruntaba desde mucho tiempo atrás: sólo iba a ser feliz si se casaba con él. Y era lo suficientemente perspicaz como para darse cuenta de que fuera de este matrimonio no lo iba a ser : nada ni nadie había llenado en todos aquellos años sus expectativas.

Decidió dar el paso adelante; suponía sacrificar muchas otras posibilidades y perspectivas , negarse otros caminos que le entusiasmaban pero adivinaba que su auténtica felicidad se encontraba junto a él.

Se casaron. Nunca lo lamentó. Aun más: si en el horizonte aparecía alguna dificultad o tentación de añoranza por una decisión diversa, recurría a su sentido de la lealtad y ante ella se erigía clara y firme la certeza de que nunca hubiera sido feliz con otro hombre. De hecho no concebía la vida sin él: hubiera carecido de sentido. Buscaba hacerle feliz, se sacrificaba para que lo fuera. Habían tenido varios hijos y eso les había unido más aún de una manera firme y clara.

El día que de forma inesperada, suave pero claramente, él le reprochó que no sabia querer, se quedó sin palabras, Muda. En silencio protestó en su corazón: tantas cosas sacrificadas por él: carrera, profesión, país, abandono de sus propios gustos y adaptación sin protesta a los gustos y demandas de él, a un sistema de vida tan distintivo de lo soñado. Se rebeló contra su afirmación y se indignó; enumeró sus sacrificios ocultos, proyectos abandonados por él, comodidades dejadas a un lado, carencias llevadas con alegría y sin reproches, sueños olvidados.

Con claridad meridiana él expuso que no quería sus sacrificios, ni el cumplimiento a rajatabla del deber ni sus autonegaciones estériles, sino su amor. Necesitaba ser querido por sí mismo, no por ser garantía de segura felicidad. Simplemente, quería su corazón, su vida, su auténtico ser, ella misma. Quería ser amado no solo con la cabeza sino con el corazón.


La indignación que ella sintiera al principio, dio paso al desconcierto y a este siguió el lento descubrimiento de su equivocado enfoque sobre el amor: descubría algo de sí misma que siempre había considerado como positivo, y ahora resultaba que era mezquino calculo, medida asumida para no quedarse indefensa. Y no sabía como remediarlo.


En un arranque de sinceridad, comprendió que no le hubiera gustado ser querida en la misma forma en que ella había querido.


Buscó en su interior un modelo, una norma a seguir, algo en que apoyarse.


Y descubrió con asombro que tan solo tenía que fijarse en como amaba su marido para caer en la cuenta de lo que era querer de verdad: saber amar sin condiciones.


Seguir amando aunque se supiera amado como un medio para asegurar la propia felicidad y no considerado en su verdadero valor.