LA RÍA DE BILBAO.ACUARELA DE PALOMA ROJAS

viernes, 13 de agosto de 2010

VARIACIONES

YA NO VOLVERÉ A OÍR LA LLAVE DE LA PUERTA

Ya no volveré a oír la llave de la puerta de la calle, cuando llegaba todos los mediodías puntual, como siempre.
Ni escucharé el silencio lleno de los pequeños sonidos familiares cuando colgaba su gabardina y sombrero en el perchero y metía el paraguas en el paragüero, antes de avanzar hacia el fondo de la casa.
Ni puedo esperar percibir otra vez sus pasos pausados, seguros, acercándose hacía el cuarto de estar.
Ni oiré su voz siempre amable y acogedora saludando desde el pasillo mientras se acercaba donde yo estaba y preguntaba con su eterna sonrisa en la voz: "¿qué tal estás, como te ha ido la mañana?"
Desde su butaca, cogía el periódico para echarle un vistazo más completo que el de la mañana, antes de salir para el trabajo.
Seguiré echando de menos su mirada cariñosa y comprensiva mientras pasaba las hojas, compartía alguna noticia y hacia algún comentario, - "Han subido las Santander, hay ampliaciones, mira lo que dice el presidente de gobierno"- siempre dispuesto a escuchar lo que yo le quisiera contar. No le importaba que le interrumpiera; todo lo contrario, le gustaba.
Ya nunca veré sus ojos grandes, tranquilos e inteligentes que miraban con expectación e ilusión, alentando a que le comunicara algo. Para él todo era interesante, aunque fuera una nimiedad.
Ahora nadie abre la puerta, no se oye ninguna llave, el abrigo, el sombrero y el paraguas están inmóviles en sus respectivos lugares. El silencio recorre el pasillo sin meter ningún ruido. Levantó los ojos y no existen otros que respondan a mi mirada. Se han cerrado, se han ido.
Pero queda su recuerdo imborrable. El recuerdo de un hombre excepcional, que paso la vida sin meter ruido, pero dejando detrás de sí una estela de amor, cariño y admiración.
Y silencios. Escuchaba en silencio, siempre atento, dejando que los demás se expresaran y se sintieran comprendidos. Sus respuestas en forma de sugerencias eran discretas, inteligentes, nunca impositivas, aunque muy claras en su exposición.
Hablaba desde su corazón con aquellos que sabía iban a entender quien era y como era. Con todos los demás era muy bien educado amable y cariñoso, pero no se engañaba respecto a su amor hacia él.
Hombre de profundos amores imperecederos.
Los de verdad, los auténticos.

lunes, 2 de agosto de 2010

MISCELANEAS



MANCHESTER REVISITED



Hacia cuarenta años que no había vuelto a Manchester, ciudad en la que pasé seís meses cuando era joven y llena de energía y vitalidad. Trabajaba intensamente y no tenía mucho tiempo para acercarme al centro.
Asombrada, he vuelto a patear la ciudad, sin reconocer ningún edificio, ni paseo, ni tienda, ni autobús - y entonces cogía muchos; una ciudad nueva para mi, un nuevo descubrimiento. Me acercaron a la casa donde había vivido, en el distrito de West Didsbury y ante mi perplejidad, no fui capaz de señalar el lugar donde había vivido. Es la primera vez que me ocurría algo semejante.
Esta vez, con más tiempo, he recorrido la ciudad a fondo, he visitado museos - desconocía que hubiera tantos y tan variados - he admirado la reconversión de los viejos puertos en zonas de grandes espacios dedicados a la cultura, a las artes; he recorrido las vías principales, he visto espontáneos perfomances callejeros.
También ha habido escapadas a las ciudades medievales de Chester y York. Muchas cosas que si veo oportuno iré subiendo a este blog.
Pero como aperitivo a todo ello, en mi primera noche en la ciudad, eche a correr al Hyundi Fan Park en el Events Arena, para ver en pantalla gigante el partido de España contra Holanda de la Copa del Mundo. El ambiente era increíble. Emocionada, escuché los gritos de aliento de los británicos en pro del equipo español. El conocido amor de los ingleses al fair-play volvió a demostrarse, aunque en honor de la verdad, desde un principio eran evidente mente favorables al equipo de español.
Al final del partido, los nervios se desataron y todo eran enhorabuenas y gritos de júbilo- en diversas lenguas: indio, filipino, inglés, español, y otras indescifrables idiomas. Volví a casa reconfortada por el triunfo y con el corazón alegre.

ASPECTO QUE OFRECÍA EL ARENA PARK ANTES DE COMENZAR EL PARTIDO
OTRO MOMENTO ANTERIOR AL COMIENZO

VA OSCURECIENDO Y EL PARTIDO NO SE DEFINE. NERVIOS.

SEGUIMOS EN TENSIÓN. LA ALEGRÍA DE LA VICTORIA NOS HIZO OLVIDAR LA MÁQUINA DE FOTOS.

domingo, 4 de julio de 2010

MISCELANEAS

UNA TEMPORADITA EN MANCHESTER


Como he comentado en mi otro blog http://xvxiv.blospot.com, me voy a pasar unos días en Manchester, ciudad que me trae muy buenos recuerdos de mi estancia allá, hace la friolera de 44 años.
Tanto la ciudad como yo debemos estar bastante cambiadas: Manchester ha mejorado mucho según tengo entendido y ha rejuvenecido, cosa que no puedo decir de mi misma. Aunque creo que ambas seguimos manteniendo el mismo espíritu emprendedor, el mismo empeño de crecer, de conocer, de saber.
Cuando estuve allá no tuve muchas ocasiones de moverme por los alrededores, porque el trabajo me lo impedía. Pienso que ahora tendré ocasión de hacerlo. Voy a procurar visitar aquellos lugares, museos, pueblecitos, que entonces no puede recorrer.
Voy con la intención de hacer fotografías y sacar vídeos de los sitios que visite. Pero dudo mucho que puede subirlos durante estos días en Inglaterra.
Os deseo muy buen verano y buen descanso.
Hasta la vuelta.

sábado, 3 de julio de 2010

COMPRENSIÓN E IDENTIFICCIÓN

No es fácil compartir el dolor. Ni aún con las personas con las que mejor te entienden y mejor te quieren. Y a las que más quieres. Y las que más entiendes.Transmitir los propios sentimientos del alma y del corazón, es relativamente fácil, cuando se quiere a quién se habla. Pero percibir o recibir el mensaje de quién nos confía su dolor o su laegría, en el idéntico tono y las mismas notas con que nos ha sido comunicado, es una operación de la que nunca se está seguro de haber realizado con acierto. Por la sencilla razón, de que cada cual entendemos el mensaje a través de nuestras propias formulas mentales o afectivas. Y estás no son identificas en el emisor y el perceptor porque cada individuo tiene su propia idiosincrasia, su personal y única manera de ser, de sentir, de percibir.
Es dificil la identificación por mucho que queramos entender a aquellos que amamos. Y estoy hablando de personas que se quieren y se entienden.
Siempre queda un pequeño vacío, imposible de completar. El vacío que nace de la realidad de que cada uno es único, intransferible; se puede comunicar pero no siempre es posible identificarse.
Es parte de la limitación humana
Creo, además, que es bueno y necesario porque así hay complementariedad. Y por lo tanto se genera riqueza interior, mayor crecimiento en la capacidad del conocimiento propio y ajeno, mayor entendimiento de la realidad, aumenta la capacidad de comprensión hacia los demás, porque nos damos cuenta de que parte de su sufrimiento o alegría se nos escapa y por lo tanto brota un más grande afán de cercanía, de deseos de servir de ayudar.

viernes, 11 de junio de 2010

VARICIONES

LAS OLAS, EL FUEGO Y EL ROSTRO DE UN NIÑO


Desde mi ventana o desde Punta Galea, me gusta contemplar el mar, este viejo mar de mi vieja tierra, a veces furioso, a veces gallardo, en ocasiones suave pero nunca cobarde. Las olas que lamen la arena de las playas al pie del acantilado, son siempre olas pero nunca iguales. El mar compone constantes variantes del eterno movimiento: es artista, creador y su obra jamas se repite. Cada golpe de mar que la marea lanza a la arena y contra las rocas tiene una fuerza propia que estalla de forma diversa: a veces amenazante, otras acariciadora, en ocasiones juguetona. Plácida y reposada en los días de buena mar.
Durante los días de tormenta o de mar de fondo y en las mareas vivas de septiembre, la debilidad del hombre se hace evidente, su incapacidad de dominar la inmensa fuerza del mar se pone de manifiesto. Sentirse arrastrada por aguas indomables, da la medida de la precariedad del ser humano.



Contemplar la chimenea encendida tiene un efecto hechizante. El fuego prende la mirada, y los pensamientos se enredan en las llamas, en su continuo variar de forma y dirección: están vivas, tienen voluntad propia.
El fuego proporciona calor pero también terror, es incontrolable y caprichoso, Infunde respeto a la vez que fascina y enamora.



Mi caprichosa imaginación ve estos dos elementos combinados en el rostro de un niño de pocos meses, en su mirada sin trastienda; incapaz de mantener la misma expresión por mucho tiempo, va de la risa, al desconcierto, pasando por un puchero que precede al llanto y acaba desembocando en una inesperada, desdentada y encantadora sonrisa. La única boca sin dientes que no produce desagrado.



La diferencia con el mar y el fuego es que un niño no produce ni respeto ni temor, sino que convoca la ternura, los deseos de protección.
El mar, el fuego y un niño. Los tres tienen algo en común: son únicos, genuinos, irrepetibles.

viernes, 21 de mayo de 2010

VARIACIONES

CASA DE MUÑECAS
Cuando eran niñas solían jugar juntas durante las obscuras tardes de invierno. Sus nombres eran Paloma y Nieves. Para ellas ningún día ira igual al otro, ni en los juegos, ni en las circunstancias. Casa uno era producto de la imaginación del instante.

Un día eran madres de familia, sacando a sus pequeños a jugar a un parque imaginario. Otro, se apresuraban a montar, con toda la familia de juguete, en un tren a punto de ponerse en marcha. Varias sillas colocadas encima de un par de mesas era su inesperado expreso. En algunas ocasiones se subían sobre los tacones de la madre de Nieves y vestidas con trajes de las hermanas mayores, asumían nombres de las personas influyentes de la burguesía de la ciudad e imitaban sus gestos y conversación .

Pero la llegada de una casa de muñecas victoriana, regalo de la abuela de Nieves, cambió el ritmo de los juegos invernales. Había pertenecido a generaciones anteriores. Ocupaba la mitad de la pared del cuarto de juegos. Y sobresalía un metro hacia el centro de la habitación. La fachada se abría hacia el exterior y dejaba ver todo el número de salones, lounges, sitting-rooms, tea-rooms, baños con sus jofainas y bañeras diminutas, cuarto de los juguetes de los niños de la casa, habitaciones, cocinas, lavaderos, cuarto del carbón.

No eran conscientes de ello, pero se trataba de una antigüedad de origen británico que reflejaba fielmente la época de los muebles y el vestuario.
Los dueños de la casa iban decididamente vestidos del siglo XIX: los gemelos de las camisas eran como cabezas de alfiler, los cigarrillos, diminutos palitos blancos, las lamparas tenían innumerables tulipas enanas y se encendían cuando se accionaban los casi invisibles botones de luz. Paloma quedó hechizada por la casa. Durante los meses que faltaban hasta la próxima fiesta de Navidad, a penas podía conciliar el sueño: soñaba con pedir a los Reyes una casa de muñecas construida según su imaginación le dictaba: el siglo no estaba muy especificado en sus imaginaciones, pero, eso sí, tendría ascensor, con unos diminutos botoncitos blancos para subir al piso requerido. El mayordomo, dirigiría los pasos de los visitantes hacía el artefacto. El chofer tendría una gorra de plato. Y el coche estaría en el garaje construido en un edificio aparte.
La Navidades llegó. Los regalos llegaron. Y Paloma se quedó desconcertada ante un paquete algo abultado pero no lo suficiente como para poder contener algo tan grande como había soñado.

Lo abrió con expectación y temor. Poco a poco fue apareciendo un tejado, de color rojo, seguido del resto del edificio de color azul. Abrió ansiosamente la puerta de acceso al interior: era rosa palo.
Se quedo petrificada al ver que no tenía más que dos pisos, uno arriba y otro abajo, incomunicados, vacíos de muebles. No hacia falta ascensor, los botones de subida era superfluos, el chofer, innecesario, porque no había un garaje. Los gemelos inviables porque era evidente que el presupuesto familiar no iba a dar para tanto lujo. Y el mayordomo no tenía cabida en las cuatro paredes.

Jugó poco con aquella casa, pero en sus noches insomnes, siguió construyendo un inmenso MANOR con amplios salones, bibliotecas con las paredes forradas de libros hasta el techo, comedores imponentes, mesas servidas con platos de dos centímetros de circunferencia, cubiertos diminutos, vasos del tamaño de la uña del dedo meñique de un bebe; Holbeins, Gainsburies y Reynolds contemplaban a los comensales desde las empaneladas paredes. Los inmensos jardines descendían suavemente hasta un lago rodeado de rododendros.

Cuando años más tarde visitó Irlanda y vio la casa de muñecas que Sir Nevile Wilkinson había realizado para su imaginativa hija Guendolin, en el condado de Wicklow, se dio cuenta de que no había sido la una niña desorbitadamente soñadora, aunque sí menos afortunada, que la pequeña niña Irlandesa.

Sobretodo, la guerra había entorpecido sus sueños irrealizables.

martes, 11 de mayo de 2010

MISCELÁNEAS

No puedo resistirme a la tentación de incluir esta entrada, aunque no tenga mucho que ver con el título del blog. Aunque, pensándolo mejor, también se trata de otro intento: el de culturizarme, el de saciar mi curiosidad innata y enriquecerme con nuevos conocimientos o desempolvar los ya existentes pero casi olvidados.
Después de cuatro cursos en "Las Aulas de la Experiencia" de la UPV, este último mes de abril tuvo lugar la entrega de los DIPLOMAS del "TITULO UNIVERSITARIO EN CIENCIAS HUMANAS".
Han sido cuatro años muy intensos , en los que tuve que poner a prueba mi capacidad receptiva y retentiva(aquí fracasé totalmente). He disfrutado mucho, he conocido a gente de cuya amistad me congratulo. Se me han abierto campos nuevos que han ampliado aún más mis ambiciones intelectuales. Recuerdo con especial agradecimientos a los profesores de los cuatro cursos; cada uno aportó diferentes facetas del saber, pero entre todos me han dado una visión de conjunto que me ha ayudado a relacionar las distintas material.
Gracias a todos por vuestra sabiduría y por vuestra amistad.
Y gracias también a mi hermano por el comentario que incluyó en su post. Me ha hecho especial ilusión porque es un juez severo, que no se priva de decir lo que piensa.

viernes, 30 de abril de 2010

VARIACIONES

LA DESCONCERTANTE QUIETUD DE LA MUERTE




El paso a la inmovilidad.
Quietud, inmovilidad.
Un segundo antes podía mirar o decir algo, respiraba, quizás podía oírte.
Un segundo antes podías hablarle.
Otro segundo y ya no está.
Permanentemente mudo.
Distancia infranqueable,
Incapacidad de comunicación.
Inexpresividad. Un rostro amado que queda plasmado en piedra.
Sin los gestos y expresiones familiares.
Ha sido y ya no es.
Nunca volveré a contarle, preguntarle, enterarme, saber de él.
Se ha ido, para siempre, hasta el Cielo.
No está, aunque esté.
La desconcertante quietud de la muerte.
A quien conocíamos tan bien, ahora ya no podemos comunicarle nada, ni nos puede responder algo.
Se ha acabado, aquí en la tierra.
Paralización irreversible.
El misterio de lo finito.
El misterio de lo infinito.

jueves, 8 de abril de 2010

VARIACIONES


NOCTURNO

La luna iluminaba con luz azul y fría los corredores y anchos pasillos que una mujer jóven alta, y esbelta recorría presurosa persiguiendo la suave y lenta melodía que sonaba en la lejanía: música extraña y tentadora.
Le atraía como un imán. No podía desprenderse de su llamada.

La cadencia se aceleraba mientras avanzaba a paso ligero por los inmensos salones vacíos, en busca del sonido que se iba haciendo más cercano, más nítido.

Obedeciendo a un impulso incontrolable, la muchacha echó a correr siguiendo el ritmo de la música, que se había transformado en trepidante, hechizada por la cada vez más extraña melodía. La larga bata de cola de tela ligera y delicada se revolvía alrededor de su figura, agitada por un viento fuerte y continuo. Los cabellos revoloteaban alrededor de su bello rostro al compás de su precipitada marcha.
Se paró ante la puerta de roble de doble hoja, alta y ancha. La melodía procedía de allá.
Giró la manilla de la puerta con extremo cuidado.

Poco a poco un débil haz de luz azul grisáceo se fue abriendo paso hasta hacer visible un inmenso salón sin muebles, suavemente iluminado por la luna.

En el extremo opuesto a la puerta, junto a un gran ventanal que daba al jardín, había un piano de cola abierto. Sentada frente a él, se recortaba la figura de una mujer con la espalda vuelta hacia la puerta. Vestía un traje obscuro, largo, con el pelo recogido en un elaborado moño. Se inclinaba sobre el teclado en una apasionada interpretación. La melodía era ahora arrebatadora.
Jadeante, sin aliento, espero clavada delante de la puerta que había cerrado tras de si.
La mujer se volvió muy lentamente y avanzó hacia ella deslizándose sobre el suelo: parecía flotar sobre las ricas maderas. La joven tuvo que hacerse a un lado para dejarla pasar. Vio como su mano de dedos largos y delgados, lenta, deliberadamente, hacía girar la manilla.
Entonces volvió la cabeza hacia ella y pudo verla a la luz de la luna: era un rostro sin facciones, en el que solo aparecía una ambigua sonrisa.
La oscuridad la envolvió en círculos concéntricos. Lo último que vio fue la figura etérea desapareciendo tras la puerta.
Todo quedó en silencio. Cayó al suelo desmayada.
Siempre la misma pesadilla, siempre el mismo desenlace.

domingo, 28 de marzo de 2010

VARIACIONES

MANOS REVELADORAS.

El tren se puso en marcha. Estaban sentadas frente a frente, cada una envuelta en sus propios pensamientos. Aparentaban la misma edad. Contemplaban distraídamente el paso de las casas de las afueras de la ciudad, deslizándose en huida cada vez más vertiginoso hacia el pasado mientras se dirigían hacia su destino.
La más alta era una mujer de apariencia discreta. Largas piernas, cruzadas con facilidad, en postura natural nada forzada. Su figura - un cuerpo esbelto, delgado, flexible - era armoniosa. Daba estilo y personalidad a la ropa que vestía; la asumía hasta formar parte de ella misma. No estaba pendiente del efecto que pudiera causar; se sentía cómoda. Un corte de pelo perfecto, daba movimiento a sus cabellos en un estilo adecuado a su modo de vestir y a su edad. Desprendía un suave olor a perfume,que más que hacerse presente, creaba un ambiente intangible de sentido de la oportunidad, de saber estar.

Invisibles aristas transparentes creaban a su alrededor una leve distancia hacia los demás pero no transmitían rechazo, sino sentido de intimidad. En su rostro vagaba la sugerencia de una sonrisa y sus ojos eran amables y acogedores.
Hundió su mano en el bolso para coger un libro; era una mano enérgica, de dedos largos y nerviosos con marcados nudillos; las uñas, a ras del dedo, pintadas en color transparente. La sortija alrededor del dedo anular de la mano izquierda quedó al descubierto; era muy valiosa y antigua. El anillo tendía a desaparecer hacia la palma de la mano, pues giraba flojamente alrededor de su dedo. Por esta razón las piedras preciosas quedaban medio ocultas. Movía las manos con naturalidad, ajena al efecto que la joya pudiera causar. Formaba parte de sí misma desde hacia tiempo: herencia materna.

Se levantó para dirigirse al vagón cafetería. Su paso elástico y sus movimientos armoniosos, captaron la atención de los viajeros. Se deslizaba por el pasillo sin llamar la atención pero atrayendo las miradas.

Su vecina de asiento, ofrecía un tipo de mujer distinta: ropa de marca, pero expuesta en ella como si de una perfecta percha se tratara; sin embargo no se fundía con su persona. La exhibía sobre un cuerpo, cuidado con mimo y sacrificio. Melena de reciente peluquería, que retiraba hacía atrás con gesto estudiado y repetido. Bolso de última hornada. Todo era reluciente, recién comprado. Lo último del mercado. Buscaba con la mirada la atención que los demás podían prestarla. Era consciente de sí misma y de su buena apariencia.

Sus manos de uñas recién arregladas, pintadas con barniz de color fuerte carecían de carácter, eran anodinas, no revelaban ningún rasgo de su personalidad. Parecían un expositor de joyas: evidentes, ostentosas, de diseño, caras, aunque de relativo valor en caso de tener que venderlas para solucionar un problema económico; el precio hubiera sido irrisorio en comparación con el coste. Movía sus manos consciente de la existencia de sus adornos y orgullosa de su posesión y de su actualidad. Sostenían una revista de cotilleo social.
Se dirigió hacia el bar con pasos firme y seguro.
Observaba que era observada. Registraba cada mirada, cada expresión de admiración.

Las manos: testigos despiadados de la inelegancia.

jueves, 18 de marzo de 2010

VARIACIONES




UNA MIRADA PELIGROSA

Londres. Hora punta de una tarde de primavera. Eileen volvía pletórica de su trabajo. En perspectiva, un fin de semana lleno de planes. La cabeza le daba vueltas pensando en lo que le esperaba.
Dejó Kensington Park a su espalda y cruzó el paso de peatones. Sus ojos tropezaron con los ojos ardientes y escrutadores de un individuo desconocido. Le llamó poderosamente la atención la intensidad de la mirada.

No era su modo normal de reaccionar pero esta vez, siguiendo un impulso inexplicable, sostuvo la vista, con una intención retadora, no exenta de consciente coquetería. Le divertía.
Cuando llegó a la acera opuesta, se dirigió a su apartamento. Era un primer piso y como siempre, subió las escaleras andando. . Se había olvidado llevar las llaves.
Tocó el timbre y espero a que su compañera de piso abriera la puerta.

Presintió que no estaba sola. Instintivamente volvió la cabeza hacia las escaleras. El mismo individuo trepaba las escaleras de modo felino, cautelosa pero decididamente. Avanzaba hacia ella; la misma mirada ardiente, intensa.

Se quedo rígida; intuyó el peligro. Estaba paralizada, sin saber como reaccionar. Ni siquiera penso en volver a pulsar el timbre.

Solo quedaba un corto tramo de escaleras entre ambos. Las miradas se cruzaban como espadas en lucha desenfrenada.

La puerta se abrió y la voz acogedora de su amiga le saludo cordialmente. Estaba tan sobrecogida que no pudo explicar lo que había ocurrido.
La huida hacía el portal fue veloz y silencioso.

Al día siguiente, en los periódicos nacionales, en primera página, pudo leer la noticia. En Kensington Park: una mujer joven había aparecido estrangulada.

martes, 9 de marzo de 2010

VARIACIONES

GRACIAS POR EL DON DE LA VIDA



Estaba inquieta, y no sabia a ciencia cierta por qué.
Llegando al fondo del asunto, reconoció que la verdadera razón de su inquietud se debía a un interrogante que, en la última temporada, surgía de forma continuada. ¿Cuántos años de vida le podían quedar? ¿Cinco? ¿Diez?, ¿Quince?


¿Que ha ocurrido con el tiempo? Se preguntaba asombrada.

Acometer y escalar por la vertiente empinada de la niñez, fue un proceso muy largo; un día, una aventura increíblemente larga; un año, una eternidad; los primeros cumpleaños, sucesos únicos muy separados en el tiempo. Navidad no llegaba nunca. El día de Reyes, una visita que se demoraba eternamente. Esperar a mañana para volver a jugar con los regalos nuevos, una impaciencia continua. La primera comunión tardó mucho en tener lugar. Los juegos en el parque, eran horas que se deslizaban suavemente Las vacaciones estaban siempre en la lejanía.


Los años de colegio y universidad, fueron épocas de múltiples sucesos y nuevas experiencias que marcaron su vida.


El primer amor, un proceso absorbente, alegre y doloroso a la vez, le proporcionó experiencia y propio conocimiento. Aprendió a madurar, a comprender que las desilusiones no son el final de la vida.


Encontrar trabajo trajo consigo un período de incertidumbre y expectativas que se presentaban como un devenir largo e inquietante. Aunque ahora reconocía lo poco realista de este sentimiento: al acabar la carrera había encontrado el primero de su vida.


Enamorarse profunda y definitivamente llegó más tarde. El corazón le estalló de felicidad. Casarse y tener hijos había sido una aventura maravillosa; verles crecer y elegir carrera proporcionó un nuevo impulso a su vida. No les habían sido ahorradas preocupaciones, problemas, sinsabores, dificultades, encuentros y desencuentros. Pero lo habían compartido con coraje y fuerza; todo contribuyó a unirles aún más.

Entonces, desde la cumbre de su vida, dirigió la mirada al horizonte, y se regocijó pensando en la plenitud que le esperaba: una familia encantadora, un marido del que siempre había estado sinceramente enamorada y al que admiraba como el primer día. Una lucha por la existencia retadora pero compensadora Unos hijos que, con todos sus defectos y contratiempos, despertaban expectativas de éxito y progreso.


Luego vinieron las bodas. Los nietos fueron esperados con impaciencia e ilusión Llegaron, crecieron.

Inesperadamente tuvo que descender hacia el valle del dolor. La muerte de su marido parecía haber ocurrido ayer. La herida seguía viva aunque el dolor era más lejano. El hueco no lo había llenado nadie. Ni tan siquiera los nietos que empezaban a despuntar con identidad propia. Pero supo hacer frente a la soledad.


La vida en el valle era serena; había fomentado nuevos intereses, que contribuían a que los días se hicieran cortos. Quedaba tanto por hacer: tantos campos nuevos que explorar: La Historia, el Arte, la Música, la Ciencia; gente nueva, recién descubierta, que abrían ventanas a otros modos de vivir. ¡Tanto que aprender!.

Y ahora la vida corría tanto que nunca podía alcanzarla. Los días eran difíciles de distinguir. Los hábitos, enraizados. Las rutinas, establecidas. Pocas sorpresas. Las semanas parecían un día. Un año, parecía ayer.


Por eso se preguntaba cuanto tiempo le quedaba porque le parecía que no iba a ser suficiente para abarcar todo lo que deseaba alcanzar. Para amar tanto como los demás necesitaban. Para rezar por lo que ella necesitaba. Para dar gracias a Dios por el don de la vida.

domingo, 28 de febrero de 2010

VARIACIONES

PERDONARSE A SÍ MISMA


Inesperadamente los hechos de su vida destacaban en su autentico valor, desnudos de imaginaciones que los convirtieran en relevantes. No eran tan importantes, ni trascendentales, ni tan sinceros, ni tan nobles.
Su conducta no siempre había sido irreprochable, como había juzgado. Muchas de las motivaciones de sus actos, no habían sido tan puras, ni tan desinteresadas. Había muchos deseos de ser apreciada, admirada.
Sin embargo, los demás habían sabido quererla como era, aunque ellos sí que le habían visto objetivamente y sin adornos.

Tenia que aprender a aceptarse como era, asumir esa imagen imperfecta que ahora identificaba como propia. Sin razonamientos que acabaran en justificación de sus yerros. Reconocer no ser una persona impecable a quien nadie pudiera acusar de error. Aceptar que había cosas por las que necesitaba ser perdonada por los demás. Y conceder que los demás habían sido capaces de perdonarle y amarla tal cual era.

Necesitaba descubrir que lo que nos hace valiosos a los seres humanos, es identificar nuestra verdad. Y esta verdad descubierta nos proporciona el don de la libertad: la de admitir lo que somos sin tener que fingir ante los demás o ante nosotros mismos, ni vivir en tensión para ser fieles a la imagen autocreada.

Su orgullo no le había permitido hacerlo hasta entonces. Era demasiado perfeccionista para ello. Y se había vuelto dura.

Ahora percibía que necesitaba aprender a perdonarse a sí misma.

viernes, 26 de febrero de 2010

VARIACIONES

REENCUENTRO FRUSTRADO





La he vuelto a ver. La mujer miniatura. A la salida del metro.

Pasó rauda a mi lado sin que yo lo advirtiera. Hecho no muy sorprendente: esta vez no se le oía: todo era silencio a su alrededor.

Nada de mandíbulas de león , acabando con el inocente chicle. Ni voz estridente.

Eso sí, falda mini, leggings marrones, esta vez enfundados en un par de botas. Fue lo que me hizo reconocerla.

No pude darle alcance: demasíadas parejas subidas en el mismo escalón, excesivo número de gente metida en kilos que insiste en hablar con la amiga que va en el escalón de inferior, despistados que piensan que la escalera automática es propiedad privada.

A la salida, no había rastro de mi vieja amiga.

Creo que le estoy cogiendo cariño a está enérgica miniatura.

Le voy a echar de menos



sábado, 13 de febrero de 2010

VARIACIONES

SORPRESA EN EL METRO

Ayer volví a coger el metro.

Y no ocurrió nada.

Nadie hablaba en alta voz, Ni mascaba chicle. Ni emulaba a la locomotora de vapor emitiendo sonidos insoportables . Ni denostaba a los obreros inmigrantes. Ni se empeñaba en que todos estuviéramos enterados de las contrariedades diarias. Ni daba recados profesionales. Ni consejos. Ni terminaba la conversación con el consabido " bueno, ya hablaremo"(Me pregunto yo, ¿qué estaban haciendo hasta entonces?).

Esta vez tuve la oportunidad de sumergirme en mi libro y disfrutar de una historia de espionaje, situada en fechas inmediatamente anteriores al estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Tengo que admitir que tanta paz me produjo un profundo sopor.

Dormí profundamente.

Sencillamente, me aburrí. Fue un viaje sin emociones.


Mi madre tenía razón cuando me reprochaba: "eres el espíritu de contradicción"

viernes, 12 de febrero de 2010

VARIACIONES

EL ENCANTO DE LO GENUINO




Sereno atardecer del mes de agosto. Silencio en Zell am See.

A orillas del lago, sentados sobre el pretil que lo rodea y en la hierba del parque que se extiende alrededor, un grupo de seis estudiantes extranjeros, descansaba después de un día dedicado a andar por los montes austríacos. Habían realizado una marcha de ocho horas, recorriendo los pintorescos pueblecitos vecinos, hasta alcanzar la cima de un 1.500.

Ahora disfrutaban de un descanso merecido antes de acercarse al centro del pueblo y cenar en una típica cervecería austríaca. Una buena ducha caliente y su juventud habían despejado cualquier rastro de cansancio.

Se habían parado cerca del lago, atraídos por la serenidad de la noche estrellada, el buen olor de la hierba, y la brisa cálida que aliviaba el calor del día. Se podía oír el rumor de los remos de pequeñas embarcaciones batiendo el agua a ritmo acompasado, que el silencio del momento hacía aún más patente. Las voces que subían hasta la orilla, eran suaves y apagadas.

Las luces del pueblo centelleaban en la lejanía y las estrellas lucían en un cielo de intenso azul oscuro.

Los seis jóvenes amigos entonaron una canción típica de su tierra. Las voces armónicas, entonando con natural espontaneidad una melancólica melodía, sonaban claras y cadenciosas; la sorpresa inesperada de un coro invisible, en aquella noche llena de paz y sosiego.

Se acalló el ruido del agua rasgada por los remos. Los botes se fueron acercando a la orilla sigilosamente. Excepto por las voces, todo era silencio acariciador y expectante; parecía que el mundo, en suspenso, hubiera enmudecido, ante el encanto de lo sencillo, de lo genuino.
El inesperado público era austríaco y es bien sabido su amor por la música.
Al acabar la balada sonaron unos aplausos inesperados que rompieron el encanto del momento mágico.

Hubo un intercambio de enhorabuenas y agradecimientos.
El mundo volvía a su ritmo normal pero el alma había sido tocada por la belleza.

martes, 9 de febrero de 2010

VARIACIONES

PRODUCTORA DE SONIDO.

Definitivamente, estoy llena de manías.

Como tantas otras veces- más bien siempre- cuando me desplazo a la ciudad cercana, cojo el metro.
Mientras esperaba en la estación, inmersa en mi lectura, aprovechando los pocos ratos que puedo robar a mi ajetreada vida, había notado sin saberlo, una pequeña figura de mujer, que intentaba convertir su minifalda en una maxifalda a base de tirar de ella.

Cuando las puertas del vagón se abrieron y tuve que abandonar mi lectura para poder subirme al metro, observé que la mujer-miniatura, enfundada en unas medias gordas de lana por debajo de la minifalda, tiraba inmisericorde de ella, que no cedía a ningún empujón perentorio. Sencillamente, no había suficiente tela.

Tuve la suerte de encontrar un asiento y cuando ya me disponía a zambullirme en mi libro, observe, esta vez, claramente que la ahorradora de paño, se sentaba frente a mi.

Nada que objetar por mi parte. Tenía una cara vivaz y enérgica.

Sonó su móvil. Nada que objetar tampoco, para eso están los móviles, para que nos cojan allá donde estemos, en movimiento.

Me asombró la cantidad de sonido que podía producir aquel cuerpo tan menudo. Era un chorro de voz sin modular, agudo, penetrante, imparable. Como el resto de los viajeros, me enteré de que su interlocutor/a debía esperarle "en la puerta más abajo de aquella otra donde habían firmado el contrato de alquiler". Naturalmente, me enteré de que no tenía casa propia. Cosa que me parece muy bien. Tampoco tengo nada que objetar a esto. Cada cual tenemos lo que podemos o lo que elegimos.

El siguiente paso que efectuó mi pequeña vecina de asiento, fue meterse un chicle en la boca y comenzar a despedazarlo con las poderosas y chirriantes fuerza de la mandíbula de un león, pero eso sí, con la boca bien abierta, de par en par, cosa que un león no creo que lograra realizar de forma tan completa. El ruido era atronador. Casi no podía escuchar a mi detective preferido.

Levanté la mirada con sorpresa y me encontré con un rostro aún más asombrado: el de otro vecino de asiento; miraba atónito y sin pestañear a la productora de sonido que generaba semejante estrépito.

La paz y el silencio no llegaron hasta que me encontré en la calle, escuchando - libremente esta vez - a los coros de Santa Águeda.

He debido de ser seriamente atacada por la incontrolada manía de la armonía.

viernes, 5 de febrero de 2010

VARIACIONES

"SANTAGUEDA"

Ayer, al anochecer, me encontraba en la Parte Vieja de mi viejo Bilbao. Iba presurosa a mi clase de música, llegaba tarde; me había olvidado de que era la víspera de la noche de "Santagueda", como lo pronunciaba de niña.

Los alegres grupos formados por hombres, mujeres y niños, vestidos con trajes típicos y los recios bastones me retrotrajeron a mi niñez. Pero algo había cambiado.

Mi recuerdo era distinto a lo que ahora veía.

A mi habitación de niña, inmersa en la oscuridad, llegaban las voces masculinas, fuertes y viriles, que me transmitían ecos, entonces inconscientes, de mis raíces ancestrales.

Era una noche especial y mis padres venían a buscarme para que, envuelta en mi bata de noche, asomada al balcón, tiritando de frío y expectación, pudiera contemplar aquel grupo de hombres solemnes, serios, situados en el centro de la plaza oscura, perpetuando un rito que se perdía en el pasado.
El ritmo marcado con sus bastones, en medio de un silencio respetuoso, no interrumpido por ningún vehículo inoportuno, me emocionaba sin poder dar razón de ese sentimiento.

Ayer me volvió a emocionar. Pero ahora el ambiente es más jolgorioso. Se celebra con alegría, con menor seriedad. Hay más luz, hay niños, mujeres, hombres jóvenes y viejos. Entonces todos me parecían viejos.

Pero no me transportan a esos orígenes perdidos en la niebla de la Historia.

miércoles, 3 de febrero de 2010

VARIACIONES

PASEAR PARA CONOCER

Era observadora por naturaleza. Los largos paseos paralelos al malecón le daban ocasión de ejercitar su innato interés por lo que la rodeaba. La actitud de las distintas parejas con las que se cruzaba en su cotidiano caminar, le captaba la atención. Era, además, un modo de entretener el aburrimiento de las marchas solitarias.
Admiraba a aquellos matrimonios enfrascados en diarias conversaciones, ajenos a lo que les rodeaba. En ocasiones se trataba de personas con muchos años de convivencia pero que habían mantenido la sabiduría necesaria para continuar compartiendo absorbentes intereses comunes. Transmitían compenetración. El interés por lo que el otro pensaba no había perecido sino incrementado. Nunca parecían aburridos aunque fueran en silencio. Podían discutir o discrepar pero no había amargura, sino exposición de distintos puntos de vista enriquecedores para ambos; las voces no se alteraban

Podía constatar que el silencio no es siempre sinónimo de incomunicabilidad; puede ser muestra palpable de una mutua complementariedad que no necesita de constantes palabras para decir: "te sigo queriendo, soy feliz contigo". Se expresa en la mirada que no busca nada externo a su propio mundo común, en la sonrisa que vaga por el rostro y le infunde una expresión alegre, en la atención prestada, en la risa abierta.

En otras ocasiones había otros silencios que transmitían tedio: comprobada la limitación de los campos vitales que se pueden abordar con el otro ya no hay nada más que decir; se conoce bien la respuesta siempre ramplona, abocada a las cuatro paredes que conforman la capacidad receptiva del otro. La convivencia es rutinaria, conformista, resignada - en el caso de que uno de ellos tuviera inquietudes que le gustaran compartir.

Se conmovía ante los casos en los que ninguno de los dos cónyuges parece poseer grandes bagajes culturales o profesionales pero están contentos el uno con el otro, dentro de un ambiente de pequeños asuntos cotidianos. Ambos se conforman con tópicos manidos. Pero no están defraudados porque no esperaban ni buscaban más el uno en el otro.

Comprobar la irritante imagen de la mujer manipuladora, complicada, que no aclara por qué esta ofendida o enfadada, sino que mantiene una actitud de "tu sabes por que" sin explicación lógica, le producía accesos de genio. Nada más desesperante para cualquier ser humano y más aún para un hombre normalmente directo, claro y descomplicado, que no acertar a entender qué se ha podido hacer para que ella reaccione de esa forma. Tenía fundadas sospechas de que en cierta medida esto atrae a la parte masculina, como si detrás de toda esa inexplicada actitud femenina existiera la promesa de un campo inexplorado y emocionante: parte del misterio femenino.
La mujer que contempla muda este tipo de actuaciones, siente vehementes deseos de desvelar a gritos "no le hagas caso, todo es una pose para volverte loco, no hay nada enriquecedor detrás de esa desconcertante conducta. Simple capricho y deseo de causar inquietud y demostrar dominio". Pero sabia que hubiera sido inútil porque hay algo seductor en la incertidumbre.

Consideraba algo embarazosamente ridículo al hombre fatuo de voz campanuda que se las daba de ser un experto en cualquiera de los campos que se estuvieran tratando, sentando cátedra, como quién enseña a una ignorante mujer, que le da sopas con honda, pero es lo suficientemente inteligente como para callarse y no dejarle en evidencia.
Sin embargo le conmovía la admiración sencilla de la mujer poco culta, que considera que todo lo que su hombre dice o hace - o dice que hace -, le produce una reverente admiración ancestral por el sexo supuestamente fuerte, en términos físicos.

Y finalmente le producía una pena grande el hombre humillado por una mujer déspota que le ponía en evidencia ante amigos y conocidos sin que él pudiera dar la adecuada respuesta enérgica que hubiera constituido un agravio público u le hubiera dejado en berlina a su cónyuge.
Se podía ver de todo en sus diarios paseos; la mujer subyugada, el hombre atontado por la despampanante apariencia de su novia o amiga, la inteligente mujer que no demuestra serlo. Los seres con caras inteligentes y los que tenían expresiones algo embrutecidas pero confiaban en que su voz potente acallaría a sus oponentes. El graciosillo sin gracia. La sosa con un físico encantador. La que no da importancia a su apariencia externa. La que vive para ser mirada y contemplada. La que equivocadamente piensa que seguir la moda le favorece cuando precisamente resalta todos los defectos que sería mejor permanecieran ocultos. La mujer con elegancia innata que deja un rastro de buen gusto sin pretenderlo.

Era aburrido pasear forzosamente pero le proporcionaba un cierto conocimiento del ser humano.

Y eso era muy interesante

lunes, 4 de enero de 2010

VARIACIONES

ASÍ ERA ELLA

Ahora, cuando recogían sus pertenencias, toda la situación se presentaba de golpe. No había querido abandonar el hogar que había compartido con sus hermanos hasta la muerte de estos. Era su bastión, su independencia, su dignidad.
Nadie había podido imaginar como vivía, cómo eran sus diarias vueltas a casa al anochecer. Tres pisos sin ascensor.

Parecía no necesitar nada.
La casa presentaba un desconcertante contraste: el intento de dignidad de las sillas y pequeñas butacas- recientemente renovadas- del cuarto de estar- comedor, su dormitorio, recordatorio de un antiguo bienestar familiar y la acumulación de cosas viejas e inservibles de las que no había sabido o no había querido desprenderse: innumerables medias rotas, maletas llenas de nada, trajes viejos y anticuados, mezclados con papeles sin sentido.
Recuerdos que tan sólo a ella podían recordar algo. Qué se podía esperar de una persona de 93 inconfesados años.

Todos conocían su optimismo basado en la confianza en Dios, su despreocupación del futuro, segura de estar en buenas manos con las personas a las que había cuidado desde niños.
Orgullosa, presumida, leal sin medida. Generosa sin límites. Selectiva. Apasionada hasta la ceguera. Defensora del débil. Radical en sus convicciones. Proclive a grandes simpatías o antipatías; si alguien no le gustaba era tachado sin remedio. Pero si alguien era su favorito discutiría irrazonablemente y sin ceder, en su defensa o exaltación. Corazón de oro y rebeldía innata.

Vivió en un mundo subjetivo, en ocasiones alejado de la realidad. Pero tenía un intuitivo conocimiento afilado de las personas y de las circunstancias. Y un magnífico sentido común. Conformó muchas personalidades.

Así era, así vivió, así murió.

Nadie la ha podido olvidar.

Dejó su huella en todos aquellos que la conocieron.