LA RÍA DE BILBAO.ACUARELA DE PALOMA ROJAS

jueves, 31 de marzo de 2011

UNA VIDA TRUNCADA


Carraspio. Lekeitio. Vizcaya. Acuarela de Paloma Rojas


Nada, no quedaba nada. Muebles, alfombras, cortinas, cortinajes, lamparas, adornos, libros, vajillas, mantelerías, sabanas, cubertería; todo había desaparecido El pasado no existía, estaba borrado. Cincuenta años de vida habían perdido su identidad. Era difícil de imaginar que hubieran existido. Miró a su alrededor; un silencio denso, expectante le rodeaba. Tan solo una pluma de almohada flotaba en el espacio, llevada de aquí para allá, mecida por la brisa que entraba por las ventanas entreabiertas.

Se deslizó por el pasillo hacia la habitación del fondo. La caja fuerte incrustada en la pared era lo último que quedaba por vaciar. Lo había dejado para el último instante deliberadamente.

Se arrodillo ante ella y comenzó a revisarla. Las únicas evocaciones tangibles que quedaban de los que se habían ido: las cartas de amor de sus padres, los diarios del abuelo, los árboles genealógicos de ambas ramas familiares, viejos testamentos de los antepasados. La historia de la familia, fragmentada a través de los diversos recuerdos. Los pequeños tesoros inocentes guardados con ternura por sus padres: los cromos, regalo de su hermana mayor a su padre, muerta en su niñez, conservados en una vieja y usada cartera, el primer diente de su hermano.

Con mano insegura asió la colección de cartas de sus padres. Comenzó a leer: sabía que se habían querido mucho pero no había imaginado que su amor hubiera sido tan apasionado y profundo. No osó seguir leyendo; estaba profanando algo sagrado que creía no tener derecho a descubrir. Abrió el diario del abuelo y conoció algo de su alma sensible, de su profunda tristeza ante la muerte de su mujer y varios hijos pequeños.

Le desconcertó un sobre con la letra de su madre, dirigido al director de su antiguo trabajo en una empresa suiza. Contenía el borrador de una carta. Leyó con extrañeza y creciente asombro: " ..... grave estado salud de mi marido..... requiere presencia indefinida de mi hija aquí...... no debe saber mi súplica porque no la aceptaría.......Ruego traslado de mi hija a España...." No pudo seguir leyendo. El cambio impuesto por su empresa había causado una fractura irreparable en su existencia. El descubrimiento del motivo le provocó un dolor demasiado agudo, que le impedía llorar.

Lo recogió todo precipitadamente en una gran bolsa. Recorrió las habitaciones bajando las persianas y cerró las ventanas. Todo quedó sumido en la oscuridad. Cerró la puerta con un golpe suave. Llamó al ascensor y entregó las llaves al portero.

Abrió la puerta del coche, tiró la bolsa en el asiento de atrás y puso el motor en marcha. Enfiló el coche hacia el caserío familiar, al borde del acantilado: necesitaba palpar la tierra, sus raíces. Y rompió a llorar amargamente su vida truncada, vacía, la perdida de su único amor que quedó en Suiza con la promesa de regresar en cuanto pudiera solucionar el retorno. Pero él no esperó y a ella ya no le importó quedarse junto a sus ancianos padres, cuidándolos. No había razón para volver.

Recordaba aquella única, cautelosa, e inquieta pregunta de su madre: "Preferías Suiza, aquí no eres feliz ¿verdad?" Y su propia ambigua contestación impersonal: "¿Por qué piensas esos?".

Ahora ya lo sabía. Pero ya era inútil.

martes, 29 de marzo de 2011

UNA VISIÓN PERSONAL DE "ENCONTRARÁS DRAGONES"




Me parece que es un film intenso, con un ritmo que no decae ni se pierde en meandros, sino que se ciñe a los elementos constitutivos de la trama. No hay escenas gratuitas: cada una de ellas tiene un significado y un sentido dentro del total de la historia, que pivota sobre tres personajes centrales; Oriol, el revolucionario convencido, generoso y auténtico; Manolo Torres, mezquino, envidioso y vengativo, que se mete en una espiral de odio y venganza; paralela a estos discurre la vida de Escrivá, fundador del Opus Dei, y único personaje real, de quien se describe el ambiente familiar y primeros años de vida hasta su huida a Andorra durante la guerra civil española. Manolo y Josemaría habían mantenido cierta amistad en su niñez y primera juventud, llegando a coincidir en el Seminario, que Manolo abandona al poco tiempo.


A los tres, los sucesos de esta guerra les influyen de manera distinta y les llevan a tomar posturas opuestas. Oriol y Torres se encuentran en bandos enfrentados. Sin embargo San Josemaría transmite la idea - ilustrada con sus palabras y su propia existencia - de que todos los acontecimientos de la vida, incluso los dramáticos y propicios al odio y la venganza, pueden ser traspasados y trenzados con la caridad hasta ser conducidos al núcleo de un objetivo vital: el amor de Dios, que incluye de forma irremediable el amor a los demás - independientemente de sus creencias, o tendencias políticas - y por lo tanto a la comprensión y al perdón. Porque lo que él ve en los seres humanos es su capacidad de trascendencia, por lo tanto su dignidad y libertad personal. No distingue entre amigos o enemigos, ni buenos ni malos; para él todos son hijos de Dios.


Partiendo del hecho de que Roland Joffé, director y autor del guión y - según su propia declaración- agnóstico indeciso, asombra su capacidad de percepción de la personalidad y sensibilidad de un personaje como Escrivá. Ha analizado hasta sus últimas consecuencias su fe, sus dudas, sus razones para creer, su mensaje de que todo ser humano puede aspirar a la santidad dentro las circunstancias de su propia vida aunque esas circunstancias sean una guerra fratricida particularmente dura y cruel. Y expone también con nitidez que el amor a Dios de San Josemaría no está exento, sin embargo, de la lucha contra sus propias dudas e inseguridades: sus propios dragones.


En mi opinión es una película que necesita ser visita dos veces, para poder apreciar los simbolismos, las metáforas, los muchos detalles intencionados que no se captan en una sola visión, entre otras cosas, porque la acción y el ritmo son tan intensos que, aunque se sea consciente de que hay mensajes en ciertas imágenes o detalles, pueden pasar inadvertidos dentro de la absorción del conjunto. Y son esos pequeños guiños los que hacen a la película absorbente.

lunes, 7 de marzo de 2011

REFLEJOS INVERSOS

Tres Botes. Acuarela de Paloma Rojas


Llevaban ya varios días de travesía y prácticamente todos se habían conocido y compartido comidas, bailes, cine y juegos diversos, incluido un simulacro de salvamento inesperado que había alarmado a los mayores y divertido a los jóvenes.
El barco era de carga y pasaje que en épocas de menor tráfico comercial se dedicaba a realizar cruceros por las cálidas tierras del sur. Los pasajeros tenían acceso a todos los distintos sectores del barco. Las diferencias estribaban en los camarotes, los comedores y salones; pero todo el pasaje disfrutaba de las diversas dependencias con plena libertad.
El sitio más concurrido durante las horas de sol de la mañana y la tarde era la piscina. Estaba emplazada en un espacio
amplio en el centro de la cubierta inferior. A babor, estribor y popa estaban colocadas las tumbonas y sillas. El bar estaba instalado al fondo cerrando el cuadrilátero. Las puertas de acceso eran de cristal y según fuera el tiempo se mantenía cerradas o abiertas, dobladas sobre sí mismas.
Allí concurría toda la gente joven, a tomar el sol, darse un chapuzón y sobretodo entablar amistad y hacer planes para las próximas excursiones a tierra en los distintos puertos de atraque.
María tomaba el sol perezosamente desplomada sobre su hamaca. Escuchaba la conversación que los hombres jóvenes de su alrededor pretendían sostener con una actriz de cine que había hecho su espectacular aparición, cuando ya la escalerilla de embarque se estaba retirando. Había salido con precipitación de un coche que frenó ruidosamente ante la escalerilla acompañada de una hermana menor y varias maletas. Se volvió a bajar la escalerilla y las dos mujeres treparon con rapidez hacia cubierta Era una mujer joven de muy buena figura y gran simpatía, consciente de la atracción que ejercía sobre un público no acostumbrado a frecuentar el trato con actrices de cine.
Aburrida de oír la insulsa cháchara a su alrededor, María se desperezó en su hamaca y poniéndose de pie, miró a su alrededor. Giró sobre sí misma mirando hacia el bar y se quedó sorprendida ante la figura que apareció enmarcada en una de sus puertas: alta, esbelta, elegante, con un traje de baño que no se distinguía bien pero que le realzaba la figura con un estilo muy propio; se mantenía erguida, quieta, observando. Le pareció ver que le miraba y sonreía, aunque no podía reconocer su rostro a contraluz. Sin embargo le resultaba vagamente familiar. Desecho la idea, deduciendo que era alguien de los camarotes de primera que todavía no había hecho su aparición y que iba a estar en franca competencia con la actriz de cine.

Se volvió hacía un lado para comentarlo con Marta pero desistió; estaba demasiado entretenida con Pedro como para interrumpir el incipiente romance que parecía iba viento en popa, muy en armonía con el medio en el que se desarrollaba
A su izquierda estaba Roberto, siempre tan empeñado en estar con la más guapa; pensó que era mejor dejarlo en la ignorancia, porque inmediatamente hubiera entablado diálogo con la desconocida echando mano de cualquier excusa, como solía hacer, y dejarla plantada para volver luego como si nada hubiera pasado.
Volvió la cabeza hacia el bar otra vez. Le intrigaba aquella mujer desconocida, tan reservada y contenida. Comprobó que también la desconocida había estado observando a su alrededor y ahora giraba su cabeza hacia ella.
Con un impulso repentino le saludo con un gesto invitador a que se acercara y la desconocida repitió el gesto simultáneamente.
Entonces cayó en la cuenta: era su propia figura la que se reflejaba en la puerta del bar. Se quedó perpleja ante el descubrimiento: verse a sí misma tal como realmente era, como le veian los demás. Por primera vez había tenido una visión objetiva de sí misma y no se había reconocido. Estaba asombrada: uno mismo observándose a sí mismo sin saber que era el objeto observado. Extraña sensación. Mirarse a uno mismo sin verse.
Se volvió a tumbar en la hamaca, cerro los ojos y sonrió para sí misma. No podía comunicar a nadie que había descubierto que tenía una figura espléndida, un cuerpo flexible y elástico como una caña, un movimiento armonioso, proporciones elegantes y un chic innato. Una experiencia nueva y desconocida para ella.
Roberto le hablaba indagando sobre qué disfraz iba a llevar en la baile de esa noche."De mi misma tal como me ven los demás", respondió ambiguamente.

viernes, 18 de febrero de 2011

AMORES MADUROS

Las Marismas de Santoña , Acuarela de Paloma Rojas.

Triunfadora, eso es lo que había sido.
Hermana de muchos hermanos. Alegre, simpática, divertida, optimista. Amable con todo el mundo. Dispuesta para la vida. Lista, rápida, con iniciativa. Lo que en sus tiempos se hubiera denominado una mujer de mucho éxito. Nunca le faltaban invitaciones a cenas, bailes, comidas, teatro, cine, ballet, conciertos, con sus amigos. Reía con todos y disfrutaba de la vida. Era animada, ocurrente, natural, genuina.
Pero no se comprometía con nadie. Los cadáveres de sus pretendientes quedaron arrumbados en las cunetas, más o menos maltrechos. Eventualmente se repusieron y ante la evidencia de que nunca llegarían a conquistarla, cada uno se casó, tuvo hijos y en algún caso, enviudó, prematuramente.
Ella se enamoró irremediablemente de un hombre guapo, atractivo, callado, tímido; mirada interrogativa, silencios que apuntaban a profundidad de pensamiento y carácter.
Decidieron casarse. Un matrimonio en plenitud de juventud, belleza y atractivo. No tuvieron hijos, nunca llegaron. Pero ella no se dejó desanimar y continuo haciendo la vida divertida y variada para su gran amor. Compensaba con su buen ánimo, la ausencia de los hijos, la seriedad y parquedad de palabra de su marido.
Los años se fueron desgranando y los descubrimientos se fueron realizando. Los silencios, presagios pretéritos de profundidad de carácter y capacidad de observación, aparecieron en su verdadera dimensión: vacuidad de contenido, inexistencia de ideas.
Un trabajo profesional anodino y sin perspectivas, en parte debido a su debilidad de carácter, creó en él un estado de decaimiento permanente. Siguió siendo guapo pero el aburrimiento y la rutina le condujeron a buscar el ofuscamiento en el alcohol, hasta que el alcohol se convirtió en su gran consuelo, su fiel compañero diario.
Ella lo llevó bien al principio, buscaba animarlo y darle apoyo, supliendo con propia iniciativa la que a él le faltaba, pero no funcionó. La vida en común llegó a ser fastidiosa, irritante vulgar. La distancia entre ambos fue cada vez más evidente. Él pasaba mucho tiempo en los bares y ella se refugiaba en sus amigas, en su familia.
Él estaba tristemente amargado porque era consciente, de la desilusión de su mujer, de su propia incapacidad para estar a la altura de las circunstancias y superar su apatía, su personal fracaso como hombre, de su incapacidad para dar porque simplemente no tenía.
Una enfermedad fulminante acabo con este estado de cosas. Murió cuando todavía era un hombre relativamente joven.
Ella comenzó a trabajar para sobrevivir. Puso todas sus energías en juego y saco adelante el negocio. Pero un rastro de amargura contenida contaminaba su conversación, sus relaciones sociales. No podía sacudirse la realidad de un matrimonio fracasado, la incomunicabilidad insuperable, los días y las noches de convivencia con un ser, que era bueno, pero débil, e incapaz de aportar lo que ella hubiera necesitado, por la sencilla razón de que no lo poseía
La vida transcurrió plana y sin ilusión
Inesperadamente ocurrió un encuentro fortuito. Ni tan siquiera recordaba como o cuando tuvo lugar. Se habían vuelto a encontrar, ¿En un autobús?, ¿Tomando unas copas con amigos?¿ En algún concierto?, No podía precisarlo. Los dos estaban viudos. Una enfermedad mortal les había arrebatado sus parejas. Hablaron de sus años de juventud, de los coqueteos inocentes, del rechazo de ella, de la mujer de él, de lo guapa y encantadora que era, de la lucha para sacar adelante los hijos, ahora ya casados.
Sin poder precisar como, quedaron en verse otro día, para volver a recordar los viejos tiempos, pasar un rato agradable en compañía agradable. Se rieron juntos, rememoraron juntos. Juntos se comunicaron la experiencia de sus matrimonios; los hijos, la falta de ellos. Lentamente las verdades iban emergiendo y tomando forma, conduciendo al conocimiento de la mutua realidad. El matrimonio de él había sido feliz, su mujer había sido una esposa excelente. Los hijos, como en tantos otros casos, habían planteado problemas que resolvieron juntos.
Pero, dijo riendo, en el fondo de todo y sin que saliera nunca a la superficie, estabas tú. Como un sueño de juventud, del que uno es muy consciente de ser tan solo una entelequia imposible: ese primer amor desinteresado que conservamos en el casi olvidado recuerdo como un sueño, que ya hemos desechado ante la realidad tangible que nos rodea.
Ella observó en él, lo que nunca antes había tenido en cuenta: su fortaleza, su carácter equilibrado, la sensibilidad y delicadeza que se desprendía de sus palabras, de sus gestos, la mirada inteligente, la paciencia, la capacidad de iniciativa.
Se quedó mirándole con una sonrisa vagándole por el rostro. Lo vio con nuevos ojos, con los ojos de la madurez, de la experiencia, del sufrimiento callado.
No querían pensarlo: los dos estaban en la franja de los setenta, ella en el extremo izquierdo, recién estrenado, él en el extremo derecho, precipitándose hacía los ochenta.
Es ridículo, considero ella. Una no puede enamorarse a los setenta. Es imposible, pensó él. Si no me quiso a los veinticinco, no puede quererme ahora, cuando estoy a punto de despedirme de la vida.
Los hijos reaccionaron de manera pragmática: que necesidad hay de comprometerte en un nuevo matrimonio, después de tantos años de viudez; sal con ella, haz viajes si quieres, pero no te ates, es difícil acomodarse a una nueva persona a tu edad; no suele resultar,
Él se indignó; para él no era una mujer de usar y tirar, ocasional, no quería esconderse detrás de una relación cobarde y sin riesgos. La quería de verdad. No se trataba de pensar en lo que iba a recibir, sino en pensar en que quería compartir con ella los años que le quedaran de vida. No entendía de mediocres y burdos entendimientos vergonzosos y mezquinos sino de amor sin condiciones.
No resultó ni ridículo ni imposible. Se casaron publica aunque discretamente: comparten, comunican, ríen, disfrutan, Son felices. Con la plena felicidad serena que no habían podido gozar cuando eran jóvenes, guapos y llenos de energías.
Fui tonta entonces, piensa ella. Menos mal que me he espabilado a tiempo, aunque fuera tarde, piensa él.

viernes, 11 de febrero de 2011

DESCONCERTANTE CONCIERTO

El puerto deportivo está situado a los pies del muelle por el que diariamente pasea mucha gente. Según la hora del día, los paseantes pueden ser jóvenes deportistas, mujeres empeñadas en no dejar atrás su juventud, adultos con necesidad de bajar el colesterol o hacer frente a los ataques de la artritis, o turistas admirados ante las casas palacio que bordean el paseo.


Incluso en los días de lluvia y frío hay unos cuantos fieles que no ceden ante los elementos y enfundados en gabardinas, cubierta la cabeza con sombreros o gorros de lluvia, hundidas las manos en los bolsillos retan al viento. Embistiendo a los elementos avanzan con la cabeza baja a lo largo del paseo que recorre la orilla del mar.
Las nubes grises se confunden con el mar y un color plateado lo envuelve todo. Tan solo destacan los colores blanco, azul o rojo de los barcos.

En ese preciso momento da comienzo el concierto. Las embarcaciones de mayor o menor calado firmemente ancladas, se balancean y en perfecta unidad improvisan un magnifico concierto de cuerda y viento.
Los estayes azotan suave y rítmicamente el mástil, los obenques se unen a su partitura y el viento juguetea ululando por los estrechos espacios entre el palo mayor y los estayes, produciendo un misterioso sonido cristalino que sobrecoge y hace recordar la soledad que se siente en alta mar cuando el ser humano se enfrenta a la tormenta ante el horizontes de un mar infinito y sin referencias.

La belleza de ese momento es única y sobrecogedora.

jueves, 3 de febrero de 2011

MIKELA

Arkote. Acuarela de Paloma Rojas

¡Inigualable Mikela! Lo curioso es que en la familia no la supimos apreciar lo suficiente, pero todos nos acordamos de ella. La recuerdo siempre mayor. Ahora me doy cuenta de que no lo era. Pero su manera de ser, de comportarse, era más propia de una mujer entrada en la ancianidad, que una persona de mediana edad.
Cuando mis padres se casaron, Mikela, ya estaba trabajando en casa de mi padre. Le sentó muy mal esa boda porque hasta entonces ella gobernaba la casa, sin tener a nadie que la controlara o supervisara.
Mi madre era una persona habituada, desde muy joven a organizar su propio hogar. Cuando mi abuela murió, era aun una niña y una vez que su hermana mayor se casó, se hizo cargo de las riendas de la casa. .
Así que Mikela declaró que "de fuera vendrá, quién de casa de echará", como espetó a mi madre en una ocasión. Y desde entonces la guerra sorda entre ellas era bastante evidente. Sin embargo, adoraba a mi padre, a quién seguía llamando "señorito" como en sus tiempos de soltero.
Hay características de Mikela que son imborrables; su modo de andar, balanceándose hacía los dados como si de un viejo marinero en tierra se tratara; la frase repetida hasta la saciedad de "se cansa la persona" para subrayar que estaba trabajando por encima de sus posibilidades y fuerzas, hecho nada evidente- frase que se convertimos en una disculpa y un motivo de regocijo para todos nosotros, los jóvenes-; su modo de dar las diarias cuentas de la plaza a mi madre, en las que la palabra arbejillas aparecía con frecuencia y obligaba a conocer algo de euskera para saber que se trataba de guisantes; su castellano mal hablado que nunca llegó a corregir y que le daba un modo de expresarse tan peculiar; los desayunos de chocolate y nata - sacada de la leche hervida -que nos preparaba cada mañana; los besos mojados que nos plantaba cada día; los lloros por las marchas del hogar cuando fuimos haciéndonos mayores e independientes.
Mi gran entretenimiento y su gran diversión eran imitarla en su habla, copiando su acento vasco y su mala gramática castellana, tan propios de los vascoparlantes de aquella época.
La Navidad me trae recuerdos imperecederos. : Los caseros nos traían capones como parte de su renta anual. Bajo los cuidados de Mikela estos continuaban engordando y su presencia en la cocina era notoria: ocupaban un espacio pequeño bajo el fregadero. Unos días antes de la noche del 24, Mikela se hacia dueña absoluta de la cocina, se enfundaba en un delantal blanco, ponía un balde a sus pies, cogía un gran cuchillo y apoderándose del capón, le doblaba el cuello sobre sí mismo con la mano izquierda, de manera que el bicho quedaba amordazado. Con la derecha le proporcionaba un corte en el cuello, que sorprendía al bicho de forma tan radical que aunque continuaba moviéndose y agitándose por unos minutos, poco a poco las fuerzas le abandonaban y el balde se llenaba de sangre. Un adiós a la vida que yo contemplaba sin pestañear, como uno rito pagano, entre hechizada y asqueada, sentada frente a Mikela, en una sillita pequeña que no levantaba media metro del suelo
Pasada esta cruenta etapa llegaba el desplume. Una nube de plumas volaba por la cocina y te hacia estornudar mientras que lentamente caían dentro del mismo balde. Después de esta operación, el gordo y blanco cuerpo del bicho aparecía por primera vez a la luz en toda su espléndida redondez.
A esto le seguía la operación de quemar los espolones pasando al capón por las llamas del fogón. El olor era característico y cada año mi nariz se arrugaba en señal de repugnancia, pero nada me movía del lugar.
Por cierto, esta silla también fue protagonista de mis burlonas parodias sobre la manera en que Mikela se ataviaba cada día para asistir a lo que ella definía como "la funsión", que no se trataba de otra cosa que la Bendición y rezo del diario rosario en la iglesia más próxima a nuestra casa.
De vez en cuando me presentaba en la cocina con una mantilla gorda y negra, unas gafas oscuras, a las que faltaba uno de los cristales, un rosario inmenso en las manos acompañado de un devocionario, y la famosa sillita que arrastraba desde mi cuarto de juegos. Me arrodillaba devotamente en la silla y comenzaba a recitar las letanías en un macarrónico latín. Debía de tener cierta gracia porque Mikela, que no gozaba de gran sentido del humor precisamente, se reía mientras me llama Biotza.
Lo mejor de Mikela era la merluza frita. En ningún otro lugar he saboreado una merluza más exquisita. Todos coincidimos en eso. Ni Arzak, ni Subijana, ni Martín Berasategui, ni Aduriz; Nadie sabe prepararla igual.
Tenía la cualidad de resaltar lo obvio. Cuándo abría la puerta de la casa, indefectiblemente preguntaba a forma de bienvenida "Lastantxu¿ya estás aquí?" .Volvíamos sobre nuestros pasos y mirando por el hueco del ascensor, contestábamos con perfecta seriedad "No, estoy subiendo las escaleras", lo que le sumía en profunda perplejidad.
Se jubiló durante una de mis estancias en el extranjero y no la volví a ver. Me enteré tarde de su muerte en Lequeitio, un precioso pueblo de la costa, de donde era originaria y donde vivió con su familia hasta el fin de sus días. En total dos tercios de su vida habián transcurrido con mi familia. Es parte de ella, aunque no tuviera el don de ganarse la simpatía de la gente, por su carácter protestón y tendencia a la queja, Pero era una mujer leal y buena. Y nos quería con locura. A todos menos a mi madre, aunque al final de sus días juntas, llegaran a acostumbrarse a vivir con lo que cada una consideraba el peso de la otra y a quererse.

sábado, 22 de enero de 2011

EL MEJOR MÉTODO PARA LOGRAR NO ENAMORAR A LA MUJER QUE QUIERES.

Camino del Faro. Acuarela de Paloma Rojas
Éramos un numeroso grupo de amigas desde la infancia. El sistema de educación seguido era algo insólito para los tiempos actuales. Sin asistir a ningún colegio, adquiríamos conocimientos de la mano de profesores particulares. Como resultado, nos quedaban muchas horas libres para jugar en el Parque de Doña Casilda de Bilbao, sobretodo a la pelota.
Todas las mañanas y todas las tardes a la salida del colegio, un grupo de chicos de un conocido colegio de la ciudad, nos contemplaba desde los bancos situados en un lateral de lo que denominábamos " el cuadrado", un jardín lleno de rosas en primavera.
Todas éramos adolescentes enamoradizas y tímidas que sin cruzar palabra intentábamos captar la atención de aquel chico que nos gustaba especialmente: saltos espectaculares para alcanzar la pelota, risitas histéricas sin sentido, exhibición de capacidades atléticas. Lo que fuera total de destacar.
Esta etapa duró lo que entonces me pareció muchos años, y ahora me parece un suspiro. Pero llegó un momento en el que grupo se dispersó. La mayoría empezó a asistir a colegios de la ciudad en condición de mediopensionistas, y otras pocas fueron enviadas a internados. Yo me quedé todavía un par de años más en mi ciudad y en mi parque.
Fue entonces cuando empecé a notar, casi imperceptiblemente y sin que al principio me diera mucha cuenta, de la presencia de otro grupo desconocido de chicos, que desde bancos más lejanos venían a vernos jugar a las que aún permanecíamos en Bilbao. Entre todos ellos, empezó a destacar, por su actitud, un chico en particular. Su mirada era excesivamente absorbente; los comentarios, que compartía con sus amigos, eran obviamente sobre mí.
Gradualmente fue creciendo en mí un sentimiento de rechazo y repugnancia hacia su cara redonda y aplastada, su estúpida sonrisa de triunfador, su mirada insistente. Un diente, parcialmente roto, hacia su sonrisa aún más desagradable. Se convirtió en una presencia obsesiva que yo intentaba evitar por todos los medios pero que no lograba conseguir. Hiciera lo que hiciera, fuera donde fuera, siempre acaba apareciendo su figura en el horizonte, estropeando mis ratos de diversión. La situación llegó a su cenit, cuando acabe cruzándome con él irremisiblemente mientras iba de compras con mi madre, o me encontraba en alguna parte de la ciudad, ajena al ámbito normal de mis juegos.
No podía evitarlo, era irracional pero me resultaba desagradable, repulsivo. Recuerdo con horror un sueño en el que mi madre se encontraba con su madre - que no conocía de nada - y el interfecto - que todavía conocía menos - y yo me veía obligada a soportar su presencia desagradable, para que mi madre no advirtiera mi actitud de rechazo absoluto. Despertar y ver que nada era real, fue un alivio.
Llegué a desarrollar el hábito de fruncir el ceño y asumir una mirada dura y antipática, para ver si así lo ahuyentaba definitivamente
Todo era inútil. Parecía que cuanto más antipática, desagradable, distante fuera, más empecinado estaba él en seguirme y buscarme por la ciudad. Y debía conocer bien mis recorridos, o tener alguna fuente de información y espionaje particulares, porque fuera donde fuera, siempre aparecía aquella figura en el horizontes, agriando mis mañanas y tardes.
Todo quedó olvidado cuando fui a estudiar en un internado. Una vez terminada mi estancia en el colegio, pasé una temporada en el extranjero para completar mi peculiar educación. . A la vuelta, la vida siguió su curso y me enrolé en el ritmo social de una ciudad de provincias. El tipo no se me había olvidado, pero era tan solo un incidente en mi vida cuya existencia nadie más que yo conocía.
La ciudad era ahora para mí un lugar agradable en el que vivir. Disfrutaba de mi juventud y mi estilo de vida. La gente que me rodeaba era atractiva e inteligente. Sonreía por la calle y saludaba a todo el mundo con entusiasmo y simpatía.
En una ocasión en que me dirigía al encuentro de un grupo de amigos, percibí, acercándose hacia mí a una pareja, que venía en dirección opuesta. Él agarraba posesivamente el brazo de una rubia artificial y vulgar. Susurraba algo al oído de ella mientras me miraba. Ella volvió su mirada hacia mí y sonrió entre sorprendida, burlona y divertida. Pude imaginar su diálogo: "Mira, esa era la chica de la que estaba perdidamente enamorado de crío". “¿De verás?" contestaba ella, "pues no sé lo que veías en ella, no vale mucho". Él apretó su brazo con fuerza y su diente roto volvió a aparecer en su cara aplastada e inexpresiva.
Me sentí definitivamente liberada.
Aceleré mi paso y sonreí feliz a mis amigos.

domingo, 2 de enero de 2011

CLAROSCUROS DE LA NAVIDAD

Era mi intención publicar está entrada durante la semana de Navidad, pero por la misma dinámica de estas fiestas tan familiares, me ha resultado imposible hacerlo. La publico a destiempo pero no quería dejar de hacerlo.
Catedral de Burgos. Acuarela de Paloma Rojas

La casa era un ascua de luz. Todas las lámparas encendidas, el nacimiento iluminado por pequeñas bombillas ocultas tras los corchos. Las velas chisporroteando en la mesa. Bullicio en la conversación, sonrisas en las miradas, risas de niños y de adultos. Desbordante alegría navideña en el ambiente. Nervios incontrolados de los niños, que no paraban de levantarse de sus asientos para atender a cualquier asunto que les interesaba más que la comida, para ellos, tan larga, tan ceremoniosa.
Los mayores saboreaban placidamente los platos tradicionales de la familia, comentando los chascarrillos familiares conocidos por todos y siempre celebrados como nuevos.
Como todas las noches de Navidad, después de la cena y de pasar un rato en cálida conversación, acudirían a la Misa de Gallo, tradicional en la familia.

La ciudad estaba oscura y silenciosa; en aquellos años no había iluminaciones en las calles. Tan solo los escaparates de las tiendas y otros establecimientos, proyectaban luz sobre las aceras. Escasos coches en la calle, el tráfico era casi nulo en aquella época. Otras familias se dirigían también presurosas hacia la iglesia. Conversaciones en tono familiar, voces atenuadas, carrerillas de niños que se adelantaban a los padres, risas y empujones infantiles llenos de impaciencia y nerviosismo.

La pequeña iba dando brincos agarrada a la mano de su madre que le dejaba hacer. La madre y una hermana conversaban en voz apagada, para no romper la intimidad. Su padre y los tíos seguían a corta distancia. Sus voces llegaban aterciopeladas en el silencio de la noche.
En la acera opuesta, la figura de un hombre solitario. Era una sombra obscura, con la cabeza baja, poco firme en su andar sin rumbo, las manos en los bolsillos. La chiquilla pudo oír a su madre y a su tía que comentaban: "es tremendo y triste, está continuamente borracho..... Sí, se separaron. Dan mucha pena su mujer y la pequeña".

Cuando oyó el nombre cayó en la cuenta de quien era aquella niña. Su imaginación le trasladó una casa a oscuras, con dos figuras grises deambulando como habitantes únicas. La soledad de una casa sin padre. En su corazón de niña que disfruta de una vida familiar estable y feliz, aquel hecho ensombreció su felicidad navideña, tan luminosa hasta entonces, tan sin nubarrones, que eclipsaran la paz de fondo. Se acurrucó al costado de su madre y luego, soltándose bruscamente, corrió a coger la mano de su padre, como queriendo afirmar la unidad, la seguridad de que a ella nunca se iba a encontrar sola.

La iglesia era otra ascua de luz, llena de familias que desprendían alegría y sonrisas. Los villancicos acompañaban la liturgia alegre de esa noche maravillosa y única.
El camino de vuelta a casa, era más bullicioso: todos se saludaban, se deseaban feliz Navidad, se despedían, con besos, abrazos, buenos deseos, felicitaciones, sonrisas, comentarios amables.
La calle ya no parecía tan oscura, estaba iluminada por las sonrisas de los transeúntes y sus voces alegres.

La llegada a casa, estaba llena de expectación. Los regalos del Niño Jesús esperaban al pie del nacimiento. La emoción era inconmensurable, los grititos de alegría constantes, los silencios emocionados ante el regalo tan deseado eran aún más expresivos.
Inesperadamente apareció en la imaginación de la chiquilla la figura de la madre y la hija solitarias en su casa a oscuras. Se quedé ensimismada durante un momento. Su madre lo notó y se acercó suavemente para preguntarle si le gustaban los regalos. Impulsivamente se aferró a ella en un fuerte abrazo silencioso. Después corrió hacia su padre, hacía su seguridad infalible.
Los villancicos cantados en familia volvieron a calentarle el corazón.
Sin embargo el recuerdo de aquella figura tambaleante y vencida por la vida perduró en su memoria. Representaba para ella la desolación de la niñez.

Años más tarde, ya adulta, tropezó en alguna ocasión, con la hija abandonada. En su rostro no había rastro de tristeza. Pero sus movimientos eran nerviosos e inseguros.

viernes, 31 de diciembre de 2010

MIS MEJORES DESEOS PARA UN AÑO 2011 A TODA VELA, PLENO DE ESPERANZAS CUMPLIDAS

A vela por la Bahía, acuarela de Paloma Rojas

lunes, 20 de diciembre de 2010

MIS MEJORES DESEOS PARA UNA NAVIDAD LLENA DE FELICIDAD Y UN NUEVO AÑO PLENO DE ESPERANZA





sábado, 11 de diciembre de 2010

VARIACIONES

ANTES Y AHORA


Acuarela de Paloma Rojas." Niños en la playa"

Antes, el diario quehacer le venía dado por las exigencias de la vida.
Antes, el día no era suficiente para todo lo que había que hacer.
Antes, todo el mundo a su alrededor clamaba por su atención: la necesitaban.
Antes, la vida no se concebía sin su presencia, sin su impulso, sin su atención
Antes, la familia no daba pie con bolo en su ausencia.
Antes, nadie acertaba a encontrar las cuentas del teléfono, ni el paraguas, ni el seguro del coche, ni el extracto del banco, ni el bolso de fin de semana.
Antes, era ella quién solucionaba los problemas, daba ideas, consejos, experiencias.
Antes, su vida social era intensa y frecuente: tenía muchos conocidos y pocos verdaderos amigos
Antes, esperaba con interés lo que la vida le iba a traer en el futuro.
Antes, se reía a carcajadas.
Antes, no tenía pasado que recordar: todo era presente
.
Acuarela de Palomas Rojas. "Desde Erandio2.

Ahora, tiene que buscar con afán como llenar cada día.
Ahora, tiene que llamar a la familia cada día para saber algo de sus vidas.
Ahora, tiene que hacerse útil para los demás.
Ahora, se preguntar dónde ha dejado las gafas, para ver el extracto del banco, para enterarse si el seguro del coche ha sido renovado y para saber porque la cuenta del teléfono ha subido tanto.
Ahora, tiene muchas y muy buenas amigas.
Ahora, sus estancias en las ciudades por donde andan dispersos los hijos llenan muchos días de su vida.
Ahora, tiene que escuchar las opiniones ajenas y no molestarse si nadie tiene mucho interés en conocer las suyas propias: cosas de la abuela
Ahora,, tiene un rico pasado que no puede ni quiere olvidar.
Ahora sus nietos le adoran
Ahora, es feliz con la calma, el sosiego, con los recuerdos.
Ahora, sonríe con serenidad incansable.
Ahora, las noticias no le alarman; nada es nuevo, todo ha ocurrido ya antes

domingo, 5 de diciembre de 2010

VARIACIONES

UNA CAÍDA CON SUERTE



Sonó el teléfono interior. Instintivamente supo que eran las primeras horas de la madrugada. "Ha entrado alguien en la casa" pensó con inesperada tranquilidad. Descolgó el auricular y la voz trémula de su nieta llegó apagada:

"Abuela, hay un hombre en la casa".


En un susurro, preguntó: "¿Te encuentras bien?"

"Baja, abuela, ¡corre!"

Se arropó con el salto de calma, salió de su habitación y bajó las escaleras hacia el primer piso del chalet, tan rápido como su artritis le permitía. Por su mente cruzó la idea de que el ladrón pudiera estar armado. Recordó que el armario de herramientas estaba en el descansillo. Cogió un martillo y siguió presurosa hacia la habitación de su nieta.
La encontró acurrucada en la esquina más alejada de la habitación.

"¿Dónde está?" preguntó decidida.


"Ha salido corriendo. Me despertó la luz de una linterna que apuntaba hacia mí; cuando pregunté si eras tú, cerro la puerta con cuidado y no sé dónde ha ido."

La abuela se volvió hacia una de las ventanas que daba al pequeño hall de la primera planta. Estaba abierta. En el suelo se veían las huellas embarradas de unas pisadas. Se asomó por la ventana y comprobó con desmayo que la escalera de mano del jardín estaba apoyada en la ventana. No había rastro del hombre al pie de la escalera. Cerró la ventana con energía.

"Se te ha olvidado cerrar esta ventana, como todas las noches. Ponte la bata y vamos a buscarlo. Coge el palo de hockey y sígueme"

Su nieta le miró asombrada. Pero no dudó en seguir a la abuela. Le daba mucha seguridad; era decida y brava.
Armadas con el martillo y el palo de hockey, recorrieron toda la casa, piso por piso, habitación por habitación, escudriñando en los rincones; detrás de todos los cortinajes, debajo de las butacas y de las camas, en los cuartos de baño, dentro de la ducha, en todos los armarios y huecos que tuvieran una puerta exterior, en la cocina, en la despensa. La nieta se sorprendió a sí misma abriendo el horno y comprobando que estaba vacío. Miró a su abuela, y con un mohín de disculpa, susurro
:


"Nunca se sabe"

"No puedo pensar en ningún otro sitio, lo hemos visto todo, vamos al jardín". La anciana fue a coger las llaves de la casa; el cajón de la mesa de entrada estaba vacío.

"Sígueme", indicó, enérgica, a su nieta.

Tiró de la puerta con fuerza y allá, frente a ellas, se encontraba el ladrón, temeroso y suplicante. Contemplaba las dos enérgicas armas de defensa con temblor incontrolado.

"Aquí, fuera, era el único sitio seguro" balbuceó, mientras les tendía las llaves.

Atónita ante la necedad del individuo, la abuela se dirigió a él con fuerte voz conminándole a entrar. Una vez en el interior de la vivienda, le guió hasta la ventana del pequeño hall:

"Vas a salir por donde has entrado, no por la puerta grande"

"Tengo vértigo" suplicó, "me es fácil subir, pero no puedo bajar".

"Es lo mismo, ¡hazlo!. Y sin gimoteos"


Cayó despatarrado en el suelo. Ambas mujeres corrieron escaleras abajo y salieron de la casa para averiguar que le pasaba. Se había roto una pierna.
"Llama al 112", indicó la anciana a su nieta.

Cuando llegó la ambulancia, comprobaron que efectivamente la pierna estaba rota por varios sitios .Le trasladaron al hospital.
A los pocos días llegó una orden del juzgado requiriendo la presencia de la anciana en comisaria. Se le acusaba de ser la culpable de provocar un accidente, por el que un hombre joven había sufrido graves roturas, heridas y contusiones. Hechos por los que se le pedía una alta indemnización.
Una vez leídos los cargos contra ella, se rió entre dientes, cruzo las piernas, entrelazó los dedos de las manos con serenidad y calma y comentó en voz alta:


"Agradecería mucho que comunicaran al ladrón de mi parte, que la próxima vez que desee visitar mi casa, lo haga por la puerta principal. También le pediría como un favor especial, me indicara con tiempo los objetos que desea llevarse para su uso personal; de esta manera puedo dejarlos debidamente preparados para que los recoja sin demora. Este sistema de transacción de bienes que sugiero me resultará más económico que el intentado por el pobre joven descoyuntado".

jueves, 25 de noviembre de 2010

PERSONAJES DE MI VIDA




EL CURA, LAS ESTRAPERLISTAS Y EL INSPECTOR.



Mi madre había hecho una promesa. Ir a Zaragoza para rezar delante de la Virgen del Pilar. Su promesa involucraba a toda la familia, esto es: a mi padre, Marisa y yo, porque mi hermano no había nacido todavía. Por eso puedo datar la aventura: año 1943. Plena postguerra. Nunca nos dijo la razón de su promesa. Pero lo que sí nos comunicó fue que esta implicaba otros pequeños detalles insignificantes como viajar en segunda y alojarnos en un hotel que casaba con un viaje en ese tipo de vagón.
Viajar en segunda en aquellos tiempos era trasladarse en renqueantes trenes de carbón, de asientos de tiras madera, con vagones corridos que daban a un pasillo lateral por el que circulaban o se estacionaban todos aquellos que no habían conseguido billete de asiento
Recuerdo poco del traslado a Zaragoza. Como siempre, antes de emprender un viaje muy de mañana, mi madre me había insinuado si no quería ir al baño. Los baños de los departamentos de segunda, no eran precisamente de Porcelanosa. Con firmeza había asegurado que no.
No más bien habíamos emprendido el camino a la estación, que, cogida de la mano de mi madre, susurré "quiero ir al baño" y mi madre, decidida y rotunda me espeto: "pues ahora te aguantas", como si yo fuera un grifo de agua que se cerrara a voluntad.
Pero por lo visto mi voluntad pudo sobre mis supuestas necesidades fisiológicas porque no recuerdo ninguna catástrofe definitiva.
Sí recuerdo,, sin embargo mi emoción al asomarme a la ventanilla y observar en las curvas la locomotora de carbon, hasta que un carboncillo entró en mi ojo y reculé asustada pensando que un perdigón juguetón me iba a dejar sin vista.
No retengo nada de la estancia en Zaragoza. Tan solo una nebulosa idea de haber estado en el Pilar, haber rezado con intensidad por la intención de mi madre, después de haber besado la columna de la Virgen. Hay que tener en cuenta que tenía cinco años.
Fue el viaje de retorno lo que no se me ha olvidado.
Nervios otra vez para coger el tren a tiempo. También en segunda, después de una noche pasada en un hotel de similar categoría, con sus correspondientes facilidades o incomodidades, quién sabe. Mi madre hacia las cosas con mucha coherencia.
El tren bullía con el movimiento del ir y venir de la gente. Frente a mi asiento se encontraban un sacerdote mayor- o eso parecía ante mis 5 años-. Muchas mujeres se ajetreaban entrando y saliendo en el vagón, con grandes bultos y bolsas enormes en los brazos, que sin mucho miramiento, con explicaciones ininteligibles, iban colocando debajo de los asientos del resto de los viajeros, antes de tomar asiento a su vez.
Mis cortas piernas se balanceaban alegremente por encima de los bultos. Los adultos mantenían las suyas apuntado rígidas hacia el viajero de enfrente. Yo no había prestado mucha atención a esta incomodidad porque me tenía hechizada el espectáculo que los bostezos del sacerdote que se sentaba frente a mí, me proporcionaba. En cada uno de ellos, los dientes de la mandíbula superior se deslizaban hacia abajo en busca afanosa de sus compañeros de la mandíbula inferior sobre los que se cerraban con un golpe seco, de modo que un agujero oscuro e intrigante hacia su aparición entre el labio superior y la dentadura reunida en la mandíbula inferior. Mis ojos parecían cosidos a aquel espectáculo inusitado. Lo nunca visto. Esperaba con impaciencia y absorta el siguiente bostezo para investigar con curiosidad aquel extraño fenómeno.
Mis investigaciones faciales, fueron interrumpidas repentinamente por la aparición de un inspector, que se dedicó a lanzar una reprimenda a las estraperlistas que abarrotaban el vagón. En medio de su arenga se dirigió al sacerdote para requerir de forma servil y untuosa su apoyo moral y la condena de estos hechos tan fraudulentos. Al verse requerido a dar una opinión condenatoria, el sacerdote respondió con una sonrisa(esta vez repleta de dientes) y una pregunta: "¿podría usted jurar, que en su caso, no haría usted lo mismo?". La pregunta me pareció tan interesante que me rebullí en mi asiento y por un momento interrumpí mis investigaciones faciales y trasladé mi intensa mirada interrogante a la autoridad responsable del orden público. Inexplicablemente este cerró la puerta corredera del compartimento y nunca volvió a aparecer. Me quedé perpleja. Era una pregunta sencilla pero por lo visto la contestación no lo era tanto.
No sabría explicar por qué pero por alguna razón que se me escapaba, yo estaba de parte del sacerdote
Continúe con mis investigaciones odontológicas con un nuevo interés y simpatía. Y hasta la oscura caverna inexplorada me resultó simpática.

sábado, 20 de noviembre de 2010

PERSONAJES DE MI VIDA


No diré su nombre porque sé con certeza que le disgustaría.

Durante varios años vivimos en la misma ciudad y compartíamos el mismo trabajo. Como yo, era extranjera en una nación europea. La diferencia estribaba en que para mi el país era un lugar lleno de recuerdos maravillosos y para ella era el Estado que había maltratado a su familia, aunque entonces yo lo ignoraba.

Ambas estábamos involucradas en un mismo objetivo : una empresa de solidaridad y paz entre las gentes.

Pero lo que yo no supe hasta después de muchos años fue que sus padres habían sido víctimas políticas del país en que residíamos. Nunca lo dijo, ni lo demostró con sus palabras o sus hechos: nunca un gesto de desagrado o disgusto o una solapada acusación.
Cuando en ocasiones yo me quejaba en voz alta de los defectos y errores de los nativos, ella me respondía y subrayaba que nuestro trabajo era precisamente ayudar a esa gente a superar sus deficiencias y volver a adquirir los valores que habían perdido en el transcurso de la Historia .

Con el tiempo ambas regresamos a nuestras respectivas tierras. Y cada una nos dedicamos a distintas actividades.

Fue entonces cuando accidentalmente me enteré de la realidad. La admiré más que nunca, por su silencio, por su trabajo esforzado y callado, POR SU CAPACIDAD DE PERDONAR Y OLVIDAR.
Nunca dijo algo que pudiera traslucir sus sufrimientos pasados. Sino que por lo contrario, supuso una gran ayuda y trabajó afanosamente en la empresa que nos habíamos propuesto.

Sé que a su regreso a su tierra , ha realizado una labor eficaz y positiva: ha contribuido a su engrandecimiento. Pero sigue guardando la misma actitud hacia el país que hizo sufrir al suyo.

NUNCA GUARDO RENCOR EN SU CORAZÓN

domingo, 7 de noviembre de 2010

PERSONAJES DE MI VIDA

JUTTA




La noticia me ha sobrecogido.

Me he encontrado con ella en contadas ocasiones. Nunca en eventos profesionales, sino en sencillas reuniones sociales. Sin embargo su gran modestia, me tocó el corazón. Mujer de poderosa inteligencia, tenía el talento de la sencillez. Dotada con el don de ponerse a la altura de los que sabían menos, sus palabras nunca evidenciaban la posible ignorancia de sus interlocutores. Poseía la característica de los grandes, saber hacer asequible lo que es difícil de alcanzar, actitud que presupone una gran humildad. Porque ella no se sentía superior a los demás.

Tengo entre manos uno de sus libros "Libertad vivida con la fuerza de la fe". Y precisamente esta mañana me he encontrado con estas palabras:
"La opción por Dios significa una opción por el hombre. Sólo si Dios existe, tiene sentido la vida humana. Sólo entonces el hombre no es un ser perdido en un cosmos insensible a sus preguntas y necesidades; y el mundo no se halla regido por leyes abstractas, ni por el ciego azar ni tampoco por un destino anónimo. La fe en Dios nos da seguridad y permite- incluso exige- que nos aceptemos incondicionalmente a nosotros mismos y a todos los hombres, porque somos aceptados también incondicionalmente. Todo lo creado está marcado por la bondad divina. Dios lo ha llamado al ser, ha querido que exista, y lo sigue queriendo para siempre". (Libertad vivida con la fuerza de la fe, pag. 42 )

No soy propensa al llanto, pero las lágrimas me han quemado los ojos cuando me he enterado. Es imposible entender a Dios; ¿ por que se lleva tan pronto a quienes pueden hacer tanto por Él y por la Iglesia?.

Quizás para que caigamos en la cuenta que quién hace las cosas es Él. Nosotros los hombres sólo tenemos que ser sus testigos fieles.

viernes, 5 de noviembre de 2010

VARIACIONES

VIAJE LONDRES BILBAO


Antiguo aeropuerto de Sondica

Ocurrió hace muchos años, ahora no podría suceder. La vida ha cambiado mucho y los vuelos baratos son moneda corriente, algo que Internet ha promocionado, facilitando la vida de los usuarios y reduciendo los costes en cantidades apreciables.
Se había enterado de la existencia de una compañía privada muy desconocida, que volaba de Londres a Bilbao, por un precio mucho más ajustado que los de las líneas oficiales reconocidas. Decidió probar suerte en uno de sus escasos viajes entre Londres y Bilbao.
Una de sus amigas lo había hecho con anterioridad y la información recibida era satisfactoria. Le advirtió que aunque no ofrecía todas las comodidades de las líneas regulares, funcionaba muy bien.
Una cosa había que tener en cuenta: por no ser una línea oficial, no era anunciada por los altavoces, aunque aparecía en los paneles de salida. Pero eso sí, había que prestar mucha atención para no perder el vuelo.
Los trámites de embarque y consignación de equipaje fueron ejecutados de manera fría, impersonal y eficaz por los empleados del inmenso Heathrow. Arrugaron la nariz cuando leyeron la compañía de vuelo y le pidieron en un inglés frío y académico, que deletreara su nombre y apellido, así como el nombre de la compañía en la que volaba, sus señas de referencia en Inglaterra, y algún otro detalle.
Una vez pasado el control estuvo tensa y atenta al panel de vuelos. En la larga lista de salidas, nunca aparecía el suyo. La hora de embarque se acercaba; aparecían otras compañías reconocidas con horarios similares al suyo pero este no parecía existir.
Inesperadamente apareció su compañía. Se apresuro a acudir al puesto de entrada. Era una extranjera con un contrato de trabajo doméstico en el país: todo eran preguntas, exigencia de detalles; la atención era burocrática, heladora: una trabajadora más que marchaba unos días de vacaciones con fecha de retorno. Absoluta indiferencia en el trato.
Dos horas y pico más tarde aterrizaba en el Aeropuerto de su ciudad de origen. La familia le estaba esperando agitando alegremente los brazos para que los distinguiera al bajar el avión. Cosa nada difícil dadas las dimensiones del aeropuerto y el entusiasmo del recibimiento.
Vino después la rutina de la revisión de pasaportes: Le sorprendió que el empleado encargado de este menester, escrutinara reiteradamente la fotografía y su rostro, la observara una y otra vez, para consultar luego con todo cuidado los datos de su pasaporte. Perplejo y disconforme, se rascaba la cabeza.
Ella esperó con paciencia a todo este examen y cuando estaba a punto de preguntar: "¿ocurre algo?" el empleado carraspeo y con una voz mitad amistosa y mitad tímida preguntó "¿no será usted de los Yurretaonaindia Larrinogoitia de Apatamonasterio?" Ante la sorpresa de tal pregunta se apresuro a responder con una sonrisa abierta que no lo era, que era de Bilbao. Disculpándose, el empleado comentó:"perdone usted, pero como son los mismos apellidos y son conocidos míos he pensado que quizás era usted pariente"
Se sintió en casa. No era un número ni un pasaporte. Era acogida como alguien del clan, con un trato personal respetuoso y afectuoso.

miércoles, 20 de octubre de 2010

PERSONAJES DE MI VIDA

TATA


Era hija de unos caseros, un matrimonio que cuidaba y trabajaba algunas tierras que mi padre había heredado. Gente fiel, trabajadora, leal: Miguel y Eustaquia. Pequeño y con bigote él, Delgada y espigada ella. Tenían dos hijas: Tata vino a trabajar a casa de mis padres cuando tenía 16 años. La idea era que fuera haciéndose a la vida en la ciudad y al trabajo de una niñera, para que en un próximo futuro se encargara de mí, que todavía no había nacido.

No había conocido otra cosa que el caserío y el trabajo de la huerta. Vida dura y de pocos lujos, aunque nunca le había faltado nada y la familia tuviera un buen vivir. Criatura alegre, de risa fácil y excelente carácter; siempre sonriente.

Obnubilada por los caprichos que una casa de ciudad podía ofrecer, solía buscar en los armarios de la cocina, para saborearlos, los alimentos que a ella le llamaban la atención, cosas como chocolate, galletas, o cualquier otro de los pequeños y muy escasos lujos que la ciudad podía ofrecer, durante la postguerra. Cuando pudo comprobar que nada le estaba vedado, contaba, entre carcajadas, y con su defectuoso castellano, llena de giros de euskera: "venir, y rapa, coger" que se convirtió en una frase paradigmática en la familia. Acostumbrada a los horarios del campo Al anochecer le vencía el sueño y se quedaba dormida apoyada en la mesa de la cocina. Era una criatura encantadora. Mi madre la describía como una innata alma fina.
En contraste, yo era una perfecta pesadilla; no solamente dormía mal, sino que lloraba durante toda la noche y cogía rabietas que duraban horas y horas. Mis pobres padres estaban ya agotados. Mi madre en un arranque de coraje, en una de esas noches insoportables, me sacó de la cuna y me sentó en el suelo, junto a la puerta de su cuarto, pero fuera de la habitación, abandonada a mi propia rabieta. Al día siguiente le habló a Tata: "de ahora en adelante, la niña dormirá contigo. Apenas dormirás durante la noche, pero cuando llegue la mañana, no te levantes, duerme todo lo que necesites. No te preocupe la hora. Es insoportable y va a acabar con todos nosotros."
Algo debió de hacer Tata, porque tengo un vívido recuerdo de escenas de otra índole: despertarme en la oscuridad de mi habitación y empezar a gritar con voz suave primero pero en un creciente crecendo según pasaba el tiempo: "no quiero dormir más. No quiero dormir más. No quiero dormir más. No quiero dormir más" hasta estallar en un imperioso y desesperado No quiero dormir más, al que Tata no podía resistirse y aparecía en el umbral de la puerta y con voz suave y cariñosa me decía (para entonces hablaba un perfecto castellano con giros en euskera): "que tal lastana, ya has dormido bastante? Vamos a levantarnos, pues" Ella llevaba ya horas de pié.
Pero llegó un nefasto día en que me enteré que se iba de nuestra casa. Regresaba a casa de sus padres, para preparar todo lo relacionado con su próxima boda con Pedro, su novio, de quién yo ignoraba toda existencia. Pedro era la perfecta replica para Tata: buen carácter, honrado, de sonrisa fácil, y ojos claros y limpios.

Al poco tiempo llegó la fecha de la boda a la que asistí junto a mis padres que actuaban de padrinos. Observaba todo desde un banco al fondo de la iglesia del pueblo, junto a la que había reemplazado a Tata en mi cuidado. Inesperadamente me asaltó un pensamiento sobrecogedor: no había oído hablar sobre lo que Pedro había estudiado, ni cual era su trabajo. Estaba acostumbrada a las conversaciones de los mayores sobre parientes o amigos que se casaban después de que el novio hubiera terminado la carrera, y tuviera un trabajo fijo y bien remunerado. Y en mi inocencia y mi cariño por Tata, me sentí sobrecogida por el posible desamparo en que se pudiera encontrar.

Pregunté quedamente pero con autentica inquietud en la voz y en la mirada "¿qué ha estudiado Pedro?". Su voz, llena de risa, me tranquilizó. "No te preocupes, Pedro conduce trenes, y lo hace muy bien." Respiré tranquila. Tata iba a ser feliz.

Y en efecto, lo fue. No le faltaron sinsabores y penas, como la muerte de su primer hijo de un cáncer de huesos cuando contaba muy pocos años, pero nunca le faltó el amor de su marido y de todos nosotros, además de nuestro agradecimiento y admiración.

martes, 12 de octubre de 2010

VARIEDADES


¿DE DONDE VENGO?




Hay algo en la música de esta mi tierra vasca que me produce un sollozo en el alma. Siempre que la oigo me emociona. Toca mi más profunda fibra sensible. Me da un pellizco en el corazón: es el patetismo que mora allá, en el fondo de la melodía.
No es, como a veces se piensa, el resultado de una gente genéticamente sentimental, pero corta en palabras. Hay algo más.

La respuesta la encontré hace años, cuando cansada de recorrer la sala dedicada a las distintas razas del mundo, en el Museo de "Ciencias Naturales" de Londres, me apoyé en el quicio de una de las puertas que daba acceso a otra de las salas, esperando que mis amigos dieran por terminado su repaso de las distintas entidades humanas. Miré a mi izquierda y me sobresalte, porque me tope con lo que tomé por una fotografía de mi padre: nariz larga, saliendo en busca de una barbilla que se proyectaba hacia arriba acudiendo en su búsqueda.
Giré sobre mi misma y la miré de frente. Leí "Raza Vasca" y debajo en letra pequeña explicaban algo así como "raza de origen desconocido, probablemente original de Mesopotamia, que se había dispersado en dos direcciones opuestas: unos hacia el norte de África y otros hacia Europa, llegando a asentarse en el norte de España". No he vuelto al Museo desde entonces pero cuando vuelva a Londres la próxima vez, visitaré el Museo para corroborar mi recuerdo.
Me ha venido a la memoria una anécdota que mi padre solía contarnos, con una sonrisa en los ojos, sobre sus años de estudiante en Durham University, en Inglaterra. En una ocasión, se le acercó un individuo en el tranvía y le comenzó a hablar en una lengua indescifrable. Mi padre le explico en inglés que no podía entenderlo. Y el buen hombre se disculpó embarazosamente: "Perdón, creí que era usted judío." Era yiddish.

Me pregunto a veces: ¿descenderé de Abram de Ur, que se desplazó a la tierra prometida? Ese Ur, ¿tendrá que ver algo con mi apellido (su traducción, más o menos libre es "el que viene de lejos") y con la añoranza que impregna las canciones de mi tierra? ?.¿Será ese origen lejano e inasequible el que echamos en falta los habitantes de este rincón del mundo? Como la llamada imperativa del origen desconocido: la nostalgia por la tierra perdida, el melancólico sentimiento de algo intangible, lejano, inexplicable pero cierto.

El dolor por la amada tierra perdida, por los montes nunca vistos, por las desconocidas raíces que nunca veremos. Por no saber de donde somos ni a donde vamos.
Pero sí donde estamos.

sábado, 2 de octubre de 2010

PERSONAJES DE MI VIDA


DOÑA ADELA


Era maestra. Durante muchos años - ahora me parecen una eternidad - fue de casa en casa impartiendo clases a todas aquellas niñas que no acudíamos a ningún colegio. Algo que ahora resulta anacrónico y asombroso.

Eran clases de cultural general. Lo sorprendente es que aprendíamos y mucho. Mucho de general y algo de cultura.
La cuestión es que cuando me incorporé a un internado, no me sentí en desventaja con las que llevaban muchos años como alumnas y se suponía que llenas de experiencia. También es cierto, que en aquella época, no en todos los colegios se cursaba el Bachillerato, sino la famosa Cultural General. Y este era el caso del colegio al que asistí.
Pero volviendo a Doña Adela. Arrastraba su muy avanzada edad de casa en casa, durante todo el día. Vestía de negro. Se cubría la cabeza con un velo. Tenía dientes postizos, y mis ojos no se podían apartar de ellos. Su bolso era un pozo sin fondo de lápices y gomas de borrar. Llegaba siempre puntual, nos sentábamos ante la mesa y empezaba la lección. Primero, revisión de los deberes del día anterior. Después, explicación de la asignatura que tocará. En la tercera fase, se explicaban los deberes del próximo día.
Llegó un momento, en que aunque siempre aplicada, me deje involucrar sin medida por uno de mis juegos preferidos: pintar o colorear trajes para las muñecas de papel, creadas por una de mis amigas. Familias enteras a las que tenía que proveer de ropa. Familias de vida ajetreada y muy involucradas en eventos sociales, con lo que mi destreza en copiar o inventar nuevos modelos y ajustarlos a las correspondientes muñecas creció progresivamente.
Pasaba tardes enteras jugando con ellas, en casa de otra amiga del alma. Horas dedicadas a trenzar historias improvisadas con los distintos personajes de papel.
En un largo pasillo de su casa, extendíamos páginas recortadas de revistas de decoración, con las que construíamos los hogares de las dos familias: la de mi amiga y el mío. Nos arrastrábamos rápidas sobre nuestras rodillas de una habitación a otra, para hacer el papel de quién fuera él o la que interviniera en película casera sin guión previo, lleno de imaginación, que cada tarde nos inventábamos. Cada uno de los personajes tenía su propia voz, con lo que acabamos creando un amplio elenco de voces distintas.
Este ejercicio- la confección de los trajes y el rodaje sin cámara de cada secuencia- me llevaba tanto tiempo, que cuando cada mañana me presentaba ante Dña. Adela para darle cuenta de mis deberes del día anterior, con voz compungida explicaba que no había entendido el problema de matemáticas o no me había entrado en la cabeza la guerra de los Treinta años. ¡"Pero si te las doy mascadas"! se asombraba Dña. Adela. Y yo me quedaba fascinada contemplando sus dientes postizos que - según ella - eran capaces de desgarrar tales conocimientos.

Pero no cedí ni un ápice y continué improvisando historias y mezclando colores con mis acuarelas para conseguir un nuevo y variado color para cada traje de baile, calle, invierno, verano otoño y primavera de mi gran familia.
Tenía la suerte de que el jardinero y la cocinera iban siempre vestidos iguales, de lo contrario la geometría y la geografía se hubieran ido a piqué de la misma forma que se fueron la Historia y las Matemáticas.

Ocasionalmente descubro personas que también fueron alumnas de Doña Adela. Todas la recordamos con cariño y añoranza. Estoy descubriendo que media ciudad ha mantenido un cierto nivel cultural precisamente a través de aquella incansable mujer que tenazmente acudía a nuestras casas, con sus zapatos viejos y dados de si, sus trajes negros y mantilla sempiterna y que sin desfallecer se propuso educar hasta donde ella era capaz, y lo era mucho, a un puñado de niñas de la burguesía local. Sin embargo era tan discreta que, a menos que hubiera amistad entre sus alumnas, nunca hablaba de ellas a las otras alumnas.
Murió hace muchos años. Yo estaba ausente de la ciudad y me enteré de su muerte años después.
Casi setenta años más tarde la recuerdo con mucho cariño y admiración. Por su pobreza vergonzosa y digna, Por sus conocimientos impartidos sin desánimo, por su paciencia, sabiduría y conocimiento de la niñez.

lunes, 23 de agosto de 2010

VARIACIONES

CERTERA SINCERIDAD REVELADORA



" Te veía venir de lejos y me preguntaba ¿quién será esa señora tan elegante?. Fíjate, siempre he pensado que has sabido sacarte mucho partido"

"¡Cuánto te pareces a tu madre! Pero tu madre era guapa"

" ¿También tu hermano es inteligente?

"Tu hermano es verdaderamente encantador. Tenéis un carácter muy distinto"

" Si no fueras tan tímida, te llevarías a la gente de calle"

" Tu padre y tú os parecéis mucho pero él tiene unos ojos muy expresivos"