jueves, 31 de marzo de 2011
UNA VIDA TRUNCADA
martes, 29 de marzo de 2011
UNA VISIÓN PERSONAL DE "ENCONTRARÁS DRAGONES"
lunes, 7 de marzo de 2011
El barco era de carga y pasaje que en épocas de menor tráfico comercial se dedicaba a realizar cruceros por las cálidas tierras del sur. Los pasajeros tenían acceso a todos los distintos sectores del barco. Las diferencias estribaban en los camarotes, los comedores y salones; pero todo el pasaje disfrutaba de las diversas dependencias con plena libertad.
El sitio más concurrido durante las horas de sol de la mañana y la tarde era la piscina. Estaba emplazada en un espacio amplio en el centro de la cubierta inferior. A babor, estribor y popa estaban colocadas las tumbonas y sillas. El bar estaba instalado al fondo cerrando el cuadrilátero. Las puertas de acceso eran de cristal y según fuera el tiempo se mantenía cerradas o abiertas, dobladas sobre sí mismas.
Allí concurría toda la gente joven, a tomar el sol, darse un chapuzón y sobretodo entablar amistad y hacer planes para las próximas excursiones a tierra en los distintos puertos de atraque.
María tomaba el sol perezosamente desplomada sobre su hamaca. Escuchaba la conversación que los hombres jóvenes de su alrededor pretendían sostener con una actriz de cine que había hecho su espectacular aparición, cuando ya la escalerilla de embarque se estaba retirando. Había salido con precipitación de un coche que frenó ruidosamente ante la escalerilla acompañada de una hermana menor y varias maletas. Se volvió a bajar la escalerilla y las dos mujeres treparon con rapidez hacia cubierta Era una mujer joven de muy buena figura y gran simpatía, consciente de la atracción que ejercía sobre un público no acostumbrado a frecuentar el trato con actrices de cine.
Aburrida de oír la insulsa cháchara a su alrededor, María se desperezó en su hamaca y poniéndose de pie, miró a su alrededor. Giró sobre sí misma mirando hacia el bar y se quedó sorprendida ante la figura que apareció enmarcada en una de sus puertas: alta, esbelta, elegante, con un traje de baño que no se distinguía bien pero que le realzaba la figura con un estilo muy propio; se mantenía erguida, quieta, observando. Le pareció ver que le miraba y sonreía, aunque no podía reconocer su rostro a contraluz. Sin embargo le resultaba vagamente familiar. Desecho la idea, deduciendo que era alguien de los camarotes de primera que todavía no había hecho su aparición y que iba a estar en franca competencia con la actriz de cine.
Se volvió hacía un lado para comentarlo con Marta pero desistió; estaba demasiado entretenida con Pedro como para interrumpir el incipiente romance que parecía iba viento en popa, muy en armonía con el medio en el que se desarrollaba
A su izquierda estaba Roberto, siempre tan empeñado en estar con la más guapa; pensó que era mejor dejarlo en la ignorancia, porque inmediatamente hubiera entablado diálogo con la desconocida echando mano de cualquier excusa, como solía hacer, y dejarla plantada para volver luego como si nada hubiera pasado.
Volvió la cabeza hacia el bar otra vez. Le intrigaba aquella mujer desconocida, tan reservada y contenida. Comprobó que también la desconocida había estado observando a su alrededor y ahora giraba su cabeza hacia ella.
Con un impulso repentino le saludo con un gesto invitador a que se acercara y la desconocida repitió el gesto simultáneamente.
Entonces cayó en la cuenta: era su propia figura la que se reflejaba en la puerta del bar. Se quedó perpleja ante el descubrimiento: verse a sí misma tal como realmente era, como le veian los demás. Por primera vez había tenido una visión objetiva de sí misma y no se había reconocido. Estaba asombrada: uno mismo observándose a sí mismo sin saber que era el objeto observado. Extraña sensación. Mirarse a uno mismo sin verse.
Se volvió a tumbar en la hamaca, cerro los ojos y sonrió para sí misma. No podía comunicar a nadie que había descubierto que tenía una figura espléndida, un cuerpo flexible y elástico como una caña, un movimiento armonioso, proporciones elegantes y un chic innato. Una experiencia nueva y desconocida para ella.
Roberto le hablaba indagando sobre qué disfraz iba a llevar en la baile de esa noche."De mi misma tal como me ven los demás", respondió ambiguamente.
viernes, 18 de febrero de 2011
AMORES MADUROS
Triunfadora, eso es lo que había sido.
Hermana de muchos hermanos. Alegre, simpática, divertida, optimista. Amable con todo el mundo. Dispuesta para la vida. Lista, rápida, con iniciativa. Lo que en sus tiempos se hubiera denominado una mujer de mucho éxito. Nunca le faltaban invitaciones a cenas, bailes, comidas, teatro, cine, ballet, conciertos, con sus amigos. Reía con todos y disfrutaba de la vida. Era animada, ocurrente, natural, genuina.
Pero no se comprometía con nadie. Los cadáveres de sus pretendientes quedaron arrumbados en las cunetas, más o menos maltrechos. Eventualmente se repusieron y ante la evidencia de que nunca llegarían a conquistarla, cada uno se casó, tuvo hijos y en algún caso, enviudó, prematuramente.
Ella se enamoró irremediablemente de un hombre guapo, atractivo, callado, tímido; mirada interrogativa, silencios que apuntaban a profundidad de pensamiento y carácter.
Decidieron casarse. Un matrimonio en plenitud de juventud, belleza y atractivo. No tuvieron hijos, nunca llegaron. Pero ella no se dejó desanimar y continuo haciendo la vida divertida y variada para su gran amor. Compensaba con su buen ánimo, la ausencia de los hijos, la seriedad y parquedad de palabra de su marido.
Los años se fueron desgranando y los descubrimientos se fueron realizando. Los silencios, presagios pretéritos de profundidad de carácter y capacidad de observación, aparecieron en su verdadera dimensión: vacuidad de contenido, inexistencia de ideas.
Un trabajo profesional anodino y sin perspectivas, en parte debido a su debilidad de carácter, creó en él un estado de decaimiento permanente. Siguió siendo guapo pero el aburrimiento y la rutina le condujeron a buscar el ofuscamiento en el alcohol, hasta que el alcohol se convirtió en su gran consuelo, su fiel compañero diario.
Ella lo llevó bien al principio, buscaba animarlo y darle apoyo, supliendo con propia iniciativa la que a él le faltaba, pero no funcionó. La vida en común llegó a ser fastidiosa, irritante vulgar. La distancia entre ambos fue cada vez más evidente. Él pasaba mucho tiempo en los bares y ella se refugiaba en sus amigas, en su familia.
Él estaba tristemente amargado porque era consciente, de la desilusión de su mujer, de su propia incapacidad para estar a la altura de las circunstancias y superar su apatía, su personal fracaso como hombre, de su incapacidad para dar porque simplemente no tenía.
Una enfermedad fulminante acabo con este estado de cosas. Murió cuando todavía era un hombre relativamente joven.
Ella comenzó a trabajar para sobrevivir. Puso todas sus energías en juego y saco adelante el negocio. Pero un rastro de amargura contenida contaminaba su conversación, sus relaciones sociales. No podía sacudirse la realidad de un matrimonio fracasado, la incomunicabilidad insuperable, los días y las noches de convivencia con un ser, que era bueno, pero débil, e incapaz de aportar lo que ella hubiera necesitado, por la sencilla razón de que no lo poseía
La vida transcurrió plana y sin ilusión
Inesperadamente ocurrió un encuentro fortuito. Ni tan siquiera recordaba como o cuando tuvo lugar. Se habían vuelto a encontrar, ¿En un autobús?, ¿Tomando unas copas con amigos?¿ En algún concierto?, No podía precisarlo. Los dos estaban viudos. Una enfermedad mortal les había arrebatado sus parejas. Hablaron de sus años de juventud, de los coqueteos inocentes, del rechazo de ella, de la mujer de él, de lo guapa y encantadora que era, de la lucha para sacar adelante los hijos, ahora ya casados.
Sin poder precisar como, quedaron en verse otro día, para volver a recordar los viejos tiempos, pasar un rato agradable en compañía agradable. Se rieron juntos, rememoraron juntos. Juntos se comunicaron la experiencia de sus matrimonios; los hijos, la falta de ellos. Lentamente las verdades iban emergiendo y tomando forma, conduciendo al conocimiento de la mutua realidad. El matrimonio de él había sido feliz, su mujer había sido una esposa excelente. Los hijos, como en tantos otros casos, habían planteado problemas que resolvieron juntos.
Pero, dijo riendo, en el fondo de todo y sin que saliera nunca a la superficie, estabas tú. Como un sueño de juventud, del que uno es muy consciente de ser tan solo una entelequia imposible: ese primer amor desinteresado que conservamos en el casi olvidado recuerdo como un sueño, que ya hemos desechado ante la realidad tangible que nos rodea.
Ella observó en él, lo que nunca antes había tenido en cuenta: su fortaleza, su carácter equilibrado, la sensibilidad y delicadeza que se desprendía de sus palabras, de sus gestos, la mirada inteligente, la paciencia, la capacidad de iniciativa.
Se quedó mirándole con una sonrisa vagándole por el rostro. Lo vio con nuevos ojos, con los ojos de la madurez, de la experiencia, del sufrimiento callado.
No querían pensarlo: los dos estaban en la franja de los setenta, ella en el extremo izquierdo, recién estrenado, él en el extremo derecho, precipitándose hacía los ochenta.
Es ridículo, considero ella. Una no puede enamorarse a los setenta. Es imposible, pensó él. Si no me quiso a los veinticinco, no puede quererme ahora, cuando estoy a punto de despedirme de la vida.
Los hijos reaccionaron de manera pragmática: que necesidad hay de comprometerte en un nuevo matrimonio, después de tantos años de viudez; sal con ella, haz viajes si quieres, pero no te ates, es difícil acomodarse a una nueva persona a tu edad; no suele resultar,
Él se indignó; para él no era una mujer de usar y tirar, ocasional, no quería esconderse detrás de una relación cobarde y sin riesgos. La quería de verdad. No se trataba de pensar en lo que iba a recibir, sino en pensar en que quería compartir con ella los años que le quedaran de vida. No entendía de mediocres y burdos entendimientos vergonzosos y mezquinos sino de amor sin condiciones.
No resultó ni ridículo ni imposible. Se casaron publica aunque discretamente: comparten, comunican, ríen, disfrutan, Son felices. Con la plena felicidad serena que no habían podido gozar cuando eran jóvenes, guapos y llenos de energías.
Fui tonta entonces, piensa ella. Menos mal que me he espabilado a tiempo, aunque fuera tarde, piensa él.
viernes, 11 de febrero de 2011
DESCONCERTANTE CONCIERTO
La belleza de ese momento es única y sobrecogedora.
jueves, 3 de febrero de 2011
MIKELA
¡Inigualable Mikela! Lo curioso es que en la familia no la supimos apreciar lo suficiente, pero todos nos acordamos de ella. La recuerdo siempre mayor. Ahora me doy cuenta de que no lo era. Pero su manera de ser, de comportarse, era más propia de una mujer entrada en la ancianidad, que una persona de mediana edad.
Hay características de Mikela que son imborrables; su modo de andar, balanceándose hacía los dados como si de un viejo marinero en tierra se tratara; la frase repetida hasta la saciedad de "se cansa la persona" para subrayar que estaba trabajando por encima de sus posibilidades y fuerzas, hecho nada evidente- frase que se convertimos en una disculpa y un motivo de regocijo para todos nosotros, los jóvenes-; su modo de dar las diarias cuentas de la plaza a mi madre, en las que la palabra arbejillas aparecía con frecuencia y obligaba a conocer algo de euskera para saber que se trataba de guisantes; su castellano mal hablado que nunca llegó a corregir y que le daba un modo de expresarse tan peculiar; los desayunos de chocolate y nata - sacada de la leche hervida -que nos preparaba cada mañana; los besos mojados que nos plantaba cada día; los lloros por las marchas del hogar cuando fuimos haciéndonos mayores e independientes.
A esto le seguía la operación de quemar los espolones pasando al capón por las llamas del fogón. El olor era característico y cada año mi nariz se arrugaba en señal de repugnancia, pero nada me movía del lugar.
De vez en cuando me presentaba en la cocina con una mantilla gorda y negra, unas gafas oscuras, a las que faltaba uno de los cristales, un rosario inmenso en las manos acompañado de un devocionario, y la famosa sillita que arrastraba desde mi cuarto de juegos. Me arrodillaba devotamente en la silla y comenzaba a recitar las letanías en un macarrónico latín. Debía de tener cierta gracia porque Mikela, que no gozaba de gran sentido del humor precisamente, se reía mientras me llama Biotza.
sábado, 22 de enero de 2011
EL MEJOR MÉTODO PARA LOGRAR NO ENAMORAR A LA MUJER QUE QUIERES.
Todas las mañanas y todas las tardes a la salida del colegio, un grupo de chicos de un conocido colegio de la ciudad, nos contemplaba desde los bancos situados en un lateral de lo que denominábamos " el cuadrado", un jardín lleno de rosas en primavera.
Todas éramos adolescentes enamoradizas y tímidas que sin cruzar palabra intentábamos captar la atención de aquel chico que nos gustaba especialmente: saltos espectaculares para alcanzar la pelota, risitas histéricas sin sentido, exhibición de capacidades atléticas. Lo que fuera total de destacar.
Esta etapa duró lo que entonces me pareció muchos años, y ahora me parece un suspiro. Pero llegó un momento en el que grupo se dispersó. La mayoría empezó a asistir a colegios de la ciudad en condición de mediopensionistas, y otras pocas fueron enviadas a internados. Yo me quedé todavía un par de años más en mi ciudad y en mi parque.
Fue entonces cuando empecé a notar, casi imperceptiblemente y sin que al principio me diera mucha cuenta, de la presencia de otro grupo desconocido de chicos, que desde bancos más lejanos venían a vernos jugar a las que aún permanecíamos en Bilbao. Entre todos ellos, empezó a destacar, por su actitud, un chico en particular. Su mirada era excesivamente absorbente; los comentarios, que compartía con sus amigos, eran obviamente sobre mí.
No podía evitarlo, era irracional pero me resultaba desagradable, repulsivo. Recuerdo con horror un sueño en el que mi madre se encontraba con su madre - que no conocía de nada - y el interfecto - que todavía conocía menos - y yo me veía obligada a soportar su presencia desagradable, para que mi madre no advirtiera mi actitud de rechazo absoluto. Despertar y ver que nada era real, fue un alivio.
Llegué a desarrollar el hábito de fruncir el ceño y asumir una mirada dura y antipática, para ver si así lo ahuyentaba definitivamente
Todo era inútil. Parecía que cuanto más antipática, desagradable, distante fuera, más empecinado estaba él en seguirme y buscarme por la ciudad. Y debía conocer bien mis recorridos, o tener alguna fuente de información y espionaje particulares, porque fuera donde fuera, siempre aparecía aquella figura en el horizontes, agriando mis mañanas y tardes.
Todo quedó olvidado cuando fui a estudiar en un internado. Una vez terminada mi estancia en el colegio, pasé una temporada en el extranjero para completar mi peculiar educación. . A la vuelta, la vida siguió su curso y me enrolé en el ritmo social de una ciudad de provincias. El tipo no se me había olvidado, pero era tan solo un incidente en mi vida cuya existencia nadie más que yo conocía.
La ciudad era ahora para mí un lugar agradable en el que vivir. Disfrutaba de mi juventud y mi estilo de vida. La gente que me rodeaba era atractiva e inteligente. Sonreía por la calle y saludaba a todo el mundo con entusiasmo y simpatía.
En una ocasión en que me dirigía al encuentro de un grupo de amigos, percibí, acercándose hacia mí a una pareja, que venía en dirección opuesta. Él agarraba posesivamente el brazo de una rubia artificial y vulgar. Susurraba algo al oído de ella mientras me miraba. Ella volvió su mirada hacia mí y sonrió entre sorprendida, burlona y divertida. Pude imaginar su diálogo: "Mira, esa era la chica de la que estaba perdidamente enamorado de crío". “¿De verás?" contestaba ella, "pues no sé lo que veías en ella, no vale mucho". Él apretó su brazo con fuerza y su diente roto volvió a aparecer en su cara aplastada e inexpresiva.
Me sentí definitivamente liberada.
Aceleré mi paso y sonreí feliz a mis amigos.
domingo, 2 de enero de 2011
CLAROSCUROS DE LA NAVIDAD
La casa era un ascua de luz. Todas las lámparas encendidas, el nacimiento iluminado por pequeñas bombillas ocultas tras los corchos. Las velas chisporroteando en la mesa. Bullicio en la conversación, sonrisas en las miradas, risas de niños y de adultos. Desbordante alegría navideña en el ambiente. Nervios incontrolados de los niños, que no paraban de levantarse de sus asientos para atender a cualquier asunto que les interesaba más que la comida, para ellos, tan larga, tan ceremoniosa.
Los mayores saboreaban placidamente los platos tradicionales de la familia, comentando los chascarrillos familiares conocidos por todos y siempre celebrados como nuevos.
Como todas las noches de Navidad, después de la cena y de pasar un rato en cálida conversación, acudirían a la Misa de Gallo, tradicional en la familia.
La ciudad estaba oscura y silenciosa; en aquellos años no había iluminaciones en las calles. Tan solo los escaparates de las tiendas y otros establecimientos, proyectaban luz sobre las aceras. Escasos coches en la calle, el tráfico era casi nulo en aquella época. Otras familias se dirigían también presurosas hacia la iglesia. Conversaciones en tono familiar, voces atenuadas, carrerillas de niños que se adelantaban a los padres, risas y empujones infantiles llenos de impaciencia y nerviosismo.
En la acera opuesta, la figura de un hombre solitario. Era una sombra obscura, con la cabeza baja, poco firme en su andar sin rumbo, las manos en los bolsillos. La chiquilla pudo oír a su madre y a su tía que comentaban: "es tremendo y triste, está continuamente borracho..... Sí, se separaron. Dan mucha pena su mujer y la pequeña".
El camino de vuelta a casa, era más bullicioso: todos se saludaban, se deseaban feliz Navidad, se despedían, con besos, abrazos, buenos deseos, felicitaciones, sonrisas, comentarios amables.
La calle ya no parecía tan oscura, estaba iluminada por las sonrisas de los transeúntes y sus voces alegres.
Inesperadamente apareció en la imaginación de la chiquilla la figura de la madre y la hija solitarias en su casa a oscuras. Se quedé ensimismada durante un momento. Su madre lo notó y se acercó suavemente para preguntarle si le gustaban los regalos. Impulsivamente se aferró a ella en un fuerte abrazo silencioso. Después corrió hacia su padre, hacía su seguridad infalible.
Los villancicos cantados en familia volvieron a calentarle el corazón.
Sin embargo el recuerdo de aquella figura tambaleante y vencida por la vida perduró en su memoria. Representaba para ella la desolación de la niñez.
viernes, 31 de diciembre de 2010
lunes, 20 de diciembre de 2010
sábado, 11 de diciembre de 2010
VARIACIONES
Antes, el día no era suficiente para todo lo que había que hacer.
Antes, todo el mundo a su alrededor clamaba por su atención: la necesitaban.
Antes, la vida no se concebía sin su presencia, sin su impulso, sin su atención
Antes, la familia no daba pie con bolo en su ausencia.
Antes, nadie acertaba a encontrar las cuentas del teléfono, ni el paraguas, ni el seguro del coche, ni el extracto del banco, ni el bolso de fin de semana.
Antes, era ella quién solucionaba los problemas, daba ideas, consejos, experiencias.
Antes, su vida social era intensa y frecuente: tenía muchos conocidos y pocos verdaderos amigos
Antes, esperaba con interés lo que la vida le iba a traer en el futuro.
Antes, se reía a carcajadas.
Antes, no tenía pasado que recordar: todo era presente.
Ahora, tiene que llamar a la familia cada día para saber algo de sus vidas.
Ahora, tiene que hacerse útil para los demás.
Ahora, se preguntar dónde ha dejado las gafas, para ver el extracto del banco, para enterarse si el seguro del coche ha sido renovado y para saber porque la cuenta del teléfono ha subido tanto.
Ahora, tiene muchas y muy buenas amigas.
Ahora, sus estancias en las ciudades por donde andan dispersos los hijos llenan muchos días de su vida.
Ahora, tiene que escuchar las opiniones ajenas y no molestarse si nadie tiene mucho interés en conocer las suyas propias: cosas de la abuela
Ahora,, tiene un rico pasado que no puede ni quiere olvidar.
Ahora sus nietos le adoran
Ahora, es feliz con la calma, el sosiego, con los recuerdos.
Ahora, sonríe con serenidad incansable.
domingo, 5 de diciembre de 2010
VARIACIONES
UNA CAÍDA CON SUERTE
Sonó el teléfono interior. Instintivamente supo que eran las primeras horas de la madrugada. "Ha entrado alguien en la casa" pensó con inesperada tranquilidad. Descolgó el auricular y la voz trémula de su nieta llegó apagada:
"Abuela, hay un hombre en la casa".
En un susurro, preguntó: "¿Te encuentras bien?"
"Baja, abuela, ¡corre!"
Se arropó con el salto de calma, salió de su habitación y bajó las escaleras hacia el primer piso del chalet, tan rápido como su artritis le permitía. Por su mente cruzó la idea de que el ladrón pudiera estar armado. Recordó que el armario de herramientas estaba en el descansillo. Cogió un martillo y siguió presurosa hacia la habitación de su nieta.
La encontró acurrucada en la esquina más alejada de la habitación.
"¿Dónde está?" preguntó decidida.
"Ha salido corriendo. Me despertó la luz de una linterna que apuntaba hacia mí; cuando pregunté si eras tú, cerro la puerta con cuidado y no sé dónde ha ido."
La abuela se volvió hacia una de las ventanas que daba al pequeño hall de la primera planta. Estaba abierta. En el suelo se veían las huellas embarradas de unas pisadas. Se asomó por la ventana y comprobó con desmayo que la escalera de mano del jardín estaba apoyada en la ventana. No había rastro del hombre al pie de la escalera. Cerró la ventana con energía.
"Se te ha olvidado cerrar esta ventana, como todas las noches. Ponte la bata y vamos a buscarlo. Coge el palo de hockey y sígueme"
Su nieta le miró asombrada. Pero no dudó en seguir a la abuela. Le daba mucha seguridad; era decida y brava.
Armadas con el martillo y el palo de hockey, recorrieron toda la casa, piso por piso, habitación por habitación, escudriñando en los rincones; detrás de todos los cortinajes, debajo de las butacas y de las camas, en los cuartos de baño, dentro de la ducha, en todos los armarios y huecos que tuvieran una puerta exterior, en la cocina, en la despensa. La nieta se sorprendió a sí misma abriendo el horno y comprobando que estaba vacío. Miró a su abuela, y con un mohín de disculpa, susurro:
"No puedo pensar en ningún otro sitio, lo hemos visto todo, vamos al jardín". La anciana fue a coger las llaves de la casa; el cajón de la mesa de entrada estaba vacío.
"Sígueme", indicó, enérgica, a su nieta.
Tiró de la puerta con fuerza y allá, frente a ellas, se encontraba el ladrón, temeroso y suplicante. Contemplaba las dos enérgicas armas de defensa con temblor incontrolado.
"Aquí, fuera, era el único sitio seguro" balbuceó, mientras les tendía las llaves.
Atónita ante la necedad del individuo, la abuela se dirigió a él con fuerte voz conminándole a entrar. Una vez en el interior de la vivienda, le guió hasta la ventana del pequeño hall:
"Vas a salir por donde has entrado, no por la puerta grande"
"Tengo vértigo" suplicó, "me es fácil subir, pero no puedo bajar".
"Es lo mismo, ¡hazlo!. Y sin gimoteos"
Cayó despatarrado en el suelo. Ambas mujeres corrieron escaleras abajo y salieron de la casa para averiguar que le pasaba. Se había roto una pierna.
"Llama al 112", indicó la anciana a su nieta.
Cuando llegó la ambulancia, comprobaron que efectivamente la pierna estaba rota por varios sitios .Le trasladaron al hospital.
A los pocos días llegó una orden del juzgado requiriendo la presencia de la anciana en comisaria. Se le acusaba de ser la culpable de provocar un accidente, por el que un hombre joven había sufrido graves roturas, heridas y contusiones. Hechos por los que se le pedía una alta indemnización.
Una vez leídos los cargos contra ella, se rió entre dientes, cruzo las piernas, entrelazó los dedos de las manos con serenidad y calma y comentó en voz alta:
"Agradecería mucho que comunicaran al ladrón de mi parte, que la próxima vez que desee visitar mi casa, lo haga por la puerta principal. También le pediría como un favor especial, me indicara con tiempo los objetos que desea llevarse para su uso personal; de esta manera puedo dejarlos debidamente preparados para que los recoja sin demora. Este sistema de transacción de bienes que sugiero me resultará más económico que el intentado por el pobre joven descoyuntado".
jueves, 25 de noviembre de 2010
PERSONAJES DE MI VIDA
Mi madre había hecho una promesa. Ir a Zaragoza para rezar delante de la Virgen del Pilar. Su promesa involucraba a toda la familia, esto es: a mi padre, Marisa y yo, porque mi hermano no había nacido todavía. Por eso puedo datar la aventura: año 1943. Plena postguerra. Nunca nos dijo la razón de su promesa. Pero lo que sí nos comunicó fue que esta implicaba otros pequeños detalles insignificantes como viajar en segunda y alojarnos en un hotel que casaba con un viaje en ese tipo de vagón.
Viajar en segunda en aquellos tiempos era trasladarse en renqueantes trenes de carbón, de asientos de tiras madera, con vagones corridos que daban a un pasillo lateral por el que circulaban o se estacionaban todos aquellos que no habían conseguido billete de asiento
Recuerdo poco del traslado a Zaragoza. Como siempre, antes de emprender un viaje muy de mañana, mi madre me había insinuado si no quería ir al baño. Los baños de los departamentos de segunda, no eran precisamente de Porcelanosa. Con firmeza había asegurado que no.
No más bien habíamos emprendido el camino a la estación, que, cogida de la mano de mi madre, susurré "quiero ir al baño" y mi madre, decidida y rotunda me espeto: "pues ahora te aguantas", como si yo fuera un grifo de agua que se cerrara a voluntad.
Pero por lo visto mi voluntad pudo sobre mis supuestas necesidades fisiológicas porque no recuerdo ninguna catástrofe definitiva.
Sí recuerdo,, sin embargo mi emoción al asomarme a la ventanilla y observar en las curvas la locomotora de carbon, hasta que un carboncillo entró en mi ojo y reculé asustada pensando que un perdigón juguetón me iba a dejar sin vista.
No retengo nada de la estancia en Zaragoza. Tan solo una nebulosa idea de haber estado en el Pilar, haber rezado con intensidad por la intención de mi madre, después de haber besado la columna de la Virgen. Hay que tener en cuenta que tenía cinco años.
Fue el viaje de retorno lo que no se me ha olvidado.
Nervios otra vez para coger el tren a tiempo. También en segunda, después de una noche pasada en un hotel de similar categoría, con sus correspondientes facilidades o incomodidades, quién sabe. Mi madre hacia las cosas con mucha coherencia.
El tren bullía con el movimiento del ir y venir de la gente. Frente a mi asiento se encontraban un sacerdote mayor- o eso parecía ante mis 5 años-. Muchas mujeres se ajetreaban entrando y saliendo en el vagón, con grandes bultos y bolsas enormes en los brazos, que sin mucho miramiento, con explicaciones ininteligibles, iban colocando debajo de los asientos del resto de los viajeros, antes de tomar asiento a su vez.
Mis cortas piernas se balanceaban alegremente por encima de los bultos. Los adultos mantenían las suyas apuntado rígidas hacia el viajero de enfrente. Yo no había prestado mucha atención a esta incomodidad porque me tenía hechizada el espectáculo que los bostezos del sacerdote que se sentaba frente a mí, me proporcionaba. En cada uno de ellos, los dientes de la mandíbula superior se deslizaban hacia abajo en busca afanosa de sus compañeros de la mandíbula inferior sobre los que se cerraban con un golpe seco, de modo que un agujero oscuro e intrigante hacia su aparición entre el labio superior y la dentadura reunida en la mandíbula inferior. Mis ojos parecían cosidos a aquel espectáculo inusitado. Lo nunca visto. Esperaba con impaciencia y absorta el siguiente bostezo para investigar con curiosidad aquel extraño fenómeno.
Mis investigaciones faciales, fueron interrumpidas repentinamente por la aparición de un inspector, que se dedicó a lanzar una reprimenda a las estraperlistas que abarrotaban el vagón. En medio de su arenga se dirigió al sacerdote para requerir de forma servil y untuosa su apoyo moral y la condena de estos hechos tan fraudulentos. Al verse requerido a dar una opinión condenatoria, el sacerdote respondió con una sonrisa(esta vez repleta de dientes) y una pregunta: "¿podría usted jurar, que en su caso, no haría usted lo mismo?". La pregunta me pareció tan interesante que me rebullí en mi asiento y por un momento interrumpí mis investigaciones faciales y trasladé mi intensa mirada interrogante a la autoridad responsable del orden público. Inexplicablemente este cerró la puerta corredera del compartimento y nunca volvió a aparecer. Me quedé perpleja. Era una pregunta sencilla pero por lo visto la contestación no lo era tanto.
No sabría explicar por qué pero por alguna razón que se me escapaba, yo estaba de parte del sacerdote
Continúe con mis investigaciones odontológicas con un nuevo interés y simpatía. Y hasta la oscura caverna inexplorada me resultó simpática.
sábado, 20 de noviembre de 2010
PERSONAJES DE MI VIDA

Durante varios años vivimos en la misma ciudad y compartíamos el mismo trabajo. Como yo, era extranjera en una nación europea. La diferencia estribaba en que para mi el país era un lugar lleno de recuerdos maravillosos y para ella era el Estado que había maltratado a su familia, aunque entonces yo lo ignoraba.
domingo, 7 de noviembre de 2010
PERSONAJES DE MI VIDA

Tengo entre manos uno de sus libros "Libertad vivida con la fuerza de la fe". Y precisamente esta mañana me he encontrado con estas palabras:
"La opción por Dios significa una opción por el hombre. Sólo si Dios existe, tiene sentido la vida humana. Sólo entonces el hombre no es un ser perdido en un cosmos insensible a sus preguntas y necesidades; y el mundo no se halla regido por leyes abstractas, ni por el ciego azar ni tampoco por un destino anónimo. La fe en Dios nos da seguridad y permite- incluso exige- que nos aceptemos incondicionalmente a nosotros mismos y a todos los hombres, porque somos aceptados también incondicionalmente. Todo lo creado está marcado por la bondad divina. Dios lo ha llamado al ser, ha querido que exista, y lo sigue queriendo para siempre". (Libertad vivida con la fuerza de la fe, pag. 42 )
No soy propensa al llanto, pero las lágrimas me han quemado los ojos cuando me he enterado. Es imposible entender a Dios; ¿ por que se lleva tan pronto a quienes pueden hacer tanto por Él y por la Iglesia?.
Quizás para que caigamos en la cuenta que quién hace las cosas es Él. Nosotros los hombres sólo tenemos que ser sus testigos fieles.
viernes, 5 de noviembre de 2010
VARIACIONES
miércoles, 20 de octubre de 2010
PERSONAJES DE MI VIDA

martes, 12 de octubre de 2010
VARIEDADES
Hay algo en la música de esta mi tierra vasca que me produce un sollozo en el alma. Siempre que la oigo me emociona. Toca mi más profunda fibra sensible. Me da un pellizco en el corazón: es el patetismo que mora allá, en el fondo de la melodía.
Me pregunto a veces: ¿descenderé de Abram de Ur, que se desplazó a la tierra prometida? Ese Ur, ¿tendrá que ver algo con mi apellido (su traducción, más o menos libre es "el que viene de lejos") y con la añoranza que impregna las canciones de mi tierra? ?.¿Será ese origen lejano e inasequible el que echamos en falta los habitantes de este rincón del mundo? Como la llamada imperativa del origen desconocido: la nostalgia por la tierra perdida, el melancólico sentimiento de algo intangible, lejano, inexplicable pero cierto.
sábado, 2 de octubre de 2010
PERSONAJES DE MI VIDA

Era maestra. Durante muchos años - ahora me parecen una eternidad - fue de casa en casa impartiendo clases a todas aquellas niñas que no acudíamos a ningún colegio. Algo que ahora resulta anacrónico y asombroso.
Pasaba tardes enteras jugando con ellas, en casa de otra amiga del alma. Horas dedicadas a trenzar historias improvisadas con los distintos personajes de papel.
En un largo pasillo de su casa, extendíamos páginas recortadas de revistas de decoración, con las que construíamos los hogares de las dos familias: la de mi amiga y el mío. Nos arrastrábamos rápidas sobre nuestras rodillas de una habitación a otra, para hacer el papel de quién fuera él o la que interviniera en película casera sin guión previo, lleno de imaginación, que cada tarde nos inventábamos. Cada uno de los personajes tenía su propia voz, con lo que acabamos creando un amplio elenco de voces distintas.
Tenía la suerte de que el jardinero y la cocinera iban siempre vestidos iguales, de lo contrario la geometría y la geografía se hubieran ido a piqué de la misma forma que se fueron la Historia y las Matemáticas.
lunes, 23 de agosto de 2010
VARIACIONES
" Te veía venir de lejos y me preguntaba ¿quién será esa señora tan elegante?. Fíjate, siempre he pensado que has sabido sacarte mucho partido"
"¡Cuánto te pareces a tu madre! Pero tu madre era guapa"
" ¿También tu hermano es inteligente?
"Tu hermano es verdaderamente encantador. Tenéis un carácter muy distinto"
" Si no fueras tan tímida, te llevarías a la gente de calle"
" Tu padre y tú os parecéis mucho pero él tiene unos ojos muy expresivos"








